default

La elección del siglo


Erróneamente se quiso calificar las pasadas elecciones como las más importantes del siglo. En nuestro concepto, si por tal entendemos la acción y efecto de elegir por votación popular entre una o más opciones sujetas a su decisión, el referéndum sobre la reelección del 30 de agosto del año pasado, supera con creces el mérito de tal calificación.
La del domingo 2 de mayo si bien fue una elección importante, no comprometía la vigencia del orden democrático y constitucional. En cambio, el referéndum del 30 de agosto que rechazó una reforma constitucional que pretendía dar cabida a la reelección presidencial inmediata por cinco años adicionales, hubiera empeorado el precario equilibrio de poderes del Estado, caracterizado por una preeminencia exagerada del Ejecutivo por sobre los demás órganos de la Nación.
Lo que ocurrió es que, al calificar la trascendencia de las pasadas elecciones, confundimos dos cosas distintas. Porque una cosa es elegir un presidente entre tres candidatos que no comprometían la institucionalidad; y otra era la especial coyuntura en que se desenvolverá la futura Presidenta de la República.
La elección en sí, no tuvo más importancia que la que emanó naturalmente de ese solemne acto de elegir democráticamente una mandataria por segunda vez luego de la caída de la dictadura de 1989. Pero fuera de eso, no se dio la peligrosa disyuntiva: democracia -vs- dictadura de las elecciones de 1984 y 1989; ni la alternativa: democracia imperfecta -vs- dictadura civil del referéndum de la reelección del año pasado.
Por ende, lo trascendente de la última elección no fue tanto el acontecimiento en sí, como el hecho de que a la futura Presidenta de la Nación corresponderá recibir el Canal, las bases militares y demás bienes revertidos, así como asumir la responsabilidad de reestructurar sobre nuevos cimientos las relaciones con los Estados Unidos, propiciar una buena administración de la vía acuática, enfrentar los retos de la globalización, tomar decisiones sobre el IDAAN y la Caja de Seguro Social, y resolver la grave problemática social del país.
Superada pues la incertidumbre del pasado torneo electoral, nos corresponde a todos los panameños cerrar filas en torno a la nueva mandataria y coadyuvar con ella en las difíciles tareas que le aguardan, que en la superficie y en el fondo son responsabilidad de todos, incluyendo a los partidos de la futura oposición y a los independientes.

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América