La doble moral en política china
Otro de los asuntos que ha de requerir profunda consideración por parte de conocedores y especialistas del próximo gobierno que surgirá de las elecciones nacionales del 2004, será el de las relaciones con China y Taiwan. Un parlamentario de la última acaba de poner el dedo en la llaga. Panamá, en su concepto, - y tiene razón - practica desde siempre una política de doble moral. Por una parte, tiene relaciones diplomáticas con Taiwan y, por la otra, estrecha cada vez más sus vínculos comerciales con China Continental. Ahora está implorando por unas oficinas en Hong Kong.
Más específicamente, el parlamentario Parris Chang, acusa a Panamá de sacar ventaja del antagonismo de las dos chinas para pedir dinero y ayuda, ventajas a ambas, poniéndolas a competir por sus favores. Muy airado, y rayando la ofensa, nos recuerda que Taiwan no puede "seguir siendo el cajero automático" de Panamá, y que espera que aprendamos a tratarlos como socios. No queremos siquiera pensar en una antigua figura de la patología social que vive de la dispensa de sus favores personales por dinero, que pareciera sugerir Chang.
¿Hemos de molestarnos u ofendernos por eso? La verdad debe molestar, mas no ofender. Durante el gobierno de Pérez Balladares, se condujo hacia el más estrepitoso fracaso al Congreso Universal sobre el Canal porque nuestro país prefirió invitar a Taiwan, en vez de al tercer mayor usuario de la vía, China, a cambio del dinero necesario para montar el evento. Por su puesto, nadie vino.
La presente administración no ha sido distinta. Varias edificaciones públicas, incluyendo un fastuoso palacio para la niñez auspiciado por el despacho de la Primera Dama en Albrook y la remodelación del Ministerio de Relaciones Exteriores, han sido construidos con dinero de Taiwan. Según Chang, su país ha gastado más de mil millones de dólares en la financiación de los estudios para modernizar el Canal. Y con toda la razón, nuestros amigos están hartos.
Hace un par de años, se desató en el congreso norteamericano un escándalo sobre multimillonarias donaciones de China Continental en la campaña política norteamericana. De las investigaciones ulteriores, surgió que Taiwan también lo hacía, manteniendo una generosa "diplomacia de chequera", en la que se mencionó a la treintena de países que todavía reconocen a Taiwan y no a China. Aquello es una vergüenza, y nuestro país está inmerso hasta el cuello en ella.
La humanidad ha logrado las conquistas técnicas necesarias para autodestruirse. ¿Quién nos enseñará a dominar nuestro dominio?
Hay que globalizar las luchas sociales. La internacionalización de la economía podría significar una enorme ventaja para los intercambios materiales, sociales y culturales entre las personas y los pueblos. Hoy atormenta a las víctimas del desempleo, a los jóvenes que se preguntan por su porvenir, a los pueblos excluidos de la producción, a las naciones sometidas a reajustes, a la desregulación del trabajo, a la erosión de los sistemas de seguridad social y a la eliminación de las redes de protección de los más débiles. Para despertar la esperanza hay que organizar la resistencia.
Es tiempo de afirmar que hay lugar para la esperanza y que el único sentido del vivir es poder ser uno mismo queriendo lo que hacemos, único camino para poder hacer lo que queramos. Al fin y al cabo, en eso consiste la felicidad.
*Profesor de Pensamiento Político y Social (UCM).
(fajardo@ccinf.ucm.es)
Más específicamente, el parlamentario Parris Chang, acusa a Panamá de sacar ventaja del antagonismo de las dos chinas para pedir dinero y ayuda, ventajas a ambas, poniéndolas a competir por sus favores. Muy airado, y rayando la ofensa, nos recuerda que Taiwan no puede "seguir siendo el cajero automático" de Panamá, y que espera que aprendamos a tratarlos como socios. No queremos siquiera pensar en una antigua figura de la patología social que vive de la dispensa de sus favores personales por dinero, que pareciera sugerir Chang.
¿Hemos de molestarnos u ofendernos por eso? La verdad debe molestar, mas no ofender. Durante el gobierno de Pérez Balladares, se condujo hacia el más estrepitoso fracaso al Congreso Universal sobre el Canal porque nuestro país prefirió invitar a Taiwan, en vez de al tercer mayor usuario de la vía, China, a cambio del dinero necesario para montar el evento. Por su puesto, nadie vino.
La presente administración no ha sido distinta. Varias edificaciones públicas, incluyendo un fastuoso palacio para la niñez auspiciado por el despacho de la Primera Dama en Albrook y la remodelación del Ministerio de Relaciones Exteriores, han sido construidos con dinero de Taiwan. Según Chang, su país ha gastado más de mil millones de dólares en la financiación de los estudios para modernizar el Canal. Y con toda la razón, nuestros amigos están hartos.
Hace un par de años, se desató en el congreso norteamericano un escándalo sobre multimillonarias donaciones de China Continental en la campaña política norteamericana. De las investigaciones ulteriores, surgió que Taiwan también lo hacía, manteniendo una generosa "diplomacia de chequera", en la que se mencionó a la treintena de países que todavía reconocen a Taiwan y no a China. Aquello es una vergüenza, y nuestro país está inmerso hasta el cuello en ella.
La humanidad ha logrado las conquistas técnicas necesarias para autodestruirse. ¿Quién nos enseñará a dominar nuestro dominio?
Hay que globalizar las luchas sociales. La internacionalización de la economía podría significar una enorme ventaja para los intercambios materiales, sociales y culturales entre las personas y los pueblos. Hoy atormenta a las víctimas del desempleo, a los jóvenes que se preguntan por su porvenir, a los pueblos excluidos de la producción, a las naciones sometidas a reajustes, a la desregulación del trabajo, a la erosión de los sistemas de seguridad social y a la eliminación de las redes de protección de los más débiles. Para despertar la esperanza hay que organizar la resistencia.
Es tiempo de afirmar que hay lugar para la esperanza y que el único sentido del vivir es poder ser uno mismo queriendo lo que hacemos, único camino para poder hacer lo que queramos. Al fin y al cabo, en eso consiste la felicidad.
*Profesor de Pensamiento Político y Social (UCM).
(fajardo@ccinf.ucm.es)