La disciplina administrativa
Independientemente de la importancia relativa de una operación administrativa, el comportamiento disciplinado o indisciplinado puede representar la diferencia entre el éxito o el fracaso de esa operación. En el mundo de la empresa privada puede significar la quiebra o desaparición total de una actividad económica, aún siendo necesaria y en demanda. Referida al sector público, actividades muy necesarias en la esfera económico y social, continúan en ejecución ininterrumpidas debido a la ausencia de evaluaciones puntuales para monitorear los comportamientos. Ocultadas o ignoradas las ineficiencias administrativas, se derrochan ingentes recursos monetarios y se distraen insumos de personal que pudieran ser canalizados con mayor eficiencia y productividad a otras actividades de rendimientos más provechosos para la economía nacional.
La indisciplina en la administración pública tiene terribles efectos en el cumplimiento del deber fundamental de servir a una población determinada con eficiencia, diligencia y cortesía, a costos razonables. Afecta la imagen de los gobiernos democráticos y los hace impopulares. La conducta indisciplinada puede incidir sobre la deficiente selección de personal, para la realización de tareas específicas, especialmente el de jerarquía superior, por motivos políticos, intereses de grupo o por relaciones familiares. Puede favorecer la selección de personas que no tienen capacidad o aptitud para una cosa y/o por falta de talento, y conducir a despilfarros "gastos excesivos y superfluos". Esa decisión puede ser en perjuicio de personas de méritos reconocidos -"resultado de las buenas acciones que hacen digno de aprecio a un hombre"; "hablando de cosas, lo que hace que tenga valor"; o "que esa persona sea notable y recomendable, digno, merecedor y benemérito".
En el léxico corriente, es frecuente el empleo de aquellos y otros términos, sin tener conciencia clara de su real significado, con relación al desarrollo del país. Por ejemplo, el indisciplinado "no se sujeta a la disciplina debida"; su conducta es de tolerar -"permitir lago que no se tiene por lícito, sin aprobarlo expresamente"- generar demagogia -"halago de la plebe para hacerla instrumento de la propia ambición política"; facilitar la introducción del corrupto -"Que deja o ha dejado sobornar, pervertir o vicia", dañado, perverso o torcido" ; y facilitar la corrupción- "abuso en las cosas no materiales y practicar la corrupción como costumbre".
Una organización institucional cualquiera, divisada para diseñar, administrar y ejecutar un programa determinado, por realista que fuere, si no cuenta con una estructura eregida o fundamentada en la disciplina -"doctrina, instrucción de una persona, especialmente en lo moral", o "arte, facultad o ciencia"; u "observancia de las leyes y ordenamientos de una profesión o institución"; y con personal disciplinado - "que guarda la disciplina y observancia de las leyes", podría no estar preparada para alcanzar el pleno éxito de sus ejecutorias técnico-administrativas. Pasadas experiencias, que hoy demandan costosas medidas correctivas, y la impunidad que ha estimulado y permitido el protagonismo de actores de ayer, así los confirman.
Nota: Las definiciones entre comillas de los términos subrayados son del Diccionario de la Real Academia Española.
La indisciplina en la administración pública tiene terribles efectos en el cumplimiento del deber fundamental de servir a una población determinada con eficiencia, diligencia y cortesía, a costos razonables. Afecta la imagen de los gobiernos democráticos y los hace impopulares. La conducta indisciplinada puede incidir sobre la deficiente selección de personal, para la realización de tareas específicas, especialmente el de jerarquía superior, por motivos políticos, intereses de grupo o por relaciones familiares. Puede favorecer la selección de personas que no tienen capacidad o aptitud para una cosa y/o por falta de talento, y conducir a despilfarros "gastos excesivos y superfluos". Esa decisión puede ser en perjuicio de personas de méritos reconocidos -"resultado de las buenas acciones que hacen digno de aprecio a un hombre"; "hablando de cosas, lo que hace que tenga valor"; o "que esa persona sea notable y recomendable, digno, merecedor y benemérito".
En el léxico corriente, es frecuente el empleo de aquellos y otros términos, sin tener conciencia clara de su real significado, con relación al desarrollo del país. Por ejemplo, el indisciplinado "no se sujeta a la disciplina debida"; su conducta es de tolerar -"permitir lago que no se tiene por lícito, sin aprobarlo expresamente"- generar demagogia -"halago de la plebe para hacerla instrumento de la propia ambición política"; facilitar la introducción del corrupto -"Que deja o ha dejado sobornar, pervertir o vicia", dañado, perverso o torcido" ; y facilitar la corrupción- "abuso en las cosas no materiales y practicar la corrupción como costumbre".
Una organización institucional cualquiera, divisada para diseñar, administrar y ejecutar un programa determinado, por realista que fuere, si no cuenta con una estructura eregida o fundamentada en la disciplina -"doctrina, instrucción de una persona, especialmente en lo moral", o "arte, facultad o ciencia"; u "observancia de las leyes y ordenamientos de una profesión o institución"; y con personal disciplinado - "que guarda la disciplina y observancia de las leyes", podría no estar preparada para alcanzar el pleno éxito de sus ejecutorias técnico-administrativas. Pasadas experiencias, que hoy demandan costosas medidas correctivas, y la impunidad que ha estimulado y permitido el protagonismo de actores de ayer, así los confirman.
Nota: Las definiciones entre comillas de los términos subrayados son del Diccionario de la Real Academia Española.