La educación y el Internet
Las computadoras son un excelente instrumento de trabajo y estudio, pero no mucho más que eso. El hecho de que su costo se haya vuelto accesible para amplios sectores del estudiantado panameño y para los educadores, ha provocado una revolución. ¿Para bien o para mal? Para ambos.
Hoy es casi un imperativo que los trabajos escritos y de investigación se hagan a computadoras, usando ese infinito banco de información que es el Internet. La nitidez de la presentación y la riqueza de contenido suelen ser hoy la característica común de las notas de investigación presentadas por los alumnos a sus maestros. Aquello es impresionante. Pero ¿qué hay en el fondo, tras los brillantes colores, las gráficas y nítidas ilustraciones que acompañan respuestas doctorales actualizadas que dejarían pasmados a los más ilustrados académicos? Pura copia.
La computadora y el Internet son parte de la cultura de la pereza y la holgazanería. Los estudiantes nada aprenden y nada saben. Los mejores trabajos de investigación pertenecen a los más hábiles copiones; y el ciberespacio se vuelve un medio ideal para los “juega vivo”.
Hay incluso, situaciones injustas, humillantes y dolorosas: como la del estudiante brillante que no tiene computadora y que tiene que dibujar el mapa a pulso, escribir los nombres de accidentes geográficos a mano y colorear órganos del cuerpo humano a lápiz. A ese lo califican con 3 y al copión con 5. Pero si se hiciera una evaluación de fondo, surgiría la verdad: que quien hace sus trabajos a mano - aunque sean feos - al final aprende más que el que junta información en la pantalla y “clickea” donde dice “imprimir”.
Si maestros y profesores no hacen un esfuerzo por distinguir lo que es aprendizaje y lo que es copia; lo que es verdadera información y lo que es basura ( el Internet está saturado de ella) el proceso inevitable de incorporar la tecnología a la enseñanza será un gran fiasco que al final perjudicará a los estudiantes. La entrega de cada trabajo debe estar seguida por fuego graneado de preguntas sobre el contenido y las fuentes de la supuesta investigación. Porque de otro modo, los estudiantes no leen ni aprenden, sólo ubican, borran, pegan, ilustran, colorean e imprimen.
Hoy es casi un imperativo que los trabajos escritos y de investigación se hagan a computadoras, usando ese infinito banco de información que es el Internet. La nitidez de la presentación y la riqueza de contenido suelen ser hoy la característica común de las notas de investigación presentadas por los alumnos a sus maestros. Aquello es impresionante. Pero ¿qué hay en el fondo, tras los brillantes colores, las gráficas y nítidas ilustraciones que acompañan respuestas doctorales actualizadas que dejarían pasmados a los más ilustrados académicos? Pura copia.
La computadora y el Internet son parte de la cultura de la pereza y la holgazanería. Los estudiantes nada aprenden y nada saben. Los mejores trabajos de investigación pertenecen a los más hábiles copiones; y el ciberespacio se vuelve un medio ideal para los “juega vivo”.
Hay incluso, situaciones injustas, humillantes y dolorosas: como la del estudiante brillante que no tiene computadora y que tiene que dibujar el mapa a pulso, escribir los nombres de accidentes geográficos a mano y colorear órganos del cuerpo humano a lápiz. A ese lo califican con 3 y al copión con 5. Pero si se hiciera una evaluación de fondo, surgiría la verdad: que quien hace sus trabajos a mano - aunque sean feos - al final aprende más que el que junta información en la pantalla y “clickea” donde dice “imprimir”.
Si maestros y profesores no hacen un esfuerzo por distinguir lo que es aprendizaje y lo que es copia; lo que es verdadera información y lo que es basura ( el Internet está saturado de ella) el proceso inevitable de incorporar la tecnología a la enseñanza será un gran fiasco que al final perjudicará a los estudiantes. La entrega de cada trabajo debe estar seguida por fuego graneado de preguntas sobre el contenido y las fuentes de la supuesta investigación. Porque de otro modo, los estudiantes no leen ni aprenden, sólo ubican, borran, pegan, ilustran, colorean e imprimen.