La doctrina Bush
La actuación de la Embajadora de los Estados Unidos, Linda Watt, que tanto revuelo parece haber levantado, no tiene que sorprendernos por ser totalmente consistente con lo que se ha denominado la doctrina Bush, que se implementa a través de la política exterior de Estados Unidos, desde que George W. Bush llego al poder.
La horrorosa tragedia del 11 de septiembre de 2001 le sirvió para dar a conocer su doctrina. En esa oportunidad envió un mensaje amenazador a las naciones del mundo: “o están con los Estados Unidos o están con los terroristas; escojan, pero les advierto a los que tomen la decisión equivocada que se atengan a las consecuencias”. Esa posición le ganó un gran apoyo del pueblo norteamericano cuyos sentimientos estaban profundamente heridos.
Bush ha demostrado que no cree en la solidaridad internacional para resolver los graves problemas del mundo; no cree en el método de buscar consensos. Prueba de ello es haber tomado acciones desconociendo los mecanismos de la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Siente que no lo necesita teniendo Estados Unidos un indiscutible poderío militar y económico.
Sus asesores principales entre los que puedo mencionar a Donald Rumsfeld, Dick Cheny y, la que se dice es la persona más influyente en su gobierno, Condoleezza Rice, siguen la misma línea de proceder de acuerdo con el interés nacional, no el de la comunidad internacional que la consideran ilusoria. De manera que nada nos hace pensar que vamos a ver un cambio a corto plazo.
El tiempo de los diálogos como los establecidos por Kissinger ha desaparecido; ahora es la hora de las órdenes que vienen dictadas desde Washington. El interés nacional de Estados Unidos no se limita a los actos de terrorismo, sino a los sistemas económicos de las naciones, el sistema judicial, los sistemas políticos, razón por la que esos sistemas nos vienen dictados con sus críticas y advertencias como las que profirió la distinguida señora Embajadora de Estados Unidos en la Cámara de Comercio de Panamá.
El interés nacional de Estados Unidos no está limitado al terrorismo; tienen que dominar los mercados en el mundo; tienen que proteger los intereses de sus empresas transnacionales; tienen que seguir controlando el sistema financiero internacional; tienen que proteger sus fuentes de empleo; tienen que balancear su comercio internacional vendiendo más de lo que compran. A propósito ahora que se ha anunciado que se están preparando las bases para negociar con Estados Unidos un Tratado de Libre Comercio debemos recordarle a nuestros negociadores que no es cuestión solo de buscar inversiones de capital y de proteger a los inversionistas sino de proteger a nuestros trabajadores.
Creemos que el presidente Bush está equivocado al desestimar la necesidad del apoyo y la colaboración voluntaria de nuestros países y que pronto se dará cuenta que Estados Unidos no es tan invulnerable como piensa; que la impresión que está creando en el exterior es terriblemente dañina y que beneficia sus enemigos, pero desafortunadamente nada nos hace alentar un cambio en la política exterior en el corto ni siquiera en el mediato plazo.
Esta realidad, la cual no podemos cambiar, nos obliga a diseñar una política exterior que nos permita por lo menos preservar la dignidad nacional. Asimilemos las voces que nos llegan del Norte y hagámoslas nuestras en la medida que respondan a nuestra índole, a nuestra peculiaridad, a nuestro modo de ser. Nosotros compartimos los ideales de democracia, de respeto a los derechos humanos; estamos conquistando el más moderno acento de la tecnología y las ideas, pero queremos ser fieles a nuestra tradición fundada en la estirpe, en la legitimidad de los nuestros, en el hogar que se consumen leños nuestros, en la continuidad de nuestros muertos, de nosotros mismos y de nuestros hijos.
Tras las protestas desatadas en el país por la remoción de Juan Jované como director de la Caja de Seguro Social (CSS), muchos sectores opinaron sobre una candidatura presidencial del catedrático apoyado por fuerzas de izquierdas.
No obstante, la encuesta CID/Gallup revela que la mayoría de la población no apoyaría a Jované para una candidatura presidencial.
La encuesta destaca que la mayoría de los panameños ubica ideológicamente a Jované como de centro, un poquito menos a la derecha.
Los profesionales y seguidores del Partido Arnulfista son lo que mayormente ubican a Jované como de izquierda, según el estudio de opinión pública.
El sociólogo Leis sostiene que Jované no es un líder de la izquierda ya que las organizaciones que luchan por la idea de una CSS autónoma son de todos los sectores del país, no sólo de los grupos ligados a la izquierda.
En tanto, el dirigente comunista Sousa indica que la idea de Jované como líder de los grupos de izquierda o de otra tendencia ideológica habría que verla desde diferentes instancias.
