La educación en Chile
Santiago de Chile (AIPE)-Los chilenos dormíamos muy bien porque las autoridades nos aseguraban que la calidad de la educación mejoraba con vigor. Primero, la Concertación gobernante dijo que había resuelto el problema en el nivel básico y, luego, en el secundario. Todo esto se logró en programas con el Banco Mundial y ejércitos de burócratas de la educación, numerosas comisiones y una duplicación del gasto fiscal en 10 años, recursos sacados por la fuerza a los contribuyentes, incluidos los pobres. Superados estos problemas, se anunció que se mejoraría la calidad de la educación superior. Esta ha progresado como nunca antes, desde la reforma de 1980, que regionalizó las universidades estatales y permitió las privadas.
De súbito, el sueño plácido es interrumpido por la pesadilla de estudios y pruebas que indican que los chilenos casi no saben leer y que les cuesta sumar dos más dos. No era cierto que había mejorado la calidad de la educación básica y media, y ahora, al intento de meterse con la de nivel superior, se agregan nuevas revisiones y regulaciones y, seguramente, más gasto inútil en conseguir un imposible, como es hacer funcionar bien a los establecimientos estatales, donde a los que no trabajan no se les puede castigar y a los buenos docentes no se les puede premiar.
La gestión estatal y la regulación, que llega hasta los programas y textos oficiales, explican la baja calidad. Los jóvenes saben ahora más de sexo y de mentiras ambientales y menos de matemáticas y castellano, como se decía antes.
Hemos perdido tiempo y plata, y los pobres tendrán que seguir esperando, sólo por el dogmatismo estatista que impide contar con unidades de educación autónomas en su gestión, que compitan ofreciendo libremente los productos o servicios que estimen convenientes. La fatal arrogancia totalitaria y la pretensión intelectual de dirigir el conocimiento debe concluir, y si bien lo óptimo sería cerrar el Ministerio de Educación y otras instancias dictatoriales de la llamada cultura, por lo menos podría avanzarse hacia un sistema más privado, descentralizado y de mercado competitivo, única garantía de una mejoría en la calidad. No más robos a la gente que tiene que trabajar, y usemos los recursos en alguna forma de subsidio a la demanda que cree un mercado competitivo. Pero sólo apoyo a los más pobres y no a los frescos que quieren ser ingenieros o médicos con el dinero de los demás. Y, por favor, no sigan mejorando la calidad. Dejen que las personas libres lo hagan en el mercado. (c) www.aipenet.com
Decano de economía de la Universidad Finis Terrae, fue presidente del Banco Central.
De súbito, el sueño plácido es interrumpido por la pesadilla de estudios y pruebas que indican que los chilenos casi no saben leer y que les cuesta sumar dos más dos. No era cierto que había mejorado la calidad de la educación básica y media, y ahora, al intento de meterse con la de nivel superior, se agregan nuevas revisiones y regulaciones y, seguramente, más gasto inútil en conseguir un imposible, como es hacer funcionar bien a los establecimientos estatales, donde a los que no trabajan no se les puede castigar y a los buenos docentes no se les puede premiar.
La gestión estatal y la regulación, que llega hasta los programas y textos oficiales, explican la baja calidad. Los jóvenes saben ahora más de sexo y de mentiras ambientales y menos de matemáticas y castellano, como se decía antes.
Hemos perdido tiempo y plata, y los pobres tendrán que seguir esperando, sólo por el dogmatismo estatista que impide contar con unidades de educación autónomas en su gestión, que compitan ofreciendo libremente los productos o servicios que estimen convenientes. La fatal arrogancia totalitaria y la pretensión intelectual de dirigir el conocimiento debe concluir, y si bien lo óptimo sería cerrar el Ministerio de Educación y otras instancias dictatoriales de la llamada cultura, por lo menos podría avanzarse hacia un sistema más privado, descentralizado y de mercado competitivo, única garantía de una mejoría en la calidad. No más robos a la gente que tiene que trabajar, y usemos los recursos en alguna forma de subsidio a la demanda que cree un mercado competitivo. Pero sólo apoyo a los más pobres y no a los frescos que quieren ser ingenieros o médicos con el dinero de los demás. Y, por favor, no sigan mejorando la calidad. Dejen que las personas libres lo hagan en el mercado. (c) www.aipenet.com
Decano de economía de la Universidad Finis Terrae, fue presidente del Banco Central.