La deuda pública
Usualmente los gobiernos reportan su deuda explícita; es decir, sus pasivos con inversionistas nacionales y extranjeros, así como con las instituciones financieras internacionales como el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Interamericano de Desarrollo, entre otros. Para determinar el nivel de endeudamiento, esa deuda se compara con el Producto Interno Bruto (PIB) del país (arrojando un porcentaje) o se divide por la población del país (para determinar la deuda per cápita o por cabeza). En Panamá, según fuentes oficiales, la deuda total es de US$8,660 millones, lo que representa 67.1% de nuestro PIB anual o US$2,900 por habitante de esta nación.
Las autoridades nunca, aquí o en los países emergentes o los desarrollados, incluyen en sus informes la deuda implícita, la cual es aquella deuda futura o contingente proveniente, entre otros, de las obligaciones asumidas a través de sistemas de pensiones, jubilaciones y de salud, riesgos por los cambios en el medio ambiente, riesgos de seguridad o cambios económicos externos. Aquí se menciona reiteradamente y con bastante ligereza la "deuda social" del gobierno, pero nunca se cuantifica ni se aclara si incluye algunos o todos estos rubros.
Es cierto que en Panamá y alrededor del mundo se habla mucho del déficit actuarial de los sistemas de seguridad social al estilo de Otto von Bismarck, pero es muy raro que los políticos o gobernantes incluyan ese pasivo en sus consideraciones o informes macroeconómicos, a pesar que es relativamente fácil cuantificar estos pasivos una vez se definen los supuestos. Y mucho menos incluyen los posibles daños económicos causados por el calentamiento de la Tierra, ya sea por las inundaciones producto de más intensas lluvias o por el incremento en los niveles de los mares. Por otro lado, la proliferación de armas de destrucción masiva y los actos de terrorismo (como el del 11 Septiembre) causan daños económicos ya casi periódicos a la sociedad. Amén de las guerras, también periódicas, que explotan en diferentes lugares alrededor del mundo. Es cierto que estos últimos son más difíciles de cuantificar, pero ya nadie discute que la Tierra sufrirá un calentamiento entre tres y diez grados Fahrenheit durante los próximos 100 años y que el terrorismo no desaparecerá.
En un libro reciente, Peter S. Heller, un funcionario del FMI, hace un análisis profundo de estos riesgos y sostiene que el incumplimiento en los pagos de deudas explícitas e implícitas podría ocurrir en países desarrollados, tal y como ha ocurrido en naciones emergentes como Rusia y Argentina. Por ejemplo, indica que mientras que la deuda explícita de Canadá y Estados Unidos es poco menos del 50% de su PIB, si se añade la deuda implícita esa cifra aumentaría a más de 400% y 250%, respectivamente; en Alemania y Francia, que hace poco aprobaron ajustes tímidos a sus sistemas de seguridad social, la explícita también está por debajo de 50%; pero en ambos casos al tomar en consideración la implícita la relación aumentaría a alrededor de 200% de su PIB. Advierte Heller que esos niveles de endeudamiento no son sostenibles, ni por países emergentes ni por los desarrollados. Le preocupa que los políticos, concentrados en el voto a corto plazo, están ignorando o postergando la atención de estos riesgos y se resisten a incorporar estos elementos en sus informes periódicos. Entre otros, recomienda que los gobiernos comiencen a tener una política presupuestaria más allá de tres a cinco años (téngase presente que en Panamá sigue siendo un año). Considera que políticas simples como éstas forzarían mayor conciencia y, por lo tanto, atención a estos riesgos.
Los asesores económicos de los candidatos presidenciales harían bien en tomar en cuenta los conceptos expresados por Heller.
(*Académico de Hoover Institution; su más reciente libro: "Basic Economics: A Citizen"s Guide to the Economy" (Basic Books). Este artículo fue publicado originalmente por el Wall Street Journal.
(c) www.aipenet.com)
Las autoridades nunca, aquí o en los países emergentes o los desarrollados, incluyen en sus informes la deuda implícita, la cual es aquella deuda futura o contingente proveniente, entre otros, de las obligaciones asumidas a través de sistemas de pensiones, jubilaciones y de salud, riesgos por los cambios en el medio ambiente, riesgos de seguridad o cambios económicos externos. Aquí se menciona reiteradamente y con bastante ligereza la "deuda social" del gobierno, pero nunca se cuantifica ni se aclara si incluye algunos o todos estos rubros.
Es cierto que en Panamá y alrededor del mundo se habla mucho del déficit actuarial de los sistemas de seguridad social al estilo de Otto von Bismarck, pero es muy raro que los políticos o gobernantes incluyan ese pasivo en sus consideraciones o informes macroeconómicos, a pesar que es relativamente fácil cuantificar estos pasivos una vez se definen los supuestos. Y mucho menos incluyen los posibles daños económicos causados por el calentamiento de la Tierra, ya sea por las inundaciones producto de más intensas lluvias o por el incremento en los niveles de los mares. Por otro lado, la proliferación de armas de destrucción masiva y los actos de terrorismo (como el del 11 Septiembre) causan daños económicos ya casi periódicos a la sociedad. Amén de las guerras, también periódicas, que explotan en diferentes lugares alrededor del mundo. Es cierto que estos últimos son más difíciles de cuantificar, pero ya nadie discute que la Tierra sufrirá un calentamiento entre tres y diez grados Fahrenheit durante los próximos 100 años y que el terrorismo no desaparecerá.
En un libro reciente, Peter S. Heller, un funcionario del FMI, hace un análisis profundo de estos riesgos y sostiene que el incumplimiento en los pagos de deudas explícitas e implícitas podría ocurrir en países desarrollados, tal y como ha ocurrido en naciones emergentes como Rusia y Argentina. Por ejemplo, indica que mientras que la deuda explícita de Canadá y Estados Unidos es poco menos del 50% de su PIB, si se añade la deuda implícita esa cifra aumentaría a más de 400% y 250%, respectivamente; en Alemania y Francia, que hace poco aprobaron ajustes tímidos a sus sistemas de seguridad social, la explícita también está por debajo de 50%; pero en ambos casos al tomar en consideración la implícita la relación aumentaría a alrededor de 200% de su PIB. Advierte Heller que esos niveles de endeudamiento no son sostenibles, ni por países emergentes ni por los desarrollados. Le preocupa que los políticos, concentrados en el voto a corto plazo, están ignorando o postergando la atención de estos riesgos y se resisten a incorporar estos elementos en sus informes periódicos. Entre otros, recomienda que los gobiernos comiencen a tener una política presupuestaria más allá de tres a cinco años (téngase presente que en Panamá sigue siendo un año). Considera que políticas simples como éstas forzarían mayor conciencia y, por lo tanto, atención a estos riesgos.
Los asesores económicos de los candidatos presidenciales harían bien en tomar en cuenta los conceptos expresados por Heller.
(*Académico de Hoover Institution; su más reciente libro: "Basic Economics: A Citizen"s Guide to the Economy" (Basic Books). Este artículo fue publicado originalmente por el Wall Street Journal.
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