Destaca que Jované con su lucha por un Seguro Social más justo ganó mucha confianza en diversos sectores populares del país, lo que lo convierte en viable como figura política.
Indicó que el fenómeno Jované sólo es un punto de referencia para agrupar a todas las fuerzas de izquierda y no se debe tomar como algo real.
El documento que hace la convocatoria para el nuevo partido rechaza el culto a la personalidad y los liderazgos eternos porque han sido practicas de los partidos tradicionales.
La izquierda ha estado presente en Panamá desde principios del siglo pasado como organización política.
Demetrio Augusto Porras, fue el fundador del Partido Socialista en Panamá.
Para 1930, se funda el Partido Comunista. Su primer secretario general fue Domingo Turner.
Luego de la Segunda Guerra Mundial, el partido vive una profunda división interna y se optó por una unificación con la democracia, creando un nuevo modelo . En ese período se integran con el partido del Pueblo, siendo su secretario general, Sergio Solano, explicó Rubén Sousa.
Indicó que en 1951, el PC vuelve a retomar la ideología marxista leninista y se unificaron bajo esa nueva doctrina. Son sus máximos dirigentes para esa época Hugo Víctor y Rubén Sousa.
En 1984, el PC participa en las elecciones con un candidato propio a la Presidencia de la República en la figura del extinto Dr. Carlos del Cid.
En los comicios de 1989, el PC apoya la candidatura de Carlos Duque , de la alianza COLINA.
Por apoyar en 1989 la alianza de partidos que afines con la dictadura militar, los sectores de izquierda fueron rechazados luego de la invasión norteamericana de 1989.
Sousa destaca que el propósito del partido es de luchar contra las injusticias, ganar derechos para el pueblo y completar la verdadera liberación nacional de Panamá ya que aunque el tratado Torrijos- Carter, logra algo, aún permanecen elementos de carácter colonial como lo es el tratado de neutralidad.
Manifestó que después del desplome del sistema en Europa, se derrumba el modelo económico y social, pero a juicio del dirigente quedó una cultura socialista y aún en estos países existe la posibilidad de replantear el capitalismo con un sistema más justo.
En Panamá para garantizar la continuidad del partido se creó una coordinadora con tres direcciones operativas, desapareciendo el buró, señaló Sousa.
Indicó que el PC es un partido de cuadro no de masas, pero con un objetivo claro sobre el Panamá que se quiere, con una democracia nacional, pluralista de participación equitativa, patriótica y con un compromiso social.
La horrorosa tragedia del 11 de septiembre de 2001 le sirvió para dar a conocer su doctrina. En esa oportunidad envió un mensaje amenazador a las naciones del mundo: “o están con los Estados Unidos o están con los terroristas; escojan, pero les advierto a los que tomen la decisión equivocada que se atengan a las consecuencias”. Esa posición le ganó un gran apoyo del pueblo norteamericano cuyos sentimientos estaban profundamente heridos.
Bush ha demostrado que no cree en la solidaridad internacional para resolver los graves problemas del mundo; no cree en el método de buscar consensos. Prueba de ello es haber tomado acciones desconociendo los mecanismos de la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Siente que no lo necesita teniendo Estados Unidos un indiscutible poderío militar y económico.
Sus asesores principales entre los que puedo mencionar a Donald Rumsfeld, Dick Cheny y, la que se dice es la persona más influyente en su gobierno, Condoleezza Rice, siguen la misma línea de proceder de acuerdo con el interés nacional, no el de la comunidad internacional que la consideran ilusoria. De manera que nada nos hace pensar que vamos a ver un cambio a corto plazo.
El tiempo de los diálogos como los establecidos por Kissinger ha desaparecido; ahora es la hora de las órdenes que vienen dictadas desde Washington. El interés nacional de Estados Unidos no se limita a los actos de terrorismo, sino a los sistemas económicos de las naciones, el sistema judicial, los sistemas políticos, razón por la que esos sistemas nos vienen dictados con sus críticas y advertencias como las que profirió la distinguida señora Embajadora de Estados Unidos en la Cámara de Comercio de Panamá.
El interés nacional de Estados Unidos no está limitado al terrorismo; tienen que dominar los mercados en el mundo; tienen que proteger los intereses de sus empresas transnacionales; tienen que seguir controlando el sistema financiero internacional; tienen que proteger sus fuentes de empleo; tienen que balancear su comercio internacional vendiendo más de lo que compran. A propósito ahora que se ha anunciado que se están preparando las bases para negociar con Estados Unidos un Tratado de Libre Comercio debemos recordarle a nuestros negociadores que no es cuestión solo de buscar inversiones de capital y de proteger a los inversionistas sino de proteger a nuestros trabajadores.
