La Educación en la democracia
EN LA EDUCACIÓN hay leyes tan rigurosas, como en la física. Hoy esto cobra más vigencia, porque la educación universitaria implica una promesa de eficacia y de ética profesional hacia la sociedad. Ya lo expresaba con visión, Octavio Méndez Pereira, primer Rector de la Universidad de Panamá, cuando enunciaba -en el discurso inaugural: "Lo he creído siempre con fe inquebrantable, en las naciones débiles y pequeñas como la nuestra, sobre las cuales se ciernen los nubarrones del imperialismo; cultura general, ciencia e investigación significan, más que en ninguna otra, autonomía, personalidad y libertad efectiva".
La sociedad tiene puestos los ojos en nuestros futuros profesionales, y lo primero que le pide es cohesión y ejemplos de valores cívicos, para que sirvan de guías y de salvaguardia para la justa aplicación del Derecho, la garantía del buen gobierno, la organización del Estado sobre bases de libertad y de respeto a los derechos de la ciudadanía; en suma, la restauración de un Panamá que, a fuerza de hacer justicia, y de hacerla por y con los medios democráticos siempre, se libre del magma de sociedad en que nos encontramos, luego de varios años de constante degradación social.
Algunos han querido dar en nuestro país la impresión falaz, de que esa restauración del Estado de Derecho en democracia se logró con solo caer la dictadura norieguista. Eso es querer hacernos perder de vista que la democracia es un proceso, no un acto aislado. Pues, se ha producido un hecho irrefutable: la confesión forzosa del atasco de la democracia en nuestro país; porque la democracia va más allá de elegir cada cierto tiempo a los dirigentes. Tenemos que dejar atrás la democracia de electores y alcanzar la democracia de ciudadano para resolver diversos problemas que aún siguen en pie, verbigracia, la justicia está más ausente de lo permitido. Otros, han querido hacer creer que la dictadura es la responsable de la descomposición de nuestra sociedad, porque entre otras, dejó a la hacienda pública entrampada y endeudada. Sin embargo, si en el caso que hubiere dejado las arcas públicas rebosantes, ¿el problema no sería el mismo? Sectores de la sociedad, rechazan tener que ver en democracia, a ciudadanos que ostentan el fruto de sus concusiones con el insolente impudor de los advenedizos. Además, es justo decir, porque la verdad debe decirse siempre, caiga el que caiga, que algunas personas, muy señaladas en los últimos tiempos por su oposición a la corrupción, también hicieron cuanto estaba de su parte por estorbar el paso a la justicia.
Franklin Delano Roosevelt, en 1941 afirmó: "No hay nada misterioso respecto de los cimientos de una democracia saludable y fuerte. Las cosas básicas esperadas por nuestro pueblo de sus sistemas político y económico son simples; Ellas son: La igualdad, el empleo, la educación, la seguridad social, el fin de los privilegios, la libertad, y la participación en la riqueza de la sociedad. Estas son las cosas sencillas y básicas que nunca deberían perderse de vista en el tumulto y complejidad increíble de nuestro mundo moderno. La fuerza interior y duradera de nuestros sistemas económico y político depende del grado con que cumplen con estas expectativas".
A los universitarios rebeldes de ideas, la Patria les requerirá más de lo que pueden imaginar. Es necesario, para la concordia en el espíritu nacional y el desarrollo humano, que nos agitemos y conturbemos con el ansia de la justicia. El compromiso, axiomáticamente, es de orden moral, de derecho natural, afectando su íntimo ser y actuar de ciudadanos.
La educación al servicio de la ética, de la moral, del civismo, y del patriotismo es la levadura que debe primar para enterrar toda la masa de errores, de injusticia y de delitos. Efectivamente, el deber de los universitarios y de todos los profesionales, consiste en combatir las raíces y consecuencias irremisibles de esta situación. Así, debemos contar con esa mayoría progresista y ética, sin ambages, remilgos, ni distingos que exigen que la verdadera democracia esté siempre y ante todo, al servicio del ciudadano.
