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La diplomacia panameña


Históricamente en Panamá hemos preferido “un mal arreglo antes que un buen pleito”. Hemos sido una nación donde la negociación y las posibilidades de arreglo han estado por encima de las confrontaciones. Así lo demuestra nuestra independencia de España en 1821 y nuestra separación de Colombia en 1903. Durante los casi 12 años que duraron las guerras en Centroamérica, en la segunda mitad del siglo XX, también guardamos cautelosa distancia, y Panamá se convirtió en una especie de Suiza a la que acudían todas las fuerzas. En lugar de aventurar parcialidades que a la larga nos involucren en esos conflictos debemos ofrecer nuestro territorio para que los confrontados exploren posibilidades de soluciones civilizadas. Ejemplos: el famoso Grupo de Contadora y después Esquipulas uno y dos. Los subrayados vienen a tapete porque el último año ha sido evidente un incremento en las tensiones entre Colombia y Venezuela. En el caso del primer país, Panamá no se ha mezclado en un proceso que es interno, y en el caso colombo-venezolano sería saludable para Panamá ayudar a forjar arreglos y distensiones entre los dos países. Nada conveniente sería involucrarnos en confrontaciones que reclamarán salidas pacíficas. Panamá debe cuidar la posibilidad, a futuro, de ser la plaza donde se evite la guerra, o donde se ayude a forjar la paz.

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América