La dimensión ética de la democracia
La democracia como objeto de la teoría del Estado o la ciencia política, ha trasuntado hacia una dimensión ética al punto de que tanto politólogos como filósofos, al aludir a tal esencial objeto, lo refieren como uno de carácter ético-político. En efecto, la democracia tiene una connotación de tal envergadura. La democracia se vive y se cree en ella, lo que conlleva una creciente práctica democrática. Lo anterior deviene importante, en tanto ésta última desligada de una axiología que tenga o trate al pueblo y al ciudadano como un hacedor de historia, deviene en lo que en la lucha por el poder se denomina pragmatismo, cuyo valor resulta el antivalor. Esta manera de hacer y pensar la política, es lo que da cuenta del oportunismo y otras desviaciones como el "matraqueo y el compadrazgo y cúpulas".
Este enfoque de la concepción ético-democrático, es lo que nos lleva a coincidir con Jurgen Habermas, cuando sostiene, que las democracias modernas y el Estado de derecho, en última instancia, refieren a una acción comunicante de los ciudadanos, que es la que da forma y contenido al concepto de la "soberanía popular". En el fondo, esta concepción jurgeniana, contiene o da cuenta de una metodología científica para calibrar los avances y retrocesos de la ético-democracia.
Allí donde la acción comunicante de los ciudadanos, que construye y reconstruye las reglas del comportamiento en sociedad, se le limita y sustituye por una práctica decisoria de cúpulas, de nomenclatura, subalternalizándose la soberanía popular, y con ello, la democracia se ve afectada.
El anterior enfoque teórico, es el que nos permite colegir, que resulta inconveniente de cúpulas partidarias, sustituir el derecho -valor de los ciudadanos de elegir su candidato presidencial, por un manejo que nada tiene que ver con una visión ético-popular de la democracia. Esto último es paradógico, sobre todo, cuando en Latinoamérica, los pueblos luchan para abrir y consolidar espacios democráticos. En Panamá, pareciera que nadamos contra la marea, ¡Insólito!
Presta servicios generales, trabajos especiales para los murales del ministerio y hasta fotógrafo, es un hombre multifacético, sin dejar de lado que para otros que recién entran al programa es un ejemplo a seguir.
Es consciente de que no le puede pedir al país que haga algo por él, sino que por sí mismo debe hacer algo por el país, capacitándose. Es por ello que el próximo año ingresará a tercer año y seguirá tomando sus cursos de computadora, fotografía. Su deseo es superarse.
Le dejó un mensaje a todos los funcionarios: "Tenemos que velar por la seguridad de los niños". Según dijo, las exigencias de materiales y libros en los colegios donde asisten niños y jóvenes de escasos recursos los obliga a salir a la calle porque no tienen otra opción. "El dinero no les alcanza para los estudios".
En ese estado, manifestó, que los materialmente desposeídos quedan a merced de los delincuentes que los pueden inducir a hacer cualquier cosa porque no poseen una educación.
Bajo esta sencilla premisa Perett dijo que para cambiar la violencia hay que darle buena educación a los niños, pero sin exigirles algo que no está dentro de sus posibilidades económicas. Sentenció que Panamá es hermoso y con pocos habitantes, por lo que si todos trabajamos se logrará un mejor país.
A los jóvenes que piensan ingresar en pandillas delincuenciales les dijo que no lo hagan. "Las pandillas dejan destrucción, muerte y soledad. Si no tienen qué hacer o a dónde recurrir, vengan acá que nosotros veremos cómo los ayudamos", dijo, no sin antes mostrarnos las cicatrices que los orificios de bala le dejaron en su cuerpo.
Humberto Rodríguez. Es un joven de 24 años, vive en el sector ubicado entre Samaria y Mano de Piedra, en el distrito de San Miguelito. Por 14 años estuvo ligado a una pandilla e incluso fue a parar a la cárcel. Desde que tenía 13 años empezó su vida delictiva, a la que ingresó por dejarse llevar por "los amiguitos". Allí robó autos, hurtó y no sentía ningún escrúpulo en tomar un arma y arrebatarle la vida a otro ser humano.
222 "Jóvenes en búsqueda de oportunidades" ha beneficiado a más de 1,000 jóvenes, de los cuales un 70% proviene de pandillas juveniles o de los centros penitenciales y un 30% que no ha tenido problemas legales previos.
Pero hoy su vida es distinta. Hace un año asiste al programa, inicialmente como voluntario y poco a poco se le dio la oportunidad de trabajar en el Departamento de Compras del MINJUMNFA.
"Tengo un futuro por delante y quiero aprovechar la oportunidad que se me da en un 100%", sentenció, al tiempo que informó que continuará a partir del próximo año su carrera en Derecho.
Livia Agrajales de Araúz. Desperdició toda su niñez y juventud en una banda, pero hoy es una madre de familia responsable, residente en el barrio de San Joaquín. La experiencia de ella no fue sólo de pertenecer a una banda. Livia recuerda que en esos tiempos se enredó en una balacera donde su chofer perdió la vida. Y es que según nos comenta, era "una capa", vendía droga en Panamá y la llevaba a otros países.
Pero esos tiempos quedaron atrás, comprendió que tenía que salir de allí porque sabía que el final de esa vida era "la cárcel o la muerte". "Retírense a tiempo", le aconseja a los jóvenes que van por el camino de las bandas y la violencia.
