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La Educación y la Revolución de la Esperanza


Durante los tres últimos días de octubre, República Dominicana se convirtió en el centro de interés de Centroamérica y el Caribe sobre la calidad y la equidad de la educación. Un poco más de un millar de educadores de todo el país fueron convocados por Aprendo 2000, para realizar una jornada intensa de reflexión, análisis y proposiciones, para mejorar la educación en ese país caribeño.
Aprendo 2000 fue un encuentro de extraordinaria vitalidad y proyecciones. Su organización y desarrollo estuvo a cargo de EDUCA, una organización privada sin fines de lucro creada en 1989, que reúne a empresarios y profesionales destacados de ese país, que se ha planteado como misión desarrollar una conciencia pública acerca del papel de la educación en el progreso económico, social, político y cultural del país.
Este foro fue el escenario escogido para presentar el Informe Mañana es Muy Tarde, elaborado por la Comisión Centroamericana para la Reforma Educativa, auspiciada por PREAL (Programa de Promoción de la Reforma Educativa en América Latina). Este informe recoge la crítica situación de la educación en Centroamérica, Panamá y República Dominicana, y plantea los desafíos que tienen estos pueblos con la educación y su futuro.
Toda la jornada estuvo animada por conferencias magistrales, mesas redondas, intercambio de experiencias, análisis de testimonios, que permitieron a las personas participantes enriquecer su acervo teórico y práctica pedagógica y gerencial de cara a enfrentar con renovados repertorios profesionales y motivacionales, los cambios que inexorablemente se le plantean a los sistemas educativos.
Junto a Ernesto Schiefelbein, de Chile; Ana Cecilia Hernández, de Costa Rica; Lilián Toranzos, de Argentina y otros colegas de Latinoamérica, tuve la oportunidad de exponer mis concepciones y reflexiones en torno a las escuelas de calidad y los factores que contribuyen a la efectividad de los aprendizajes. Encontré un auditorio receptivo y dispuesto a compartir un enfoque de reforma educativa centrado en la institución educativa, como el escenario fundamental del cambio y la innovación pedagógica.
Sin escuelas emprendedoras y de calidad es difícil pensar en formar las nuevas generaciones con las competencias y capacidades que demandan los nuevos tiempos, ni prepararlas para la incertidumbre en sociedades en perpetua mutación científica, tecnológica, cultural y social. Los estudios realizados han demostrado que las escuelas efectivas requieren contar con amplios márgenes de autonomía, indispensables para tomar decisiones sobre sus objetivos, el desarrollo de su personal docente, el proyecto pedagógico, el liderazgo constructivo de sus directivos, los recursos de aprendizaje, la participación efectiva de los actores educativos, crear un clima institucional agradable y estimulante para los aprendizajes y vincularse a su entorno. Así, por el contrario, las escuelas deficientes, huérfanas de apoyo gubernamental y comunitario, sólo producen rezago escolar, frustración en sus alumnos y sus familias, más pobreza y exclusión social.
Como la mayoría de los países en América Latina, República Dominicana padece contrastes y desigualdades en su vida económica y social. La educación es un servicio que no está al alcance de toda la niñez y la calidad de los aprendizajes es una meta aún por alcanzar. Sin embargo, a mediados de los años noventa, el Estado y la sociedad se comprometieron a impulsar la ejecución de un Plan Decenal de Educación, que pese a las dificultades encontradas, ha logrado asegurar su continuidad. El nuevo gobierno no sólo se ha comprometido a continuar el desarrollo del Plan sino, además, ha prometido incrementar sustancialmente el presupuesto destinado a la educación. Esta es una actitud que denota madurez política, una elevada responsabilidad ciudadana y un ejemplo a seguir por otros países.
Aprendo 2000 fue un foro al que fuimos a enseñar, pero sobre todo, a aprender. La lección aprendida más importante, quizás sea la de una sociedad con bajos niveles de desarrollo humano, pero elevados índices de compromiso con el porvenir de las nuevas generaciones. Un país con déficits educativos por cubrir, pero con una alta cifra de educadores y educadores interesados en su permanente superación profesional. Un pueblo así tiene esperanzas en la educación y una fe arraigada en su futuro.

101 años de Panamá América

 
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