La educación, la UNESCO y la paz
En momentos en que la convivencia pacífica entre las naciones del mundo, pasa por un momento crítico, y que los actos de violencia y el terrorismo cobran vidas inocentes y ponen en vilo a una parte significativa de la humanidad, la educación e instituciones como la UNESCO, adquieren un valor renovado.
La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura mantiene vigente los principios que le dieron vida hace 55 años, en circunstancias en que el mundo encontraba un momento de sosiego después de la segunda guerra mundial. Hoy cuando la intolerancia religiosa y política, la exclusión, el hambre y la pobreza, amenazan la estabilidad y la seguridad interna y global de los países, la educación se erige como uno de los principales medios, sino el más importante, para construir en la mente de todas las personas los baluartes de la paz, la solidaridad, la cooperación y la justicia.
Se vive una etapa de la historia marcada por prodigiosos cambios en el conocimiento y las tecnologías, las comunicaciones y la geopolítica, pero también de visibles e inaceptables asimetrías sociales, que atentan contra la esencia misma del ser humano y sus más elementales derechos. En este contexto, la educación vuelve a tener un espacio en el centro de las preocupaciones de las naciones que buscan el progreso de sus economías, pero también el bienestar colectivo de su población; el aumento de la productividad y la competitividad, así como la formación de valores en ciudadanos y ciudadanas respetuosos de sus semejantes, comprometidos con un estilo de vida democrático y solidarios con los más vulnerables. Una educación que ponga a la persona como el centro del desarrollo, y no tanto al capital financiero; que potencie sus capacidades para trabajar, convivir con los demás, aprender continuamente, participar en las decisiones sobre asuntos que le conciernen, y concebir e impulsar su proyecto de vida.
El desarrollo humano como un proceso de ampliación de las libertades, opciones y posibilidades de las personas, depende en gran medida de las oportunidades que éstas han tenido de acceder al conocimiento y saberes acumulados por la sociedad y la humanidad, que les permitan incrementar y mejorar sus capacidades, actitudes y talentos hacia el disfrute de una vida mejor.
Los principios descritos son parte de la agenda de la UNESCO, ampliamente difundidos en sus dos obras educativas cimeras: Aprender a Ser (E.Faure: 1972) y la Educación Encierra un Tesoro(J. Delors: 1997). El aporte de esta organización ha sido determinante en la reflexión y actuación sobre problemas y temas sustantivos como: el derecho de todos a la educación, la educación para la comprensión internacional; la construcción de una sociedad educativa; la educación permanente, la educación de jóvenes y adultos; la alfabetización; la educación de niñas y mujeres; la educación especial; el desarrollo del personal docente, la educación superior y el desarrollo de la sociedad. También ha contribuido al avance y difusión de conceptos y prácticas fundamentales para el desarrollo educativo como: el planeamiento de la educación, las estadísticas e indicadores; las tecnologías, la educación en el mundo del trabajo; la enseñanza de las ciencias y la tecnología, la infraestructura y ambientes educativos.
La cultura de paz, representa uno de los principales aportes de la UNESCO, a la búsqueda de la superación de los múltiples conflictos étnicos, culturales y sociopolíticos que surgieron antes y después de la guerra fría. En los países del istmo centroamericano el programa de Cultura de Paz, ha hecho contribuciones importantes a los procesos de postguerra de El Salvador, Nicaragua y Guatemala. En Panamá, la Cátedra Cultura de Paz auspiciada por el Consejo de Rectores, contribuyó de modo especial a difundir la filosofía y métodos de trabajo para una sociedad y un mundo pacífico. Se trata del estudio y tratamiento de las raíces y factores que influyen en los comportamientos y actitudes de personas y grupos para construir modelos y estilos de convivencia pacífica con participación social.
Tal como lo indica el informe Delors, aprender a vivir juntos, aprender a vivir con los demás, debe ser uno de los pilares esenciales de la educación. De allí la importancia de impulsar el cultivo de la comprensión entre las personas; de su cultura, valores, tradiciones y espiritualidad, empleando estrategias de resolución pacífica de conflictos, que faciliten trabajar en el logro de objetivos comunes y una cultura democrática.
