La deuda pública con nombres y apellidos
Por la manera en que son presentadas, quienes reciben por primera vez las informaciones que circulan los medios de comunicación nacionales sobre el endeudamiento público jamás podrán crearse una imagen clara de la verdadera naturaleza del problema y mucho menos de sus antecedentes para ubicar con objetividad las responsabilidades. Lo primero que debería dejarse muy bien establecido es que el desproporcionado nivel de endeudamiento que padece nuestro país no lo creó ni lo aumentó el gobierno de la presidenta Moscoso, y tampoco el que presidió Guillermo Endara.
Si el Estado panameño está atorado hasta el cuello por el servicio de la deuda pública la responsabilidad le corresponde, exclusivamente, a los gobiernos militares y a su brazo político, el PRD. Ellos llevaron al país a esos niveles irracionales de endeudamiento. Baste sólo recordar que al final del noriegato hacía varios años que se había dejado de pagar el servicio de la deuda y que los atrasos acumulados sumaban más de 800 millones de dólares. Lo que vivimos hoy son las consecuencias de esa irresponsabilidad. ¡A las cosas hay que llamarlas por su nombre!
Sobre la deuda pública, externa e interna, tendremos que seguir hablando por mucho tiempo. Por su monto, que representa más del ochenta por ciento del producto interno bruto, y por su servicio, que se come más del cincuenta por ciento de los ingresos corrientes del Estado, no es cosa para tomarla a la ligera. El servicio de la deuda, lo que tenemos que pagar todos los años para cumplir con las obligaciones acordadas con los acreedores, significa un drenaje altísimo de recursos que podríamos dedicar a atender urgentes necesidades, especialmente de los sectores más deprimidos de nuestra población.
En publicaciones aparecidas en fechas recientes en varios medios de comunicación locales, hemos podido leer acusaciones injustas dirigidas al actual gobierno, prácticamente señalándole como responsable del aumento de la deuda pública, con cifras inexactas y desproporcionadas sobre los niveles del endeudamiento al inicio del gobierno de la señora Moscoso, en comparación con los actuales. A esas afirmaciones inexactas respondió el Ministerio de Economía y Finanzas para demostrar que era falso que se hubiera aumentado el endeudamiento en los montos que señalaban esos medios.
Después de la aclaración hecha por el MEF, era de esperar que, por lo menos, se reconociera el error y se ensayara un análisis más objetivo que superara el nivel de ligereza con que, lamentablemente con demasiada frecuencia, se alude a un tema de tanta importancia. Sin embargo, no fue así.
Tanto el gobierno de la señora Moscoso como el de Guillermo Endara han sido escrupulosamente responsables en el manejo de la deuda pública. Frente a la gravosa hipoteca impuesta al país por la irresponsabilidad financiera de los gobiernos de la dictadura, el gobierno Endara restableció el crédito de la nación y evitó aumentar la deuda pública. El gobierno de la presidenta Moscoso ha utilizado el endeudamiento como último recurso para cubrir los baches que producen los meses de bajas recaudación y para proyectos muy específicos y necesarios que no es posible financiar con los ingresos presupuestarios corrientes. Y eso lo puede comprobar cualquiera que analice con objetividad el desempeño financiero del actual gobierno. Lo demás es buscarle quintas patas al gato.
En mi opinión, sería oportuno que el Ministerio de Economía y Finanzas, para zanjar el tema de manera definitiva, publique un resumen histórico de la evolución de la deuda pública panameña, comenzando desde 1968, con todos sus pelos y señales, para que las cuentas, y también las responsabilidades, queden claras.
(anelpsi@hotmail.com)
Si el Estado panameño está atorado hasta el cuello por el servicio de la deuda pública la responsabilidad le corresponde, exclusivamente, a los gobiernos militares y a su brazo político, el PRD. Ellos llevaron al país a esos niveles irracionales de endeudamiento. Baste sólo recordar que al final del noriegato hacía varios años que se había dejado de pagar el servicio de la deuda y que los atrasos acumulados sumaban más de 800 millones de dólares. Lo que vivimos hoy son las consecuencias de esa irresponsabilidad. ¡A las cosas hay que llamarlas por su nombre!
Sobre la deuda pública, externa e interna, tendremos que seguir hablando por mucho tiempo. Por su monto, que representa más del ochenta por ciento del producto interno bruto, y por su servicio, que se come más del cincuenta por ciento de los ingresos corrientes del Estado, no es cosa para tomarla a la ligera. El servicio de la deuda, lo que tenemos que pagar todos los años para cumplir con las obligaciones acordadas con los acreedores, significa un drenaje altísimo de recursos que podríamos dedicar a atender urgentes necesidades, especialmente de los sectores más deprimidos de nuestra población.
En publicaciones aparecidas en fechas recientes en varios medios de comunicación locales, hemos podido leer acusaciones injustas dirigidas al actual gobierno, prácticamente señalándole como responsable del aumento de la deuda pública, con cifras inexactas y desproporcionadas sobre los niveles del endeudamiento al inicio del gobierno de la señora Moscoso, en comparación con los actuales. A esas afirmaciones inexactas respondió el Ministerio de Economía y Finanzas para demostrar que era falso que se hubiera aumentado el endeudamiento en los montos que señalaban esos medios.
Después de la aclaración hecha por el MEF, era de esperar que, por lo menos, se reconociera el error y se ensayara un análisis más objetivo que superara el nivel de ligereza con que, lamentablemente con demasiada frecuencia, se alude a un tema de tanta importancia. Sin embargo, no fue así.
Tanto el gobierno de la señora Moscoso como el de Guillermo Endara han sido escrupulosamente responsables en el manejo de la deuda pública. Frente a la gravosa hipoteca impuesta al país por la irresponsabilidad financiera de los gobiernos de la dictadura, el gobierno Endara restableció el crédito de la nación y evitó aumentar la deuda pública. El gobierno de la presidenta Moscoso ha utilizado el endeudamiento como último recurso para cubrir los baches que producen los meses de bajas recaudación y para proyectos muy específicos y necesarios que no es posible financiar con los ingresos presupuestarios corrientes. Y eso lo puede comprobar cualquiera que analice con objetividad el desempeño financiero del actual gobierno. Lo demás es buscarle quintas patas al gato.
En mi opinión, sería oportuno que el Ministerio de Economía y Finanzas, para zanjar el tema de manera definitiva, publique un resumen histórico de la evolución de la deuda pública panameña, comenzando desde 1968, con todos sus pelos y señales, para que las cuentas, y también las responsabilidades, queden claras.
(anelpsi@hotmail.com)