La discusión del salario mínimo
Luego de varios meses de conversaciones entre los empresarios y los trabajadores, no llegan a un acuerdo sobre el salario mínimo y esto es preocupante, ya que se necesita una definición para tranquilidad de las partes y del país.
Todos estamos de acuerdo en que debe subirse el salario mínimo, pero hay que trabajar con seriedad y con conciencia. En varias ocasiones le he recomendado a los sindicatos que tengan cuidado de no perder sus conquistas. Pienso que están abusando de la debilidad del gobierno y de su indecisión de poner orden. Pero, puede salirles la abuela respondona y se acaban los sindicatos por debilitamiento y por falta de comprensión.
Los empresarios están asustados por la cifra que quieren imponer los trabajadores... y tienen razón. Los que estamos fuera del juego apreciamos una intransigencia por parte de los trabajadores que dicen NO a todo lo que se intente hacer en el país, sumado al temor de los inversionistas, han estancado las conversaciones. No he visto nunca que una negociación se comienza con una exigencia de la cual no quieren apartarse los sindicatos y su objetivo no es negociable. Generalmente se ponen puntos que se negocian y luego se llega a una meta. A pesar de que la Sra. Presidenta ha declarado que no le gusta que la presionen, esta vez permite presiones impopulares y continúa sin resolver el problema.
Aparentemente, los partidos políticos no han querido inmiscuirse en el problema, ya que ninguno, grande ni chico, ha opinado sobre el particular. Los dirigentes sindicales no se dan cuenta de que caminan por la cuerda floja, porque el filo que pisan pueden tornarse estrecho y perjudicar a muchos trabajadores que están temblando de pensar que serán despedidos por las empresas.
Ambas partes tienen que transigir y el Ministerio de Trabajo servir de mediador. Lo que podría venir en Panamá de no llagar a un acuerdo, sería una reacción tardía de la violencia que ya sucedió en Centro América. No sé si los trabajadores, o mejor dicho, sus dirigentes, han pensado en las posibles consecuencias de las presiones. Los panameños no queremos violencia y, tal vez por esto, no tiene mucho apoyo el movimiento sindical.
Miremos la situación con mente amplia, con visión sindical y empresarial seria, sin politizar la confrontación y dando muestras de buenas intenciones en la solución del problema. Mientras continúen mirándose como enemigos ambas partes, se profundiza la brecha que hay entre ellos.
Por esto, los panameños conscientes llamamos a la reflexión, a la mesura, a la comprensión entre las partes; a la firmeza del gobierno para hacer comprender una realidad que todos vemos, menos los confrontados; lo importante es la voluntad que se refleje en una verdadera comunicación que ha faltada hasta ahora. Además de otros factores, este desacuerdo es perjudicial para las inversiones nacionales y extranjeras.
Ojalá no haya detrás de este problema fuerzas negativas que no les importe con el país, sino con sus propios intereses. Es perjudicial que los trabajadores digan NO a todo. Ojalá lleguen a un entendimiento sólido. Ojalá se comuniquen como gente civilizada y que los empresarios comprendan que los trabajadores son humanos y estos aflojen la presión de decir NO a todas las leyes que quieran aprobarse, porque no creo que todos sean brutos y los únicos inteligentes sean ellos. Algo debe ser beneficioso de lo que proponen los demás. ¡Ojo! Si el gobierno se endurece y decide ponerse los pantalones, los sindicatos corren riesgo de debilitarse y sería peligroso para la democracia. Piensen sus dirigentes en la ecuanimidad y actúen con sensatez y los empresarios piensen modernamente y con consideración.
Todos estamos de acuerdo en que debe subirse el salario mínimo, pero hay que trabajar con seriedad y con conciencia. En varias ocasiones le he recomendado a los sindicatos que tengan cuidado de no perder sus conquistas. Pienso que están abusando de la debilidad del gobierno y de su indecisión de poner orden. Pero, puede salirles la abuela respondona y se acaban los sindicatos por debilitamiento y por falta de comprensión.
Los empresarios están asustados por la cifra que quieren imponer los trabajadores... y tienen razón. Los que estamos fuera del juego apreciamos una intransigencia por parte de los trabajadores que dicen NO a todo lo que se intente hacer en el país, sumado al temor de los inversionistas, han estancado las conversaciones. No he visto nunca que una negociación se comienza con una exigencia de la cual no quieren apartarse los sindicatos y su objetivo no es negociable. Generalmente se ponen puntos que se negocian y luego se llega a una meta. A pesar de que la Sra. Presidenta ha declarado que no le gusta que la presionen, esta vez permite presiones impopulares y continúa sin resolver el problema.
Aparentemente, los partidos políticos no han querido inmiscuirse en el problema, ya que ninguno, grande ni chico, ha opinado sobre el particular. Los dirigentes sindicales no se dan cuenta de que caminan por la cuerda floja, porque el filo que pisan pueden tornarse estrecho y perjudicar a muchos trabajadores que están temblando de pensar que serán despedidos por las empresas.
Ambas partes tienen que transigir y el Ministerio de Trabajo servir de mediador. Lo que podría venir en Panamá de no llagar a un acuerdo, sería una reacción tardía de la violencia que ya sucedió en Centro América. No sé si los trabajadores, o mejor dicho, sus dirigentes, han pensado en las posibles consecuencias de las presiones. Los panameños no queremos violencia y, tal vez por esto, no tiene mucho apoyo el movimiento sindical.
Miremos la situación con mente amplia, con visión sindical y empresarial seria, sin politizar la confrontación y dando muestras de buenas intenciones en la solución del problema. Mientras continúen mirándose como enemigos ambas partes, se profundiza la brecha que hay entre ellos.
Por esto, los panameños conscientes llamamos a la reflexión, a la mesura, a la comprensión entre las partes; a la firmeza del gobierno para hacer comprender una realidad que todos vemos, menos los confrontados; lo importante es la voluntad que se refleje en una verdadera comunicación que ha faltada hasta ahora. Además de otros factores, este desacuerdo es perjudicial para las inversiones nacionales y extranjeras.
Ojalá no haya detrás de este problema fuerzas negativas que no les importe con el país, sino con sus propios intereses. Es perjudicial que los trabajadores digan NO a todo. Ojalá lleguen a un entendimiento sólido. Ojalá se comuniquen como gente civilizada y que los empresarios comprendan que los trabajadores son humanos y estos aflojen la presión de decir NO a todas las leyes que quieran aprobarse, porque no creo que todos sean brutos y los únicos inteligentes sean ellos. Algo debe ser beneficioso de lo que proponen los demás. ¡Ojo! Si el gobierno se endurece y decide ponerse los pantalones, los sindicatos corren riesgo de debilitarse y sería peligroso para la democracia. Piensen sus dirigentes en la ecuanimidad y actúen con sensatez y los empresarios piensen modernamente y con consideración.