A la ecuatoriana
Transparencia Internacional, al calificar a Panamá entre los países más corruptos del mundo, refleja el sentir de muchos conciudadanos que están convencidos que el Gobierno Nacional no ha hecho lo suficiente para frenar actos ilícitos dentro y fuera de la administración pública.
El Ejecutivo parece haber olvidado que en democracia la corrupción gubernamental no puede quedar sin castigo. Nada más ver lo sucedido en el Ecuador, Perú, Filipinas e Indonesia para comprender que el accionar de masas sacó del poder a cuatro presidentes que prefirieron ignorar las graves acusaciones de nepotismo y corrupción que pesaban en su contra. En el Ecuador, el mandatario fue destituido sin mayores traumas, lo mismo que en Perú al salir a la luz pública un vídeo donde se sobornaba a un congresista de oposición. En Filipinas, el presidente Estrada ha sido sentado en el banquillo de los acusados al quedar vinculado a pagos ilegales por favores otorgados a los intereses del juego y los casinos. En Indonesia la satrapía del señor Suharto, con su secuela de parientes y amigos pegados a la teta estatal forzó su salida cuando la gente se volcó a las calles.
En Panamá, si el Ejecutivo no cambia el curso, separando a los funcionarios corruptos, eliminando el tráfico de influencias y limitando el nepotismo, podemos esperar una solución a la ecuatoriana. Nadie quiere atentar contra el proceso democrático, pero hay que entender que la democracia exige transparencia y seriedad en el manejo de la cosa pública.
La salida del asesor Eisennman, por aquello de la corrupción, debe servir de campanazo para advertir a nuestros gobernantes que la paciencia del pueblo tiene sus límites. Recordemos lo sucedido durante las protestas generadas por el alza del pasaje. La violencia y los saqueos son el preludio de lo que puede acontecer si el pueblo pierde la fe en sus gobernantes. La señora mandataria tiene que alejar a quienes Eisennman y otros han calificado como un "grupo de maleantes" que hacen negocios en todos los gobiernos. Estos individuos se han repartido muchos puestos en el gobierno, lo que simplifica el influenciar contratos y licitaciones. El control de bancos estatales y de sectores claves en la economía, como lo es el sector marítimo facilita los negociados y los grandes negocios personas que sólo les interesa resolver su situación y la de parientes y allegados.
Mano firme señora Moscoso, evitemos una solución a la ecuatoriana. El pueblo panameño la eligió para resolver los problemas de los pobres y de los más humildes. Aleje de su entorno a quienes le hacen daño y quienes sólo les preocupa el poder y las prebendas. Hágalo antes de que estalle la ira popular y antes de que el pueblo se pronuncie en las calles exigiendo justicia y libertad.
El Ejecutivo parece haber olvidado que en democracia la corrupción gubernamental no puede quedar sin castigo. Nada más ver lo sucedido en el Ecuador, Perú, Filipinas e Indonesia para comprender que el accionar de masas sacó del poder a cuatro presidentes que prefirieron ignorar las graves acusaciones de nepotismo y corrupción que pesaban en su contra. En el Ecuador, el mandatario fue destituido sin mayores traumas, lo mismo que en Perú al salir a la luz pública un vídeo donde se sobornaba a un congresista de oposición. En Filipinas, el presidente Estrada ha sido sentado en el banquillo de los acusados al quedar vinculado a pagos ilegales por favores otorgados a los intereses del juego y los casinos. En Indonesia la satrapía del señor Suharto, con su secuela de parientes y amigos pegados a la teta estatal forzó su salida cuando la gente se volcó a las calles.
En Panamá, si el Ejecutivo no cambia el curso, separando a los funcionarios corruptos, eliminando el tráfico de influencias y limitando el nepotismo, podemos esperar una solución a la ecuatoriana. Nadie quiere atentar contra el proceso democrático, pero hay que entender que la democracia exige transparencia y seriedad en el manejo de la cosa pública.
La salida del asesor Eisennman, por aquello de la corrupción, debe servir de campanazo para advertir a nuestros gobernantes que la paciencia del pueblo tiene sus límites. Recordemos lo sucedido durante las protestas generadas por el alza del pasaje. La violencia y los saqueos son el preludio de lo que puede acontecer si el pueblo pierde la fe en sus gobernantes. La señora mandataria tiene que alejar a quienes Eisennman y otros han calificado como un "grupo de maleantes" que hacen negocios en todos los gobiernos. Estos individuos se han repartido muchos puestos en el gobierno, lo que simplifica el influenciar contratos y licitaciones. El control de bancos estatales y de sectores claves en la economía, como lo es el sector marítimo facilita los negociados y los grandes negocios personas que sólo les interesa resolver su situación y la de parientes y allegados.
Mano firme señora Moscoso, evitemos una solución a la ecuatoriana. El pueblo panameño la eligió para resolver los problemas de los pobres y de los más humildes. Aleje de su entorno a quienes le hacen daño y quienes sólo les preocupa el poder y las prebendas. Hágalo antes de que estalle la ira popular y antes de que el pueblo se pronuncie en las calles exigiendo justicia y libertad.