La educación universitaria, es más que un diploma, consiste en actuar, en realizar, en ser cada día más ciudadanos. Ella se parece al arte en ser creación plasmada en formas sacadas de la inspiración, de la sensibilidad; y lograda por la energía. La educación es, pues, confianza en el esfuerzo y optimismo. No hay educación en estudiantes desengañados, que no quieren arriesgarse a fracasar; no hay educación de ciudadanos fútiles. Los universitarios están destinados, o si quieren, condenados, a rebasar aquella etapa decadente del espíritu nacional. De frente la realidad, por adversa que parezca, deben modelarla con vuestra educación.
Todo esto para los universitarios es obligación. Y les aseguro, que todos los panameños de bien, que somos la mayoría pero ninguno más, estaremos con ustedes. Sus iniciativas harán que los espectadores benévolos se unan a este esfuerzo. Y si se les acusa de sectarismo, les digo que yo tengo la insolencia de ser ardientemente sectario, y en un país como este, enseñado a huir de la verdad, a transigir con la injusticia, a refrenar el libre examen, y a soportar la miseria, ¡Qué mejor sectarismo que el de seguir la secta de la verdad, de la justicia, y del progreso social¡
El porvenir de Panamá -en gran medida- está echado sobre la aplicación de la educación universitaria al servicio de la moral, civismo, y honestidad. Así, cada universitario siempre pondrá atención a educarse a sí mismo, porque el verdadero objetivo de la educación, como el de cualquier otra disciplina moral, es engendrar y alcanzar la felicidad. Además, el ser humano comienza, en realidad, a envejecer cuando cesa de ser educable. La educación permanente es el pan del alma. Asimismo, la vida intelectual y moral, para ampliarse y manifestarse, necesita ciertas influencias externas; y asimilarse por lo menos una parte de las ideas, afectos, y tendencias ajenas.
Profesionalmente, no hay que trabajar exclusivamente por una paga, si no también para aplicar su inteligencia y conciencia al progreso social del país. En el cumplimiento de ese deber, es soberanamente justo, que todos estemos a la altura de esta gran misión histórica. Que ese diploma, no sea solo un pedazo de papel. Estamos seguros, universitarios, que se han dado cuenta, en sus conciencias y corazones, de la enorme importancia del camino que recorrerán, que vendrán días de pruebas, porque la educación lleva consigo, en primer término la responsabilidad de la toma de decisiones. El acierto o el fracaso es secundario, a la convicción moral en la toma de la misma. Estoy convencido que atinarán, para honra de ustedes, orgullo de sus familiares, y provecho común de nuestro querido Panamá.
(jacha@sinfo.net)
La sociedad tiene puestos los ojos en nuestros futuros profesionales, y lo primero que le pide es cohesión y ejemplos de valores cívicos, para que sirvan de guías y de salvaguardia para la justa aplicación del Derecho, la garantía del buen gobierno, la organización del Estado sobre bases de libertad y de respeto a los derechos de la ciudadanía; en suma, la restauración de un Panamá que, a fuerza de hacer justicia, y de hacerla por y con los medios democráticos siempre, se libre del magma de sociedad en que nos encontramos, luego de varios años de constante degradación social.
Algunos han querido dar en nuestro país la impresión falaz, de que esa restauración del Estado de Derecho en democracia se logró con solo caer la dictadura norieguista. Eso es querer hacernos perder de vista que la democracia es un proceso, no un acto aislado. Pues, se ha producido un hecho irrefutable: la confesión forzosa del atasco de la democracia en nuestro país; porque la democracia va más allá de elegir cada cierto tiempo a los dirigentes. Tenemos que dejar atrás la democracia de electores y alcanzar la democracia de ciudadano para resolver diversos problemas que aún siguen en pie, verbigracia, la justicia está más ausente de lo permitido. Otros, han querido hacer creer que la dictadura es la responsable de la descomposición de nuestra sociedad, porque entre otras, dejó a la hacienda pública entrampada y endeudada. Sin embargo, si en el caso que hubiere dejado las arcas públicas rebosantes, ¿el problema no sería el mismo? Sectores de la sociedad, rechazan tener que ver en democracia, a ciudadanos que ostentan el fruto de sus concusiones con el insolente impudor de los advenedizos. Además, es justo decir, porque la verdad debe decirse siempre, caiga el que caiga, que algunas personas, muy señaladas en los últimos tiempos por su oposición a la corrupción, también hicieron cuanto estaba de su parte por estorbar el paso a la justicia.
