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La educación, obra de todos


A esta altura del calendario, no obstante, conviene reiterar que cualquier cambio que se proyecte debe empezar por tomar conciencia de los errores cometidos a fin de no reincidir en ellos. El camino metodológico indicado, aunque no resulte obvio, debe consistir en respetar lo que está bien y modificar sólo lo que no funciona.
A menudo se ha dicho que la mejor educación es la que prospera en un medio en el cual maestros y alumnos pueden dialogar constructivamente. El discípulo debe respetar y aprender. El docente tiene que sentirse apoyado para concentrarse en su tarea. Estos principios obvios, necesitan ser diariamente ratificados.
El público sabe bien que la educación comienza y sigue en la casa de cada alumno. La labor escolar está precedida y consolidada en el ámbito hogareño. El esfuerzo de los padres tiene que hacerse presente. Del mismo modo, la sociedad debe sustentar el trabajo en el aula y no contradecirlo por otros caminos.
Es imprescindible que quienes ejercen responsabilidades de conducción en el campo de la televisión, tomen conciencia de que los medios electrónicos tienden cada vez más a erigirse en una suerte de sistema educativo paralelo. Por eso, los profesionales de la comunicación deberían esforzarse al máximo para evitar que los contenidos morales y culturales de los programas de TV estén en contradicción con lo que se transmite en el aula. Nada es más dañino para un niño o un adolescente, que el doble discurso de la sociedad en la determinación de la escala de valores.
La educación es una labor convocatoria. Los males de la escuela no son de su exclusiva responsabilidad. El progreso escolar es el triunfo de la sociedad en la cual se desarrolle. Todos esperamos que durante este año escolar miles de estudiantes puedan ver realizados los sueños de aprender para ser mejores ciudadanos.

101 años de Panamá América

 
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