La dicha
Como humanos, somos buscadores de dicha. Todos los pasos que damos, todos, los proyectos, todas las idas y venidas, todas las intrigas y preocupaciones, hasta los sufrimientos voluntarios, todo, son pasos que consciente e inconscientemente ayudan a buscar la dicha, la felicidad, la alegría.
Lo que pasa que es que en ese camino padecemos muchos espejismos y nos lanzamos hacia lo que brilla o nos parece que brilla, olvidando que no todo lo que brilla es oro, no todo lo que reluce es plata.
Así nuestras vidas las gastamos en cosas que más que dicha dan desdicha. Nosotros un poco a ciegas seguimos un itinerario en el que vamos escalando desde lo más abyecto hasta lo más transparente en la búsqueda de la dicha, vamos escalando y nos vamos deteniendo en los diferentes estratos de dicha que vamos descubriendo. Y a veces nos detenemos tanto en algunos niveles que ni siquiera sospechamos que puedan existir dichas superiores, eso sí, más arriesgadas.
Así, entonces, nos contentamos con una alegría puramente sensual, acumuladora cuantitativa de placeres físicos. Un exponente de este tipo de dicha se expresaba diciendo "Puesto que la vida es breve y absurda, vivámosla lo máximo".
"No hay que avergonzarse de ser dichoso".
Hay otras alegrías llamadas intelectuales y elevadas. Nuestros sabios cuya fruición es el descubrimiento o el inventar otro camino a las cosas. Arquímedes al salir de su bañera, se da cuenta de que un sólido, sumergido en un líquido pierde peso igual al del líquido desalojado. De allí su "Eureka" (He hallado) La dicha intelectual remunerada.
Y la dicha de los sentimientos. El simple amor humano. De esposo y esposa.
De padres, madres hijos. De amigos. Llena a muchos de dichas desbordante.
Pero esto no impide que podamos buscar otras dichas superiores. Y la formuló Jesús en la montaña de Galilea. Cuando dijo Felices los pobres... Felices los mansos, Felices los que lloran, Y el más difícil, Felices los perseguidos.
Esas felicidades de Jesús que también conocemos como Bienaventuranzas o Macarismos suenan muy raras, suenan a las cuadratura del círculo, al mundo al revés, suenan a la lógica del absurdo.
Y sin embargo, son la quintaesencia del evangelio, son la receta auténtica de la dicha.
Ante estas dichas nos sentimos confusos, por una parte uno cree que no llegará nunca a sentirse feliz en el dolor, en la pobreza, en la persecución. Como va uno pusilánime y frágil, a alegrarse cuando lo insulten y persigan. Pero por otra parte, lanzando la mirada a la historia, se encuentra con un San Pablo que dice que "Salto de gozo en mis tribulaciones".
En el itinerario de la dicha hay muchos niveles, pero la verdadera y única dicha, la que está más encumbrada, la que vivió el mismo Cristo Jesús que es la que hay que buscar ya que El es la misma dicha.
A contrapelo de lo que nos dicen los sentidos decía San Agustín : "No hay muchas felicidades, sino una sola" A ver si la encontramos.
Lo que pasa que es que en ese camino padecemos muchos espejismos y nos lanzamos hacia lo que brilla o nos parece que brilla, olvidando que no todo lo que brilla es oro, no todo lo que reluce es plata.
Así nuestras vidas las gastamos en cosas que más que dicha dan desdicha. Nosotros un poco a ciegas seguimos un itinerario en el que vamos escalando desde lo más abyecto hasta lo más transparente en la búsqueda de la dicha, vamos escalando y nos vamos deteniendo en los diferentes estratos de dicha que vamos descubriendo. Y a veces nos detenemos tanto en algunos niveles que ni siquiera sospechamos que puedan existir dichas superiores, eso sí, más arriesgadas.
Así, entonces, nos contentamos con una alegría puramente sensual, acumuladora cuantitativa de placeres físicos. Un exponente de este tipo de dicha se expresaba diciendo "Puesto que la vida es breve y absurda, vivámosla lo máximo".
"No hay que avergonzarse de ser dichoso".
Hay otras alegrías llamadas intelectuales y elevadas. Nuestros sabios cuya fruición es el descubrimiento o el inventar otro camino a las cosas. Arquímedes al salir de su bañera, se da cuenta de que un sólido, sumergido en un líquido pierde peso igual al del líquido desalojado. De allí su "Eureka" (He hallado) La dicha intelectual remunerada.
Y la dicha de los sentimientos. El simple amor humano. De esposo y esposa.
De padres, madres hijos. De amigos. Llena a muchos de dichas desbordante.
Pero esto no impide que podamos buscar otras dichas superiores. Y la formuló Jesús en la montaña de Galilea. Cuando dijo Felices los pobres... Felices los mansos, Felices los que lloran, Y el más difícil, Felices los perseguidos.
Esas felicidades de Jesús que también conocemos como Bienaventuranzas o Macarismos suenan muy raras, suenan a las cuadratura del círculo, al mundo al revés, suenan a la lógica del absurdo.
Y sin embargo, son la quintaesencia del evangelio, son la receta auténtica de la dicha.
Ante estas dichas nos sentimos confusos, por una parte uno cree que no llegará nunca a sentirse feliz en el dolor, en la pobreza, en la persecución. Como va uno pusilánime y frágil, a alegrarse cuando lo insulten y persigan. Pero por otra parte, lanzando la mirada a la historia, se encuentra con un San Pablo que dice que "Salto de gozo en mis tribulaciones".
En el itinerario de la dicha hay muchos niveles, pero la verdadera y única dicha, la que está más encumbrada, la que vivió el mismo Cristo Jesús que es la que hay que buscar ya que El es la misma dicha.
A contrapelo de lo que nos dicen los sentidos decía San Agustín : "No hay muchas felicidades, sino una sola" A ver si la encontramos.