default

La elección de la nueva directiva de la Asamblea Legislativa


La elección de los altos dignatarios de la Asamblea Legislativa, su presidente Enrique Garrido, sus vicepresidentes Haydeé Milanés de Lay y José Carreño, José Gómez, Secretario General; Edwin Cabrera y José R. Fábrega, primer y segundo subsecretario respectivamente; ha sido tal vez la que más expectativas ha causado en la historia reciente del Parlamento.
El país había quedado en suspenso por varios días -ofertas y contraofertas; consultas y negociaciones; especulaciones, rumores y guerra de información- que mantuvieron en vilo a la ciudadanía, hasta el último minuto; cuando la actual vicepresidenta, H.L. Milanés de Lay, principal foco de la expectación, rechazó una dramática, tentadora, pero improvisada postulación a la presidencia de la Asamblea, por parte de la Presidenta del P.R.D. Milanés de Lay, del Partido Solidaridad, es legisladora reelecta de la olvidada provincia del Darién.
Se destaca también en la conformación de la junta directiva del período 1999-2000, que el poder finalmente decisivo, no es siempre el de los grandes partidos, sino el de las minorías parlamentarias: el presidente, sus dos vicepresidentes, el secretario y lo s dos subsecretarios son un claro ejemplo de ello. Los de la Bancada Popular -democristianos y exmiembros del arnulfismo, pero militantes de Acción Opositora, abanderada el 2 de mayo por el ingeniero Alberto Vallarino-, pulsearon y negociaron una alianza meramente legislativa con este colectivo, principal soporte del nuevo gobierno, sin adquirir compromiso político ni con el Ejecutivo, ni en la Asamblea Legislativa en cuanto a aprobar determinadas leyes, salvo aquéllas en las que se llegue a un acuerdo.
Es interesante anotar que entre los elegidos, ninguno ostenta un apellido rimbombante, ni nexo personal o familiar o compromiso conocido con los grandes grupos económicos o intereses comerciales, como se estiló por mucho tiempo en la historia del parlamento panameño.
A raíz del intenso y espectacular proceso de negociación, la actual junta directiva de la Asamblea Legislativa ha producido un notable y sorpresivo reagrupamiento de fuerzas políticas, otrora activas en bandos antagónicos, dando, así, lugar a la posible creación de nuevos grupos políticos, pero sobre todo a la práctica del acercamiento y de coincidencias en democracia; ello contrasta con un creciente aislamiento del P.R.D., producto, en parte, de la enconada pugna entre facciones por el poder interno dentro del partido fundado por Omar Torrijos.
La lucha por la dirección y control de la Asamblea ha sido intensa y hasta por momentos enervante. Mas el pueblo panameño puede felicitarse por la nueva junta directiva. Su conformación tiene carácter marcadamente popular y pluripartidario y muestra que los partidos y grupos minoritarios pueden ganarse un lugar importante, en busca de mantener una identidad y una presencia protagónica. De hecho, era más natural para dichos partidos establecer una alianza parlamentaria con el arnulfismo que con el P.R.D. (sobre todo después de los últimos meses del gobierno saliente de Pérez Balladares) y dan a la primera mujer Presidenta la oportunidad de iniciar su gobierno con estabilidad y en paz.
El presidente de la Asamblea, junto con sus legisladores de la nueva alianza y sus asesores más allegados, deben mantener una unidad operativa y un mínimo de coherencia frente a la realidad de los treinta y cuatro votos disciplinados y combativos del P.R.D. Porque el balance del poder en la Asamblea es precario.
En realidad, del Organo Ejecutivo, pero sobre todo de la Asamblea Legislativa y de la nueva oposición dependerá, en gran parte, el mantenimiento del clima de gobernabilidad que el país tanto demanda para progresar sin revanchismos ni resentimientos.

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América