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La educación


No existe gobernante responsable en el mundo que en este momento no considere la educación como el eje alrededor del cual debe articularse toda la política de desarrollo. El conocimiento, más que la riqueza, se ha convertido en la pieza clave que permite encontrar respuestas vinculadas al bienestar de la población tanto en empleo como en nutrición, salud, vivienda, y cualquier otra necesidad básica. Hoy se entiende que de nada le vale al campesino tener tierras si no sabe cómo utilizarlas, o a las naciones contar con riqueza natural si no saben cómo aprovecharla.
Por esta razón, la sociedad de nuestros países exige de sus gobiernos más esfuerzo dedicado a la educación y a su modernización como vía para lograr un desarrollo integral. Son innumerables los foros internacionales que plantean este tema y que reúnen a los sectores más representativos de la comunidad con objeto de elaborar diagnósticos sobre el problema educativo y proponer alternativas de solución.
En este camino las coincidencias son asombrosas. En todos nuestros países se denuncia la centralización administrativa que ahoga la iniciativa local, el exceso de asignaturas que diluyen el conocimiento, la falta de una infraestructura adecuada para llevar adelante el proceso enseñanza-aprendizaje, las deficiencias en la capacitación de los docentes, la ausencia de un sistema de incentivos a los educadores fundamentado en méritos, las ineficiencias del sistema, y muchos otros obstáculos para avanzar en el largo y complicado camino del mejoramiento de la educación.
En el ámbito de las propuestas también coinciden los conocedores de la materia al nivel internacional. Basta escuchar las conclusiones de toda reunión seria sobre el tema para entender que hay que descentralizar la administración, integrar el conocimiento, mejorar las facilidades, insistir en la formación del docente, vincular sus ingresos al valor de sus aportes y aumentar los recursos dedicados a la educación, combinado a un uso más racional de los mismos.
En Panamá también hemos avanzado durante los últimos años tanto en los diagnósticos como en las propuestas, y hemos coincidido en esto con nuestros hermanos del resto de la región. Se han cometido errores que deben corregirse, pero sin detener el proceso de avance que nos trae esperanzas de cara al futuro. La educación es muy importante para que nos dediquemos a dar vueltas en círculo; y el nuevo gobierno debe tener muy en cuenta que desmantelar lo positivo que se ha construido con dedicación y sabiduría sería un suicidio nacional de graves consecuencias.


101 años de Panamá América

 
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