La educación moral
Los organismos educativos internacionales señalan el carácter prioritario que se debe dar a la educación moral en los diferentes sistemas educativos. La UNESCO recomienda a sus países miembros orientar la actividad educativa según las siguientes prioridades: a.- Desarrollo moral b.- Actitudes y hábitos de comportamiento. c.- aptitudes. d. habilidades y destrezas (saber hacer) e.- Conocimientos. La Ley Orgánica de Educación exige a los docentes desempeñar tareas de orientación y ocuparse de la formación cívica y moral de los alumnos. En los proyectos curriculares de las distintas etapas es necesario indicar cómo se va a llevar a cabo en el centro escolar la educación moral de los alumnos. Es necesario precisar en esos proyectos curriculares, qué entendemos por educación moral y cómo se integra en la educación que ofrecemos a las familias que acuden a nuestros centros educativos.
Educación moral hoy. La sociedad actual reclama con insistencia una educación moral para la juventud, quizá como consecuencia de la crisis social generalizada que tiene sus manifestaciones en la inseguridad ciudadana, la corrupción de la vida política, social y empresarial, la extensión de algunas enfermedades, o en los atentados al medio ambiente. En los ambientes sociales, culturales y políticos se ha abierto camino la necesidad de un planteamiento ético elemental sobre el que puedan apoyarse las relaciones humanas, tanto en la esfera privada como en la pública.
Lo que está en juego no es sólo el futuro profesional de los ahora estudiantes, sino la misma capacidad de llevar adelante la propia vida. No obstante, el consenso sobre la necesidad de una educación ética no está acompañado de una posición construida sobre el contenido de la formación moral, y en consecuencia, sobre las técnicas educativas que deben aplicase, precisamente porque no hay un acuerdo general sobre el concepto de persona.
Si entendemos la persona como un ser singular e irrepetible, en el que la dimensión esencial es la espiritual; esto es, como un ser racional y libre, capaz de abrirse a los demás, la educación ética sólo podrá entenderse como educación de la libertad y de la responsabilidad del alumno, que ha de descubrir por si mismo la verdad y comprometerse con ella.
La educación moral nada tiene que ver con el adoctrinamiento, entendido como la imposición externa de normas morales al amparo de la coerción inherente a las relaciones de superioridad, que no respeta la libertad del educando para elegir por sí miso, pero tampoco permite sostener un liberalismo absoluto, que excluya cualquier principio rector de la conducta fuera del propio arbitrio. El adoctrinamiento, al no tener en cuenta la libertad del hombre, olvida que nadie puede ser obligado a amar, o a odiar o a proponerse un determinado fin en su conducta. En el extremo contrario, un liberalismo absoluto dejaría al alumno desconcertado, en manos de sus instintos, sujeto a lo que le apetece en cada momento, sin respuesta a las exigencias de la propia dignidad.
Bajo esta perspectiva, la capacidad de elegir inherente a la libertad está limitada por la racionalidad, que impone una orientación teleológica al ejercicio de la libertad. El hombre es libre en la medida en que es capaz de descubrir el bien y seguirlo. Si la libertad es el punto de partida, la educación ética requiere encontrar el modo de presentar al niño, al adolescente y al adulto los valores morales para que pueda descubrirlos por sí mismo, admirarse ante ellos, admitirlos y hacerlos vida propia libremente. La presentación de valores o de los contravalores es inseparable de la tarea docente y no es posible una enseñanza o una educación neutra. El docente ofrece siempre a sus alumnos un modelo de conducta, según cómo se desarrolla la clase, el texto que ha elegido, el modo de tratar a cada persona o de realizar la evaluación. Lo quiera o no, ofrecerá un ejemplo de amor a la verdad, de generosidad, de justicia, de alegría; o por el contrario, se presentará como modelo de arbitrariedad, o de cinismo, o de escepticismo. Una pretendida posición neutral del docente respondería a una determinada filosofía de la educación; la que postula un relativismo radical que prescinde de valores absolutos, entendiendo la libertad personal como capacidad ilimitada de opción. Ese docente aumenta la perplejidad de sus alumnos al no presentarles puntos firmes de referencia, certezas que les ayuden a descubrir y seguir la verdad. Actúa de modo semejante a quien ordena seguir una carretera desconocida de la que previamente se ha retirado la señalización más elemental. Ni es posible una educación ética mediante un simple adoctrinamiento con mandatos que no ofrecen razón de la verdad; ni tampoco presentando los valores morales como determinaciones relativas de cada situación. o como un conjunto de principios indeterminados abandonados al arbitrio caprichoso del propio yo. En este sentido, la educación moral no es más que la ayuda a cada alumno para que descubra por sí mismo el sentido de los valores y se decida a comprometerse en un proyecto personal de vida.