La presencia en nuestro país de los programas de la UNESCO permitió impulsar acciones de trascendencia en el campo de la renovación e innovación de la educación y la cultura. Su colaboración a los procesos de reforma educativa en los setenta y en acciones derivadas de los objetivos del Proyecto Principal en Educación, en los ochenta, fue de interés primordial. Durante la década pasada esta presencia se acentuó con el establecimiento de la oficina de la UNESCO en Panamá y su representante en educación. Dos excelentes profesionales actuaron como representantes de la organización en el país, en momentos diferentes: el Dr. César Picón y el Dr. Alejandro Alfonzo.
Esta representación facilitó la puesta en marcha de acciones enmarcadas en la Declaración Mundial de Educación para Todos (Jomtien), tales como educación en derechos humanos, bilingüe e intercultural; educación en áreas rurales; producción de documentos y textos escolares; capacitación de docentes; acciones con ONGs; universidad del trabajo, educación universitaria, educación de la mujer, innovaciones educativas, entre otras.
Lamentablemente hoy no contamos con esta oficina y representación de la UNESCO en Panamá; pues a partir de agosto del presente año, han sido trasladadas a Costa Rica. Los cambios de esta organización en el nivel superior y, quizás, la falta de una apropiada defensa del Estado panameño de su permanencia en nuestro país, impiden a la sociedad contar con un medio tan importante para potenciar las capacidades, educativas, culturales y científicas, que tanta falta hace en la población panameña.
Después del 11 de septiembre el mundo probablemente no será igual al que conocimos; nuevas fuerzas y comportamientos definirán las relaciones de las personas dentro da cada país y en el plano internacional. Sin embargo, este es el momento de reafirmar la fe en el porvenir de la humanidad, en la extraordinaria fuerza que tiene una educación para todos con calidad y equidad, y en la vitalidad de una organismo como la UNESCO, para asociarse y trabajar junto a países como el nuestro, en la construcción de una cultura de paz, para una sociedad más segura y más justa.
La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura mantiene vigente los principios que le dieron vida hace 55 años, en circunstancias en que el mundo encontraba un momento de sosiego después de la segunda guerra mundial. Hoy cuando la intolerancia religiosa y política, la exclusión, el hambre y la pobreza, amenazan la estabilidad y la seguridad interna y global de los países, la educación se erige como uno de los principales medios, sino el más importante, para construir en la mente de todas las personas los baluartes de la paz, la solidaridad, la cooperación y la justicia.
Se vive una etapa de la historia marcada por prodigiosos cambios en el conocimiento y las tecnologías, las comunicaciones y la geopolítica, pero también de visibles e inaceptables asimetrías sociales, que atentan contra la esencia misma del ser humano y sus más elementales derechos. En este contexto, la educación vuelve a tener un espacio en el centro de las preocupaciones de las naciones que buscan el progreso de sus economías, pero también el bienestar colectivo de su población; el aumento de la productividad y la competitividad, así como la formación de valores en ciudadanos y ciudadanas respetuosos de sus semejantes, comprometidos con un estilo de vida democrático y solidarios con los más vulnerables. Una educación que ponga a la persona como el centro del desarrollo, y no tanto al capital financiero; que potencie sus capacidades para trabajar, convivir con los demás, aprender continuamente, participar en las decisiones sobre asuntos que le conciernen, y concebir e impulsar su proyecto de vida.
El desarrollo humano como un proceso de ampliación de las libertades, opciones y posibilidades de las personas, depende en gran medida de las oportunidades que éstas han tenido de acceder al conocimiento y saberes acumulados por la sociedad y la humanidad, que les permitan incrementar y mejorar sus capacidades, actitudes y talentos hacia el disfrute de una vida mejor.
