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La edad de Pereira


Una vez más, en Panamá, la ficción desborda la realidad. En esta ocasión, la edad del Magistrado César Pereira Burgos, así lo evidencia. Por un lado, continúa la campaña sistemática -iniciada por algunos- desde y con la ayuda de algunos directivos o dueños de medios de comunicación, a la cual se suman también algunos "interesados", para engañar a quienes no conocen el verdadero trasfondo de los intereses en juego y, también, a quienes se dejan engañar porque les conviene o les agrada ser engañados.
Lo que sorprende no es tanto la utilización de los medios para el fin que persiguen en el caso concreto de la edad de Pereira. Lo es el hecho que profesionales y conocedores del Derecho, cedan a la tentación y se presten para desviar la atención con un asunto de carácter secundario, como lo es la edad de Pereira, con el único propósito de demeritar el verdadero significado y alcance de los 75 años de la persona objeto de sus diatribas y de comunicados segregacionistas.
Me he preguntado estos últimos meses y en más de una ocasión, ¿acaso no sabían, quienes lo postularon y aprobaron para el cargo de Magistrado, la edad de Pereira? ¿Por qué sólo se percatan cinco años después? ¿Desconocían los difamadores con lo de la edad de Pereira lo que señala claramente la Constitución en sus artículos 200 y 208? ¿No se conocía, cuando se le aprobó como Magistrado de la Corte Suprema de Justicia por la Asamblea Legislativa, la Ley Nº 61 de 20 de agosto de 1998, más conocida como Ley Faúndes? ¿Cuál es el hilo de Ariadna en este laberinto que se afanan en construir algunos encumbrados personeros del Estado? ¿No será que hay aquellos a quienes la edad de Pereira -o Pereira, el de la edad- les estorba para manipular -como ha sido su hábito- a manos llenas el Organo Judicial en beneficio de sus intereses económicos personales y de sus poderes políticos monopólicos?
Es curioso que esas y otras voces que se dicen ahora preocupadas por la edad de Pereira, no hayan demostrado antes el menor interés en buscarle solución a los graves problemas que aquejan desde hace lustros a la denominada administración de justicia en el país. Por qué no nos ayudan a que los panameños aprendamos que "del manejo de la educación y la comunicación deriva un modelo cultural con medidas que deciden el valor del trabajo frente a la riqueza; esos valores también determinan si es más importante la libertad que el dinero, si la democracia es más importante que un automóvil y constituyen el modelo cultural construido con la educación, la comunicación y el ejercicio de los derechos ciudadanos". ¿Qué clase de comportamiento social se le quiere inculcar a nuestra población con este nuevo tipo de apartheid hacia las personas adultas mayores?
Una vez más es obligatorio destacar cuán exiliado se encuentra aún el constitucionalismo en nuestro medio. No nos llamemos a engaño: no les interesa, a los que se dicen preocupados por la edad de Pereira, la Constitución o la Ley; como tampoco el valorar el contenido y el alcance del propio concepto de Constitución y de constitucionalismo. Mucho menos les preocupa la necesaria transformación constitucional que, en todo sentido, requiere el Estado panameño. Algo de lo que les interesa es que no aprendamos que así como la experiencia y el conocimiento son instrumentos para la comprensión de nuestro entorno, la independencia de criterio y una visión de la sociedad basada en una apropiada cultura general es condición básica de la humanidad más que la edad.
Hoy por hoy, el problema no es la edad de Pereira. El problema es de quienes so pretexto de la edad de Pereira buscan mecanismos para socavar la libertad, para imponer su seguridad en negación misma de la libertad y de la seguridad ciudadana.

101 años de Panamá América

 
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