La actitud fundamental de educador moral es el amor a la verdad. - Considerar la ayuda a los padres en la educación moral de sus alumnos como una responsabilidad profesional prioritaria. - Formarse para ser capaz de ofrecer un asesoramiento educativo de claridad profesional, a las familias que atiende. - Tener claro sus propios valores. - Establecer en el aula un ambiente moral positivo. - Ser capaz de proporcionar a los alumnos la oportunidad de realizar algún tipo de actividad dentro y fuera de la escuela que suponga un comportamiento ético y moral.
(romagrau19@hotmail.com)
Educación moral hoy. La sociedad actual reclama con insistencia una educación moral para la juventud, quizá como consecuencia de la crisis social generalizada que tiene sus manifestaciones en la inseguridad ciudadana, la corrupción de la vida política, social y empresarial, la extensión de algunas enfermedades, o en los atentados al medio ambiente. En los ambientes sociales, culturales y políticos se ha abierto camino la necesidad de un planteamiento ético elemental sobre el que puedan apoyarse las relaciones humanas, tanto en la esfera privada como en la pública.
Lo que está en juego no es sólo el futuro profesional de los ahora estudiantes, sino la misma capacidad de llevar adelante la propia vida. No obstante, el consenso sobre la necesidad de una educación ética no está acompañado de una posición construida sobre el contenido de la formación moral, y en consecuencia, sobre las técnicas educativas que deben aplicase, precisamente porque no hay un acuerdo general sobre el concepto de persona.
Si entendemos la persona como un ser singular e irrepetible, en el que la dimensión esencial es la espiritual; esto es, como un ser racional y libre, capaz de abrirse a los demás, la educación ética sólo podrá entenderse como educación de la libertad y de la responsabilidad del alumno, que ha de descubrir por si mismo la verdad y comprometerse con ella.
La educación moral nada tiene que ver con el adoctrinamiento, entendido como la imposición externa de normas morales al amparo de la coerción inherente a las relaciones de superioridad, que no respeta la libertad del educando para elegir por sí miso, pero tampoco permite sostener un liberalismo absoluto, que excluya cualquier principio rector de la conducta fuera del propio arbitrio. El adoctrinamiento, al no tener en cuenta la libertad del hombre, olvida que nadie puede ser obligado a amar, o a odiar o a proponerse un determinado fin en su conducta. En el extremo contrario, un liberalismo absoluto dejaría al alumno desconcertado, en manos de sus instintos, sujeto a lo que le apetece en cada momento, sin respuesta a las exigencias de la propia dignidad.
Bajo esta perspectiva, la capacidad de elegir inherente a la libertad está limitada por la racionalidad, que impone una orientación teleológica al ejercicio de la libertad. El hombre es libre en la medida en que es capaz de descubrir el bien y seguirlo. Si la libertad es el punto de partida, la educación ética requiere encontrar el modo de presentar al niño, al adolescente y al adulto los valores morales para que pueda descubrirlos por sí mismo, admirarse ante ellos, admitirlos y hacerlos vida propia libremente. La presentación de valores o de los contravalores es inseparable de la tarea docente y no es posible una enseñanza o una educación neutra. El docente ofrece siempre a sus alumnos un modelo de conducta, según cómo se desarrolla la clase, el texto que ha elegido, el modo de tratar a cada persona o de realizar la evaluación. Lo quiera o no, ofrecerá un ejemplo de amor a la verdad, de generosidad, de justicia, de alegría; o por el contrario, se presentará como modelo de arbitrariedad, o de cinismo, o de escepticismo. Una pretendida posición neutral del docente respondería a una determinada filosofía de la educación; la que postula un relativismo radical que prescinde de valores absolutos, entendiendo la libertad personal como capacidad ilimitada de opción. Ese docente aumenta la perplejidad de sus alumnos al no presentarles puntos firmes de referencia, certezas que les ayuden a descubrir y seguir la verdad. Actúa de modo semejante a quien ordena seguir una carretera desconocida de la que previamente se ha retirado la señalización más elemental. Ni es posible una educación ética mediante un simple adoctrinamiento con mandatos que no ofrecen razón de la verdad; ni tampoco presentando los valores morales como determinaciones relativas de cada situación. o como un conjunto de principios indeterminados abandonados al arbitrio caprichoso del propio yo. En este sentido, la educación moral no es más que la ayuda a cada alumno para que descubra por sí mismo el sentido de los valores y se decida a comprometerse en un proyecto personal de vida.
La actitud fundamental de educador moral es el amor a la verdad. - Considerar la ayuda a los padres en la educación moral de sus alumnos como una responsabilidad profesional prioritaria. - Formarse para ser capaz de ofrecer un asesoramiento educativo de claridad profesional, a las familias que atiende. - Tener claro sus propios valores. - Establecer en el aula un ambiente moral positivo. - Ser capaz de proporcionar a los alumnos la oportunidad de realizar algún tipo de actividad dentro y fuera de la escuela que suponga un comportamiento ético y moral.
(romagrau19@hotmail.com)