La dolarización juega su suerte en Ecuador
Agobiada por una inflación galopante que vaporizó los ahorros, paralizó la economía y dio al traste con dos gobiernos democráticamente electos, Ecuador juega en la dolarización su última carta. Un equipo de especialistas panameños, en el tema, encabezado por la economista Luisa Soto, viaja urgentemente a Quito, a reunirse con las autoridades, para colaborar en su intento por lograr un aterrizaje suave de su desesperada decisión de dolarizar por completo al país.
El drástico experimento de la pequeña nación sudamericana, ha atraído la atención de todo el continente, incluyendo a profesores de las principales universidades norteamericanas. De la experiencia recabada, bajo riesgo limitado, dada las modestas dimensiones de Ecuador, aquello semeja a las primeras pruebas atómicas en zonas deshabitadas, donde menos peligro representara.
Quien primero decidió adoptar el dólar como moneda del país, fue el presidente Yamil Mahuad, poco antes de su derrocamiento militar. Su sucesor, el profesor universitario Gustavo Novoa, vicepresidente de Mahuad, ha seguido la misma política, convencido técnicamente de las bondades de la fórmula, una especie de última oportunidad para su país.
La idea de la dolarización fue planteada originalmente el año pasado, por el entonces presidente argentino Carlos Menem, quien pasó de la teoría a los hechos, al lograr atar la moneda argentina al valor del dólar como fórmula para detener la inflación y estabilizar los precios; pero en cualquier caso, no adoptó el dólar como moneda en sustitución de la nacional, como sí lo pretende Ecuador.
Pocos años antes, Cuba había consentido la libre circulación del dólar, en cierto sector de su economía, particularmente en el turismo, así como en el resto de los escasos negocios privados del país, con ciertas limitaciones y controles. La isla tiene empero una economía socialista, centralizada.
Fue sin embargo Panamá, la que en 1904 adoptó por primera vez el dólar como moneda de uso corriente, a la par de una divisa nacional fraccionaria usada más bien en pequeñas operaciones. Como resultado, el país carece de banco central y no tiene ninguna restricción en el cambio, flujo y reflujo de dólares con el exterior, lo que permite una inflación cercana a cero.
Hay obviamente muchas luces de advertencia. Las primeras fueron encendidas por Allan Greespan, presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos, quien señaló que el organismo a su cargo estaba hecho para velar por la buena salud de la economía de su país, no por las demás, por lo que no podía responder por la suerte de las naciones que ataran su carro al dólar.
Los profesores Steve Hanke, de la Universidad John Hopkins de Baltimore, y Guillermo Calvo, de la Universidad de Maryland, temen por la posibilidad de que la decisión ecuatoriana, combinada con la devolución de depósitos en dólares a los ahorristas, genere una corrida bancaria y agrave aun más la inflación. Aun así, Hanke cree que para el 2005 la mayoría de Latinoamérica estará dolarizada. En fin, menos inflación, más fácil intercambio. La validez del concepto entero se juega hoy en Ecuador.
El drástico experimento de la pequeña nación sudamericana, ha atraído la atención de todo el continente, incluyendo a profesores de las principales universidades norteamericanas. De la experiencia recabada, bajo riesgo limitado, dada las modestas dimensiones de Ecuador, aquello semeja a las primeras pruebas atómicas en zonas deshabitadas, donde menos peligro representara.
Quien primero decidió adoptar el dólar como moneda del país, fue el presidente Yamil Mahuad, poco antes de su derrocamiento militar. Su sucesor, el profesor universitario Gustavo Novoa, vicepresidente de Mahuad, ha seguido la misma política, convencido técnicamente de las bondades de la fórmula, una especie de última oportunidad para su país.
La idea de la dolarización fue planteada originalmente el año pasado, por el entonces presidente argentino Carlos Menem, quien pasó de la teoría a los hechos, al lograr atar la moneda argentina al valor del dólar como fórmula para detener la inflación y estabilizar los precios; pero en cualquier caso, no adoptó el dólar como moneda en sustitución de la nacional, como sí lo pretende Ecuador.
Pocos años antes, Cuba había consentido la libre circulación del dólar, en cierto sector de su economía, particularmente en el turismo, así como en el resto de los escasos negocios privados del país, con ciertas limitaciones y controles. La isla tiene empero una economía socialista, centralizada.
Fue sin embargo Panamá, la que en 1904 adoptó por primera vez el dólar como moneda de uso corriente, a la par de una divisa nacional fraccionaria usada más bien en pequeñas operaciones. Como resultado, el país carece de banco central y no tiene ninguna restricción en el cambio, flujo y reflujo de dólares con el exterior, lo que permite una inflación cercana a cero.
Hay obviamente muchas luces de advertencia. Las primeras fueron encendidas por Allan Greespan, presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos, quien señaló que el organismo a su cargo estaba hecho para velar por la buena salud de la economía de su país, no por las demás, por lo que no podía responder por la suerte de las naciones que ataran su carro al dólar.
Los profesores Steve Hanke, de la Universidad John Hopkins de Baltimore, y Guillermo Calvo, de la Universidad de Maryland, temen por la posibilidad de que la decisión ecuatoriana, combinada con la devolución de depósitos en dólares a los ahorristas, genere una corrida bancaria y agrave aun más la inflación. Aun así, Hanke cree que para el 2005 la mayoría de Latinoamérica estará dolarizada. En fin, menos inflación, más fácil intercambio. La validez del concepto entero se juega hoy en Ecuador.