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La deuda externa de Centroamérica


Enterrados los muertos diezmados por el huracán Mitch, los sobrevivientes centroamericanos de la catástrofe empiezan a vivir un drama preñado de incertidumbres y riesgos cuyo lapso de duración no es fácil predecir. La infraestructura vial -carreteras, puentes, trochas vecinales- está destruida o semidestruida. El aparato productivo está colapsado. Las exportaciones bananeras y de otros productos importantes para el ingreso de divisas, fuentes y el equilibrio de la balanza comercial prácticamente se han paralizado, especialmente en Honduras y Nicaragua. Casi sin ingresos monetarios procedentes del exterior y con una estructura productiva azotada por las inundaciones, los países centroamericanos afrontan en resumen, el peor desafío del siglo.
En estas circunstancias, los países centroamericanos no están en condiciones económicas y sociales para afrontar los compromisos de amortización de deuda externa. Si poco o nada entra, sólo poco o nada puede salir en términos de compromisos financieros externos. La realidad plantea una urgente y necesaria renegociación de la deuda externa de los países centroamericanos tanto a nivel de compromisos bilaterales de país a país como también a nivel de las instituciones financieras internacionales. En algunos países europeos y asiáticos ha empezado a hablarse de condonación de la deuda centroamericana ante la evidente incapacidad de pago, por lo menos al nivel de los pagos inmediatos a corto plazo.
Si no adquiriera consenso, la fórmula de condonación de deudas con los países más golpeados por el huracán, la otra opción a explorarse es la de pagos diferidos hasta que estos países se recuperen económicamente y empiecen a producir y exportar. En esa perspectiva, los organismos financieros internacionales, llámense FMI, Banco Mundial, BID, Club de París, etc., quizás debieran tomar la plausible iniciativa de invitar a los estadistas centroamericanos a dialogar sobre sus respectivas deudas. Bajo las actuales y deplorables circunstancias, lo realista sería programar préstamos blandos y asesoramiento y ayuda técnica consistente para que se rebaje la infraestructura que concurre a la producción.
La ayuda que reciben hoy los centroamericanos alivia los problemas coyunturales, es decir atención médica, vivienda, alimentación para los damnificados. El verdadero problema se plantea a mediano y largo plazo, vale decir cómo lograr la reconstrucción material del país para que pueda salir del atolladero y sentar las bases del futuro. Los hombres, mujeres, niños que providencialmente capearon el temporal tienen por delante un reto colosal que desborda sus posibilidades. Una ayuda financiera, debidamente coordinada y canalizada para que no la desvirtúen el burocratismo y la corrupción, se yergue en el horizonte como la esperanza más firme en el proceso de reconstrucción centroamericana.

101 años de Panamá América

 
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