La energía carnavalesca
Si toda la energía que invertimos en preparar y realizar el carnaval la pudiéramos canalizar en otras tareas que el país reclama, les aseguro que muchas cosas cambiarían para bien. No abogo por clausurar las fiestas de Momo, pues son parte viva del comportamiento de los panameños. Son espacios de ruptura de lo cotidiano, donde la noche se hace día y el mendigo se hace rey, como canta Serrat. Es un caldo sociocultural necesario donde se agitan contradictoriamente alienaciones, identidades culturales, trasgresiones, afirmaciones, peligros y certezas.
Para Michael Foucault existen macros poderes y micros poderes. El macro poder de la política, por ejemplo, refleja la dinámica de la guerra, pues se trata de utilizar estrategias y tácticas para luchar por el poder político, conseguirlo, mantenerlo o perderlo.
En cambio, los micro poderes funcionan en unidades más pequeñas de la sociedad como la familia, la escuela, el hospital, la iglesia, el barrio, el sindicato, el medio de comunicación, el trabajo, la cárcel. Estos micros poderes deben evitar caer en la mimesis; o sea, la identificación con el centralismo y el verticalismo imperante en muchos grandes poderes.
El macro poder puede degenerar en relaciones verticales de dominación, vigilancia, disciplinarizacion que es la clave que explica muchas de las relaciones económicas, ideológicas y políticas vigentes. Por ello es necesario modificar las relaciones verticales y autoritarias en los micros poderes mencionados al igual que en los macros poderes.
El poder puede cambiar positivamente según la capacidad de las personas y colectividades en incidir y transformarlo, entendiendo que más allá del macro y micro poder, está el descubrimiento de la importancia del poder interiorizado en la persona que desata el protagonismo de su rol de actor social y ético.
Entonces, ¿cuál deber ser nuestra idea del macro poder? ¿La democracia que se agota en el campo electoral, o la que puede fortalecerse con una participación ciudadana cada vez más profunda? ¿Los modelos económicos centrados sólo en crecimientos económicos excluyentes, o que pueden transformarse en modelos de desarrollo integrales, equitativos e incluyentes?
¿Cuál es nuestra idea del micro poder? ¿Una escuela desactualizada, sin calidad y equidad, memorística o un sistema educativo incluyente, actualizada, potenciadora del saber y los valores? ¿Un sindicato autoritario y oportunista o un gremio representativo y articulador de las buenas luchas? ¿Un sistema penitenciario reproductor del crimen, o un espacio de rehabilitación y resocialización? ¿Un partido clientelista, reflejo del mejor postor o una organización política democrática, educadora y expresión de las necesidades y aspiraciones de su pueblo?
Lo que está en juego, finalmente, es para qué sirve el poder, para perpetuar relaciones asimétricas o para contribuir a sembrar y cultivar una sociedad democrática sea desde los micro o macro poderes; pero también desde nuestra propia conciencia. ¡Imagínense toda la energía carnavalesca multiplicada en esto!
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