Franklin Delano Roosevelt, en 1941 afirmó: "No hay nada misterioso respecto de los cimientos de una democracia saludable y fuerte. Las cosas básicas esperadas por nuestro pueblo de sus sistemas político y económico son simples; Ellas son: La igualdad, el empleo, la educación, la seguridad social, el fin de los privilegios, la libertad, y la participación en la riqueza de la sociedad. Estas son las cosas sencillas y básicas que nunca deberían perderse de vista en el tumulto y complejidad increíble de nuestro mundo moderno. La fuerza interior y duradera de nuestros sistemas económico y político depende del grado con que cumplen con estas expectativas".
A los universitarios rebeldes de ideas, la Patria les requerirá más de lo que pueden imaginar. Es necesario, para la concordia en el espíritu nacional y el desarrollo humano, que nos agitemos y conturbemos con el ansia de la justicia. El compromiso, axiomáticamente, es de orden moral, de derecho natural, afectando su íntimo ser y actuar de ciudadanos.
La educación al servicio de la ética, de la moral, del civismo, y del patriotismo es la levadura que debe primar para enterrar toda la masa de errores, de injusticia y de delitos. Efectivamente, el deber de los universitarios y de todos los profesionales, consiste en combatir las raíces y consecuencias irremisibles de esta situación. Así, debemos contar con esa mayoría progresista y ética, sin ambages, remilgos, ni distingos que exigen que la verdadera democracia esté siempre y ante todo, al servicio del ciudadano.
La educación universitaria, es más que un diploma, consiste en actuar, en realizar, en ser cada día más ciudadanos. Ella se parece al arte en ser creación plasmada en formas sacadas de la inspiración, de la sensibilidad; y lograda por la energía. La educación es, pues, confianza en el esfuerzo y optimismo. No hay educación en estudiantes desengañados, que no quieren arriesgarse a fracasar; no hay educación de ciudadanos fútiles. Los universitarios están destinados, o si quieren, condenados, a rebasar aquella etapa decadente del espíritu nacional. De frente la realidad, por adversa que parezca, deben modelarla con vuestra educación.
Todo esto para los universitarios es obligación. Y les aseguro, que todos los panameños de bien, que somos la mayoría pero ninguno más, estaremos con ustedes. Sus iniciativas harán que los espectadores benévolos se unan a este esfuerzo. Y si se les acusa de sectarismo, les digo que yo tengo la insolencia de ser ardientemente sectario, y en un país como este, enseñado a huir de la verdad, a transigir con la injusticia, a refrenar el libre examen, y a soportar la miseria, ¡Qué mejor sectarismo que el de seguir la secta de la verdad, de la justicia, y del progreso social¡
El porvenir de Panamá -en gran medida- está echado sobre la aplicación de la educación universitaria al servicio de la moral, civismo, y honestidad. Así, cada universitario siempre pondrá atención a educarse a sí mismo, porque el verdadero objetivo de la educación, como el de cualquier otra disciplina moral, es engendrar y alcanzar la felicidad. Además, el ser humano comienza, en realidad, a envejecer cuando cesa de ser educable. La educación permanente es el pan del alma. Asimismo, la vida intelectual y moral, para ampliarse y manifestarse, necesita ciertas influencias externas; y asimilarse por lo menos una parte de las ideas, afectos, y tendencias ajenas.
Profesionalmente, no hay que trabajar exclusivamente por una paga, si no también para aplicar su inteligencia y conciencia al progreso social del país. En el cumplimiento de ese deber, es soberanamente justo, que todos estemos a la altura de esta gran misión histórica. Que ese diploma, no sea solo un pedazo de papel. Estamos seguros, universitarios, que se han dado cuenta, en sus conciencias y corazones, de la enorme importancia del camino que recorrerán, que vendrán días de pruebas, porque la educación lleva consigo, en primer término la responsabilidad de la toma de decisiones. El acierto o el fracaso es secundario, a la convicción moral en la toma de la misma. Estoy convencido que atinarán, para honra de ustedes, orgullo de sus familiares, y provecho común de nuestro querido Panamá.
(jacha@sinfo.net)