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La economía por arriba, los valores por abajo


Somos muchos/as los/as que, queriendo o no, hemos dado seguimiento a los acontecimientos escenificados por famosos presidentes instalados en la denominada Casa Blanca de los Estados Unidos. Hechos que se suscitan en razón de que es costumbre que los mandatarios, como se dice: "hagan lo que quieran con quien quieran, para eso son presidentes, es decir el poder les da derecho".
Tal es el caso, de la cantidad de personas, -no todas mencionadas por la prensa- en la inquieta vida del señor Presidente de los Estados Unidos; entre ellas la famosa joven Mónica, cuyo asunto, no abordaremos por su final ya conocido, por los distintos puntos de vista sobre lo sucedido con la becaria.
En el desenlace de la seudonovela aconteció lo esperado por todos/as: el señor presidente seguirá ejerciendo el poder por su gran "capacidad para dirigir la economía" del país y por trabajar incansablemente por la democracia. El será el custodio de los bienes materiales de gran parte de la población norteamericana para quien lo más importante, es proteger sobre todo sus intereses materiales. Lo demás es privado, personal; algo muy típico de una sociedad de consumo, individualista y de doble moral.
Es interesante observar cómo el juego entre los principales partidos políticos de la "famosa democracia" norteamericana se evidenció al cumplirse con el legalismo formal de un juicio donde el fondo del asunto nunca fue la conducta del Presidente sino el hecho de haber mentido ante la justicia. Es decir, si el primer magistrado no hubiere falseado ante los tribunales hubiera podido continuar guiando la economía de su país y, a la vez que utilizaba su tiempo con tantas mujeres como considerara necesario, dentro o fuera de la Casa Blanca, en horas o no de labores. Actuando con ejemplos anti éticos y lejos de la moral para las parejas, familias, la niñez y la sociedad en su conjunto, porque, en resumen, él puede seguir abusando del poder y, al final, como dicen que "todos los presidentes hacen lo mismo". ¿Cuál es el problema?
Es lastimoso que los principios, la responsabilidad social y el compromiso ético, -no sólo por ser el presidente de una nación, sino como un ser humano- no quepan en este análisis propio de las sociedades en decadencia por ausencia de actitudes y valores humanos donde priva lo ético sobre lo material. El mensaje a las nuevas generaciones es claro: los presidentes pueden hacer lo que quieran, el poder les facilita todo "la autoridad moral no es necesaria cuando se cuenta con el poder".
No quisiéramos finalizar sin mencionar otra figura importante del drama analizado: la esposa del señor Presidente de los Estados Unidos quien, a primera vista, representa el papel de una persona en extremo razonadora e interesada más por sustentar el poder que por cultivar su propia vida como ser humano. Aunque es temprano para verter conclusiones sobre su conducta, sus recientes aspiraciones para senadora apuntan a que el poder y la política, entendida desde los parámetros ya señalados, ciega los valores personales de dignidad, autorrespeto y libertad.
Algo positivo nos brinda esta experiencia vivida por tantas mujeres y hombres en nuestras sociedades. El nuevo siglo nos exige romper con los modelos de poder que, lejos de contribuir a una vida libre, esclavizan nuestra mente y nos convierten en víctimas de un dominio sin autoridad moral, que corrompe y corroe los cimientos en la vida personal, de pareja y en familia.
Las economías de los países, por supuesto son de importancia pero, en tanto no disminuyan los valores humanos. De eso nos queda mucho por aprender: "Tener pero, también ser", es lo que debemos buscar para el nuevo milenio, es decir, pueblos sustentables con economías y valores éticos integrados.

101 años de Panamá América

 
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