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La encrucijada de la CSS


El tema de la Caja de Seguro Social (CSS) nos preocupa a todos, porque pese a las imperfecciones que pueda tener, es la institución responsable de preservar la salud de la mayoría de los panameños y de garantizarnos el pago de nuestras jubilaciones; por lo tanto, es razonable escuchar a sectores de la sociedad decir que debemos aportar nuestra cuota de sacrificios para salvarla, que debe aumentar la rentabilidad de las reservas, que hay que hacer un proceso de reingeniería para hacerla eficiente. Sin embargo, este discurso entra en contradicción cuando tratamos de hacer algún tipo de gestión para mejorar su situación.
La resistencia a los cambios que deben hacerse, es tanto a lo externo como a lo interno de la institución. La sociedad es testigo de que cuando se trató de gravar los gastos de representación para que cotizacen a la seguridad social, algunos sectores opinaron que ésta no era la solución a los problemas financieros de la Caja, que ya aportaban lo suficiente y que estos aportes no se verían reflejados en su jubilación.
En un sistema solidario si todos reclamamos lo que justamente aportamos, dejaría de funcionar, ya que deben existir excedentes de un grupo para que se puedan atender a los sectores carenciados que no aportan lo suficiente para sufragar el costo de sus prestaciones. Desde el punto de vista moral, es inaceptable que un trabajador común y corriente pague sobre el 100% de sus ingresos, mientras que un grupo minoritario que recibe, además de jugosos salarios gastos de representación, no cotice en iguales condiciones.
Cuando se intenta aumentar la rentabilidad de las reservas, prestándole dinero a los jubilados y pensionados a través de la banca oficial, una parte del sector financiero se opone, señalando que esta función es bancaria y que la institución no debe involucrarse en este tema. Esta medida, además de mejorar la rentabilidad de las reservas, cumple una función social importante con los jubilados, quienes se ven agobiados por los préstamos leoninos. Es humillante ver a los promotores de ciertas financieras ofreciendo dinero fácil a los jubilados los días de pago, lo que constituye una demanda donde el riesgo es mínimo y donde se tiene asegurado el repago de la deuda.
Cuando se ha intentado colocar las reservas, en instrumentos financieros para aumentar la rentabilidad o diversificar el portafolio de inversiones, las protestas no se han hecho esperar; si la transacción la realizamos con el Estado o con el sector privado, se cuestiona.
Se ha reiterado hasta la saciedad de que debe revisarse el modelo de atención e inclusive se ha dicho que la solución financiera debe pasar por un nuevo modelo de atención. Cuando se intenta hacer algo en esa dirección, se escuchan sectores de nuestra sociedad que niegan las bondades ese nuevo modelo y lo rechazan.
Ese panorama nos indica que estamos frente a una encrucijada donde se nos critica por hacer o dejar de hacer, lo que no se compadece con el interés que demostramos para resolver los problemas de la institución.
A lo interno de la CSS libramos otra batalla: hablamos de reingeniería, lo que significa ajustar la organización a su entorno, pero hay resistencia al tratar de hacerlo. Recientemente se dispuso que en nuestra organización hay dos componentes bien diferenciados, el administrativo y el médico, que debían trabajar en armónica colaboración para alcanzar los objetivos de cada unidad ejecutora. Hubo reacciones de uno y otro sector, algunos se sentían cómodos con esta medida, pero otros sintieron que se le restaba autoridad; lo cierto es que la administración tuvo que invertir tiempo para que se comprendiera el alcance de la acción que tiene una base conceptual que lo sustenta.
Las organizaciones no son buenas ni malas, hay propias o impropias y eso depende de nuestras actitudes. La de la CSS es tan compleja que no se puede manejar bajo un concepto clásico de organización, el funcional, donde las líneas de mando son verticales y el jefe tiene criterios para subordinar a las unidades administrativas que están bajo su dependencia. Por existir programas diferenciados que deben concurrir para lograr objetivos comunes, el tipo de organización que se corresponde es el matricial, que tiene mayor flexibilidad para adaptarse a los cambios y que demanda el ejercicio de una doble dependencia, que a nivel profesional no debe tener mayores implicaciones si cada componente comprende la función que debe desempeñar.
El gerente funcional, llámese en este caso director médico, es el responsable de la unidad ejecutora y debe demandar del componente administrativo resultados, de tal forma que si se cumplen esas expectativas no tiene porqué haber una injerencia del director médico en los procesos que realiza la administración para cumplir con esos objetivos. El gerente de proyecto, en ese caso director administrativo, es quien tiene la competencia para subordinar desde el punto técnico los procesos que realizan los administradores, de tal forma que la doble dependencia se da, pues el administrador está comprometido con el director médico a ofrecerle resultados, mientras que a su vez está subordinado a una dirección administrativa en la parte procesal.
De no funcionar de esa manera, el director médico no puede subordinar a un administrador si no tiene los criterios técnicos para hacerlo, entronizando una liberalidad a los administradores que afecta al normal desenvolvimiento de la organización.
Recientemente se dispuso una rotación de administradores, lo cual es normal en cualquiera organización, y los argumentos que se esgrimieron para oponerse al cambio no tenían sustentación. Algunos opinaban que no tenían sentido hacer esos cambios porque esta administración pronto termina su gestión. Otros adujeron que estaban realizando una buena gestión, y algunos llegaron a decir que tenían estabilidad, lo que confunden con inamovilidad. Lo cierto es que no tener la discrecionalidad para ubicar el personal donde la administración considere que es lo más conveniente, es propiciar una anarquía, con consecuencias funestas para la institución.
Con estas reflexiones, queremos hacer un llamado de atención para que entre todos aportemos nuestros mejores esfuerzos para salvar a la Caja de Seguro Social, ya que esta administración ha centrado su gestión en enviarle un mensaje a la sociedad y a los funcionarios que con el concurso de todos, podrá salir adelante.

101 años de Panamá América

 
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