Creemos que el presidente Bush está equivocado al desestimar la necesidad del apoyo y la colaboración voluntaria de nuestros países y que pronto se dará cuenta que Estados Unidos no es tan invulnerable como piensa; que la impresión que está creando en el exterior es terriblemente dañina y que beneficia sus enemigos, pero desafortunadamente nada nos hace alentar un cambio en la política exterior en el corto ni siquiera en el mediato plazo.
Esta realidad, la cual no podemos cambiar, nos obliga a diseñar una política exterior que nos permita por lo menos preservar la dignidad nacional. Asimilemos las voces que nos llegan del Norte y hagámoslas nuestras en la medida que respondan a nuestra índole, a nuestra peculiaridad, a nuestro modo de ser. Nosotros compartimos los ideales de democracia, de respeto a los derechos humanos; estamos conquistando el más moderno acento de la tecnología y las ideas, pero queremos ser fieles a nuestra tradición fundada en la estirpe, en la legitimidad de los nuestros, en el hogar que se consumen leños nuestros, en la continuidad de nuestros muertos, de nosotros mismos y de nuestros hijos.
Tras las protestas desatadas en el país por la remoción de Juan Jované como director de la Caja de Seguro Social (CSS), muchos sectores opinaron sobre una candidatura presidencial del catedrático apoyado por fuerzas de izquierdas.
No obstante, la encuesta CID/Gallup revela que la mayoría de la población no apoyaría a Jované para una candidatura presidencial.
La encuesta destaca que la mayoría de los panameños ubica ideológicamente a Jované como de centro, un poquito menos a la derecha.
Los profesionales y seguidores del Partido Arnulfista son lo que mayormente ubican a Jované como de izquierda, según el estudio de opinión pública.
El sociólogo Leis sostiene que Jované no es un líder de la izquierda ya que las organizaciones que luchan por la idea de una CSS autónoma son de todos los sectores del país, no sólo de los grupos ligados a la izquierda.
En tanto, el dirigente comunista Sousa indica que la idea de Jované como líder de los grupos de izquierda o de otra tendencia ideológica habría que verla desde diferentes instancias.
Destaca que Jované con su lucha por un Seguro Social más justo ganó mucha confianza en diversos sectores populares del país, lo que lo convierte en viable como figura política.
Indicó que el fenómeno Jované sólo es un punto de referencia para agrupar a todas las fuerzas de izquierda y no se debe tomar como algo real.
El documento que hace la convocatoria para el nuevo partido rechaza el culto a la personalidad y los liderazgos eternos porque han sido practicas de los partidos tradicionales.
La izquierda ha estado presente en Panamá desde principios del siglo pasado como organización política.
Demetrio Augusto Porras, fue el fundador del Partido Socialista en Panamá.
Para 1930, se funda el Partido Comunista. Su primer secretario general fue Domingo Turner.
Luego de la Segunda Guerra Mundial, el partido vive una profunda división interna y se optó por una unificación con la democracia, creando un nuevo modelo . En ese período se integran con el partido del Pueblo, siendo su secretario general, Sergio Solano, explicó Rubén Sousa.
Indicó que en 1951, el PC vuelve a retomar la ideología marxista leninista y se unificaron bajo esa nueva doctrina. Son sus máximos dirigentes para esa época Hugo Víctor y Rubén Sousa.
En 1984, el PC participa en las elecciones con un candidato propio a la Presidencia de la República en la figura del extinto Dr. Carlos del Cid.
En los comicios de 1989, el PC apoya la candidatura de Carlos Duque , de la alianza COLINA.
Por apoyar en 1989 la alianza de partidos que afines con la dictadura militar, los sectores de izquierda fueron rechazados luego de la invasión norteamericana de 1989.
Sousa destaca que el propósito del partido es de luchar contra las injusticias, ganar derechos para el pueblo y completar la verdadera liberación nacional de Panamá ya que aunque el tratado Torrijos- Carter, logra algo, aún permanecen elementos de carácter colonial como lo es el tratado de neutralidad.
Manifestó que después del desplome del sistema en Europa, se derrumba el modelo económico y social, pero a juicio del dirigente quedó una cultura socialista y aún en estos países existe la posibilidad de replantear el capitalismo con un sistema más justo.
En Panamá para garantizar la continuidad del partido se creó una coordinadora con tres direcciones operativas, desapareciendo el buró, señaló Sousa.
Indicó que el PC es un partido de cuadro no de masas, pero con un objetivo claro sobre el Panamá que se quiere, con una democracia nacional, pluralista de participación equitativa, patriótica y con un compromiso social.