La ejemplar diplomacia dominicana
En por lo menos dos ocasiones hemos destacado la presencia de República Dominicana en cuanta conferencia económica de integración tenga lugar en América Central. En una de ellas, criticamos la ausencia de nuestro presidente, Ernesto Pérez Balladares, contrastándolo con la asistencia del mandatario dominicano, Leonel Fernández.
En ambos casos, reprochamos que bajo el actual gobierno, Panamá hubiera cedido a Costa Rica el liderazgo regional en materia de integración económica y política, a contrapelo de la estrategia que en los años 70 siguió tan hábilmente Torrijos.
La explicación de la Cancillería para justificar la ausencia de nuestro mandatario de uno de aquellos cónclaves centroamericanos, fue que muy pocas cosas en común serían tratadas con el enviado norteamericano que preparaba la visita al subcontinente del presidente Clinton.
Pues bien, para bien o para mal, los vacíos suelen ser llenados, y Costa Rica ocupó presurosa nuestro sitio, escoltada por un país ajeno al estrecho cordón geográfico centroamericano, República Dominicana.
¿Qué persigue realmente Santo Domingo en América Central? La respuesta es sencilla: respaldo, integración y liderazgo, con pleno conocimiento de que solo unidos y negociando en bloque, es posible sacar mayor ventaja de los intercambios y acuerdos comerciales con los grandes bloques económicos del mundo, llámense Unión Europea, AsiaPacífico, Mercado Económico de América del Norte o Mercosur.
El sábado pasado, por ejemplo, concluyó con todo éxito en Santo Domingo, la última cumbre de mandatarios de la comunidad del Caribe (CARICOM), que suma un mercado de 32 millones de habitantes de sus 14 países miembros. La misma tuvo la participación como observadora de Cuba, que desea integrarse a ese organismo.
Al término de la reunión, se suscribieron varios importantes acuerdos que superan con creces lo meramente simbólico. Uno de ellos consiste en un tratado de libre comercio total entre la República Dominicana y el resto de las naciones de CARICOM. Otro incluye la decisión de promover un tratado similar en bloque con la Unión Europea, que reemplace el sistema de lista de intercambio, cuya última versión vence en el 2000.
Dos convenios adicionales destacan en el paquete: uno consiste en la estrategia de acercarse a Centroamérica para ampliar el mercado regional a 62 millones de habitantes; y otro en negociar en bloque la participación en el Area Americana de Libre Comercio (ALCA).
El liderazgo y hábil diplomacia dominicana en su empeño de integración regional es admirable, realista e inevitable. ¿Cuándo haremos lo propio?
En ambos casos, reprochamos que bajo el actual gobierno, Panamá hubiera cedido a Costa Rica el liderazgo regional en materia de integración económica y política, a contrapelo de la estrategia que en los años 70 siguió tan hábilmente Torrijos.
La explicación de la Cancillería para justificar la ausencia de nuestro mandatario de uno de aquellos cónclaves centroamericanos, fue que muy pocas cosas en común serían tratadas con el enviado norteamericano que preparaba la visita al subcontinente del presidente Clinton.
Pues bien, para bien o para mal, los vacíos suelen ser llenados, y Costa Rica ocupó presurosa nuestro sitio, escoltada por un país ajeno al estrecho cordón geográfico centroamericano, República Dominicana.
¿Qué persigue realmente Santo Domingo en América Central? La respuesta es sencilla: respaldo, integración y liderazgo, con pleno conocimiento de que solo unidos y negociando en bloque, es posible sacar mayor ventaja de los intercambios y acuerdos comerciales con los grandes bloques económicos del mundo, llámense Unión Europea, AsiaPacífico, Mercado Económico de América del Norte o Mercosur.
El sábado pasado, por ejemplo, concluyó con todo éxito en Santo Domingo, la última cumbre de mandatarios de la comunidad del Caribe (CARICOM), que suma un mercado de 32 millones de habitantes de sus 14 países miembros. La misma tuvo la participación como observadora de Cuba, que desea integrarse a ese organismo.
Al término de la reunión, se suscribieron varios importantes acuerdos que superan con creces lo meramente simbólico. Uno de ellos consiste en un tratado de libre comercio total entre la República Dominicana y el resto de las naciones de CARICOM. Otro incluye la decisión de promover un tratado similar en bloque con la Unión Europea, que reemplace el sistema de lista de intercambio, cuya última versión vence en el 2000.
Dos convenios adicionales destacan en el paquete: uno consiste en la estrategia de acercarse a Centroamérica para ampliar el mercado regional a 62 millones de habitantes; y otro en negociar en bloque la participación en el Area Americana de Libre Comercio (ALCA).
El liderazgo y hábil diplomacia dominicana en su empeño de integración regional es admirable, realista e inevitable. ¿Cuándo haremos lo propio?