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La educación nacional está peor de lo que dicen


ULTIMAMENTE el decadente sistema educativo ha hecho crisis por las peticiones de aumento salariales de los educadores y sus consabidas amenazas de huelga, y los devastadores informes del Ministerio de Educación que reflejan el grado de atraso que muestran los estudiantes de sexto grado en materias básicas como español y matemáticas, en las que, a esa edad, la mayoría no sabe leer, ni escribir, ni realizar las operaciones aritméticas básicas bien.
A finales de los 60, éramos no más de 15 estudiantes por clase; ahora son casi 60. En esa época había dos escuelas de Derecho: la de la Universidad de Panamá y la de la USMA, recién iniciada. Ahora deben superar las 20 escuelas de Derecho; mi idoneidad en 1971 fue la 1232 y ahora ya van por la 9.400. En todas las carreras debe ser igual; fenómeno que debe repetirse a los demás niveles de la educación al masificarse ésta, con muchas más escuelas, más estudiantes por profesor, profesores menos preparados porque también este renglón se masificó, y menos atención individualizada por estudiante.
Mi experiencia en lo que enseño en todos sus niveles -Derecho Comercial- muchas veces me deja perplejo, porque el problema no sólo es con el español y las matemáticas; va mucho más allá. Cuando uno le explica a un futuro abogado cómo debe calcular los intereses de alguna cifra -conocimiento básico- un considerable porcentaje responde que como estudiaron Letras, nunca le dieron matemáticas. Cuando uno pregunta por qué no saben leer, escribir y redactar bien -herramientas indispensables- algunos contestan que nunca pensaron que esos conocimientos servirían para algo en la vida. Por lo menos ahora es mayor el número de estudiantes que contestan que saben usar la computadora y usan el Internet. Sin embargo, casi ninguno domina el inglés, ni siquiera medianamente. Si le pregunto adónde queda el distrito de Pesé, sólo los herreranos contestan. Si se les habla de algún tema de historia reciente, como la invasión de 1989, no tienen la menor idea de datos concretos de lo que pasó a escasos 16 años, mucho menos de episodios históricos de mayor data. No tienen idea de Cívica, ni de Geografía, ni nacional y menos internacional. Me duele decirlo, pero muchos pasan por la Universidad -me imagino que así lo harán por la secundaria- para decir que pasaron por allí, aprendiéndose las cosas de memoria y graduándose; su interés se centra en el diploma más que lo que aprendieron en el camino. Sólo les interesa el Mundial, el rock y los artistas que nos visitan, las discotecas que están de moda y todo lo relacionado con la farándula internacional. En el grupo que tengo actualmente -diurno- ni uno compra periódico; hay uno que antes de llegar a la clase por lo menos ha leído lo básico en su casa. Viven en Panamá, son panameños, pero es poco lo de Panamá que les interesa.
Es preocupante el futuro de nuestra educación, porque de ello depende el futuro de nuestra nación. La educación comienza en el hogar, cada vez más desperdigado y menos sólido. Lo complementa la escuela, cada vez más distante del estudiante y menos comprometida con un proyecto de cambio porque no tiene ningún incentivo para hacerlo. Lo concluye una sociedad que debe ser promotora del desarrollo, pero que sigue premiando -no a los más capaces y más educados- sino a los que más contactos tengan, más acceso político logren y que conozcan mejor las artes del "juega vivo". No se da el ejemplo por ningún lado; el país sigue siendo controlado por egoístas o mediocres.
Al buscar la causa de esta frustrante realidad, mi dedo acusador se dirige contra mí mismo como ciudadano y miembro de una sociedad que no ha exigido los niveles adecuados de enseñanza, tolerando el relajamiento que existe. Las autoridades nacionales de los distintos gobiernos no han asumido la responsabilidad de su verdadera misión, lo mismo que los docentes - reconociendo las excepciones honrosas- que han seguido la práctica de un cómodo desempeño salarista en sacrificio del amor que requiere su sagrada misión de educar bien a las próximas generaciones, que es lo mismo que garantizar el futuro de la nación.
Trato de encontrar la solución y no veo una respuesta si no existe un gran consenso nacional. Me parece que debemos declarar que la seguridad nacional está amenazada por la deficiente educación que estamos dando a nuestra juventud, por la falta de disciplina y por la poca responsabilidad colectiva de nuestra sociedad. A partir de esa declaración debemos rescatar a nuestra juventud. Si esto es así de trágico: ¿qué esperamos cosechar entonces? ¿qué estamos esperando para enfrentar con valentía y decisión tan grave problema?
(gcochez@cableonda.net)
Esta iniciativa nació en España en el año de 1985, para contribuir a la restauración del Casco Antiguo.

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