Esta nueva experiencia le permitió aconsejar a su hijo adolescente, quien pertenecía a una banda y que hoy gracias a su madre también es parte del programa "Jóvenes en búsqueda de oportunidades". Livia lleva tres años fuera de las bandas y hoy es parte del equipo que lleva adelante el programa.
Este enfoque de la concepción ético-democrático, es lo que nos lleva a coincidir con Jurgen Habermas, cuando sostiene, que las democracias modernas y el Estado de derecho, en última instancia, refieren a una acción comunicante de los ciudadanos, que es la que da forma y contenido al concepto de la "soberanía popular". En el fondo, esta concepción jurgeniana, contiene o da cuenta de una metodología científica para calibrar los avances y retrocesos de la ético-democracia.
Allí donde la acción comunicante de los ciudadanos, que construye y reconstruye las reglas del comportamiento en sociedad, se le limita y sustituye por una práctica decisoria de cúpulas, de nomenclatura, subalternalizándose la soberanía popular, y con ello, la democracia se ve afectada.
El anterior enfoque teórico, es el que nos permite colegir, que resulta inconveniente de cúpulas partidarias, sustituir el derecho -valor de los ciudadanos de elegir su candidato presidencial, por un manejo que nada tiene que ver con una visión ético-popular de la democracia. Esto último es paradógico, sobre todo, cuando en Latinoamérica, los pueblos luchan para abrir y consolidar espacios democráticos. En Panamá, pareciera que nadamos contra la marea, ¡Insólito!
Presta servicios generales, trabajos especiales para los murales del ministerio y hasta fotógrafo, es un hombre multifacético, sin dejar de lado que para otros que recién entran al programa es un ejemplo a seguir.
Es consciente de que no le puede pedir al país que haga algo por él, sino que por sí mismo debe hacer algo por el país, capacitándose. Es por ello que el próximo año ingresará a tercer año y seguirá tomando sus cursos de computadora, fotografía. Su deseo es superarse.
Le dejó un mensaje a todos los funcionarios: "Tenemos que velar por la seguridad de los niños". Según dijo, las exigencias de materiales y libros en los colegios donde asisten niños y jóvenes de escasos recursos los obliga a salir a la calle porque no tienen otra opción. "El dinero no les alcanza para los estudios".
En ese estado, manifestó, que los materialmente desposeídos quedan a merced de los delincuentes que los pueden inducir a hacer cualquier cosa porque no poseen una educación.
Bajo esta sencilla premisa Perett dijo que para cambiar la violencia hay que darle buena educación a los niños, pero sin exigirles algo que no está dentro de sus posibilidades económicas. Sentenció que Panamá es hermoso y con pocos habitantes, por lo que si todos trabajamos se logrará un mejor país.
A los jóvenes que piensan ingresar en pandillas delincuenciales les dijo que no lo hagan. "Las pandillas dejan destrucción, muerte y soledad. Si no tienen qué hacer o a dónde recurrir, vengan acá que nosotros veremos cómo los ayudamos", dijo, no sin antes mostrarnos las cicatrices que los orificios de bala le dejaron en su cuerpo.
Humberto Rodríguez. Es un joven de 24 años, vive en el sector ubicado entre Samaria y Mano de Piedra, en el distrito de San Miguelito. Por 14 años estuvo ligado a una pandilla e incluso fue a parar a la cárcel. Desde que tenía 13 años empezó su vida delictiva, a la que ingresó por dejarse llevar por "los amiguitos". Allí robó autos, hurtó y no sentía ningún escrúpulo en tomar un arma y arrebatarle la vida a otro ser humano.
222 "Jóvenes en búsqueda de oportunidades" ha beneficiado a más de 1,000 jóvenes, de los cuales un 70% proviene de pandillas juveniles o de los centros penitenciales y un 30% que no ha tenido problemas legales previos.
Pero hoy su vida es distinta. Hace un año asiste al programa, inicialmente como voluntario y poco a poco se le dio la oportunidad de trabajar en el Departamento de Compras del MINJUMNFA.
"Tengo un futuro por delante y quiero aprovechar la oportunidad que se me da en un 100%", sentenció, al tiempo que informó que continuará a partir del próximo año su carrera en Derecho.
Livia Agrajales de Araúz. Desperdició toda su niñez y juventud en una banda, pero hoy es una madre de familia responsable, residente en el barrio de San Joaquín. La experiencia de ella no fue sólo de pertenecer a una banda. Livia recuerda que en esos tiempos se enredó en una balacera donde su chofer perdió la vida. Y es que según nos comenta, era "una capa", vendía droga en Panamá y la llevaba a otros países.
Pero esos tiempos quedaron atrás, comprendió que tenía que salir de allí porque sabía que el final de esa vida era "la cárcel o la muerte". "Retírense a tiempo", le aconseja a los jóvenes que van por el camino de las bandas y la violencia.
Esta nueva experiencia le permitió aconsejar a su hijo adolescente, quien pertenecía a una banda y que hoy gracias a su madre también es parte del programa "Jóvenes en búsqueda de oportunidades". Livia lleva tres años fuera de las bandas y hoy es parte del equipo que lleva adelante el programa.