Los principios descritos son parte de la agenda de la UNESCO, ampliamente difundidos en sus dos obras educativas cimeras: Aprender a Ser (E.Faure: 1972) y la Educación Encierra un Tesoro(J. Delors: 1997). El aporte de esta organización ha sido determinante en la reflexión y actuación sobre problemas y temas sustantivos como: el derecho de todos a la educación, la educación para la comprensión internacional; la construcción de una sociedad educativa; la educación permanente, la educación de jóvenes y adultos; la alfabetización; la educación de niñas y mujeres; la educación especial; el desarrollo del personal docente, la educación superior y el desarrollo de la sociedad. También ha contribuido al avance y difusión de conceptos y prácticas fundamentales para el desarrollo educativo como: el planeamiento de la educación, las estadísticas e indicadores; las tecnologías, la educación en el mundo del trabajo; la enseñanza de las ciencias y la tecnología, la infraestructura y ambientes educativos.
La cultura de paz, representa uno de los principales aportes de la UNESCO, a la búsqueda de la superación de los múltiples conflictos étnicos, culturales y sociopolíticos que surgieron antes y después de la guerra fría. En los países del istmo centroamericano el programa de Cultura de Paz, ha hecho contribuciones importantes a los procesos de postguerra de El Salvador, Nicaragua y Guatemala. En Panamá, la Cátedra Cultura de Paz auspiciada por el Consejo de Rectores, contribuyó de modo especial a difundir la filosofía y métodos de trabajo para una sociedad y un mundo pacífico. Se trata del estudio y tratamiento de las raíces y factores que influyen en los comportamientos y actitudes de personas y grupos para construir modelos y estilos de convivencia pacífica con participación social.
Tal como lo indica el informe Delors, aprender a vivir juntos, aprender a vivir con los demás, debe ser uno de los pilares esenciales de la educación. De allí la importancia de impulsar el cultivo de la comprensión entre las personas; de su cultura, valores, tradiciones y espiritualidad, empleando estrategias de resolución pacífica de conflictos, que faciliten trabajar en el logro de objetivos comunes y una cultura democrática.
La presencia en nuestro país de los programas de la UNESCO permitió impulsar acciones de trascendencia en el campo de la renovación e innovación de la educación y la cultura. Su colaboración a los procesos de reforma educativa en los setenta y en acciones derivadas de los objetivos del Proyecto Principal en Educación, en los ochenta, fue de interés primordial. Durante la década pasada esta presencia se acentuó con el establecimiento de la oficina de la UNESCO en Panamá y su representante en educación. Dos excelentes profesionales actuaron como representantes de la organización en el país, en momentos diferentes: el Dr. César Picón y el Dr. Alejandro Alfonzo.
Esta representación facilitó la puesta en marcha de acciones enmarcadas en la Declaración Mundial de Educación para Todos (Jomtien), tales como educación en derechos humanos, bilingüe e intercultural; educación en áreas rurales; producción de documentos y textos escolares; capacitación de docentes; acciones con ONGs; universidad del trabajo, educación universitaria, educación de la mujer, innovaciones educativas, entre otras.
Lamentablemente hoy no contamos con esta oficina y representación de la UNESCO en Panamá; pues a partir de agosto del presente año, han sido trasladadas a Costa Rica. Los cambios de esta organización en el nivel superior y, quizás, la falta de una apropiada defensa del Estado panameño de su permanencia en nuestro país, impiden a la sociedad contar con un medio tan importante para potenciar las capacidades, educativas, culturales y científicas, que tanta falta hace en la población panameña.
Después del 11 de septiembre el mundo probablemente no será igual al que conocimos; nuevas fuerzas y comportamientos definirán las relaciones de las personas dentro da cada país y en el plano internacional. Sin embargo, este es el momento de reafirmar la fe en el porvenir de la humanidad, en la extraordinaria fuerza que tiene una educación para todos con calidad y equidad, y en la vitalidad de una organismo como la UNESCO, para asociarse y trabajar junto a países como el nuestro, en la construcción de una cultura de paz, para una sociedad más segura y más justa.