La enseñanza de la Historia de Panamá en las universidades
Docente universitario
Según dispone la Ley 11 de 8 de junio de 1981 (Ley Orgánica de la Universidad de Panamá), en su artículo 2, uno de los fines y objetivos fundamentales de nuestra universidad es proporcionar a la sociedad panameña, un egresado con conciencia social que coadyuve al "fortalecimiento de la independencia nacional y al desarrollo integral del país". Así también, el correlativo Estatuto Universitario, prescribe en el artículo 51, la intencionalidad de la utilización de un contenido académico que nutra de cultura general humanística y científica al estudiante. Pero, además, se enfatiza en privilegiar el "conocimiento de la historia y los problemas nacionales". Tales mandatos preceptúan o fundamentan la filosofía de los estudios superiores en la Universidad de Panamá. Cabe preguntarnos, entonces, en lo que atañe a la disciplina que impartimos, esto es, la Historia de Panamá, ¿de qué manera se corresponde el conocimiento histórico con los enunciados universitarios, arriba expuestos?.
Desde la óptica pragmática de una gran cantidad de estudiantes, se dice que la historia no sirve para nada, no contribuye al progreso de una forma tangible, no ayuda en la resolución de problemas de medición o cuantificación, etc. En el sentido más amplio, afirman algunos que en nada los favorece en cuanto a la especialidad que estudian. Pero ocurre que nuestra civilización occidental no fundamenta su desarrollo únicamente en el concepto de lo estadísticamente demostrable o en lo exclusivamente práctico. Ciertamente hay que reconocer que el conocimiento histórico no inmuniza a las sociedades contra los errores del pasado. No obstante, constituye una voz de alerta.
Alguien dijo una vez, que la historia es útil en el mismo sentido en que lo son el arte y la música, la poesía, la religión y la filosofía, "sin ella nos veríamos privados de ciertas experiencias intelectuales y morales que dan sentido y riqueza a la vida". Y es que ésta amplía enormemente nuestro panorama conceptual y enriquece nuestra experiencia espiritual. Si hay algo que caracteriza y honra a los estudios históricos de nuestros días, es que están nutridos de humanismo, en la medida en que el propio instinto de nuestra época es eminentemente social, muy a pesar del patético individualismo estimulado por el modo de producción prevaleciente. De estas concepciones esbozadas, no deben divorciarse los docentes que imparten el conocimiento histórico en las aulas universitarias. Como profesional de la disciplina de Clío, siento que quizás hemos fallado ante nuestros estudiantes, en no darla a conocer como un instrumento eficaz que estimula el conocimiento, la capacidad reflexiva con miras a la solución de los problemas sociales, la manifestación y el desarrollo del espíritu humano, proporcionando una gran dosis de moralidad ciudadana.
Desde el punto de vista metodológico, no basta concebir la historia como un simple archivo de experiencias, o un enorme memorando de acontecimientos; sino que resulta apremiante transitar también el significado intrínseco de éstos. Es decir, incar el interés en las razones de por qué ocurrieron tales hechos y establecer analogías con el accionar presente.
En cuanto a la realidad de nuestro medio, observo que la pertinencia de la enseñanza de la Historia de Panamá en las aulas universitarias del país, si bien debe ir acompañada de una exaltación nacionalista, ello no significa que éste debe ser su único fin a considerar, pues no hay que olvidar el compromiso que existe con la ciencia histórica como tal.
El conocimiento de la historia patria, en el nivel escolar elemental tiene un carácter informativo de los acontecimientos que configuraron la realidad panameña de otros tiempos. Durante la secundaria, paralelo a la información, los hechos se deben presentar problematizados. El traspasar los umbrales del estadio universitario, el estudiante conjuga las condiciones óptimas, para que bajo la conducción del docente, penetre en un nuevo tipo de aprendizaje, el de la reflexión interpretativa plenamente, con miras a la adopción de una postura cívica responsable, sin atisbos localistas, pueblerinos o regionalistas. Porque como dijera en una ocasión el connotado historiador ausente Rodrigo Miró: "la Historia Patria no puede fundamentarse ni en la ignorancia ni en el resentimiento".
Se trata de una disciplina que tiene mucho que aportar a la salud moral del hombre panameño, y de manera muy especial al fortalecimiento de la identidad nacional, sin caer en el error de servir a las vanas emociones colectivas, revestida de una parafernalia engañosa. El fin de la historia así entendido, la convierte en un arma para combatir la frustración de la plenitud moral colectiva que no se ha alcanzado en nuestro medio.
En ese sentido tiene relevancia la coyuntura actual, en el umbral del tercer milenio, precisamente cuando nos encontramos compartiendo con otras tantas nacionalidades frágiles, un mundo convulsionado por concepciones geo-económicas globalizantes, que pugnan por privar de una identidad propia a tres cuartas partes de la Humanidad.
Por otra parte, un curso de esa naturaleza, debe conciliar la biografía íntima del pensamiento diario de cada habitante, con el esfuerzo colectivo nacional, teniendo presente además, que en este ejercicio cobra una dimensión ecuménica, ya que toda Historia Nacional es parte de una Historia Universal.
El conocimiento del pasado tiene también su esencia aleccionadora, en cuanto que "lo histórico" se define por la ambivalencia de un accionar voluntario de los protagonistas ya ausentes, sobre otro acto que nos remite al futuro, y en consecuencia carente de un voluntarismo. Esto significa, que la historia humana tiene un fin imposible de conocerse, dada su naturaleza de lo imprevisto. Pero aún así, la naturaleza del hombre se obstina en develarlo a través de los estudios históricos.
Dado que toda generación prioriza sus temas históricos de acuerdo a sus intereses particulares, de la misma manera un curso de Historia de Panamá, constituye un recurso que facilitaría un re-examen y una actualización de conocimientos sobre el pretérito, desde los convulsionados y locuaces días de la educación secundaria. En síntesis la importancia de la enseñanza de la Historia de Panamá en las aulas universitarias la remito a las siguientes consideraciones:
Como historia patria, enriquece la experiencia intelectual mediante el conocimiento de
hechos fundamentales (con sus grandezas y desventuras) en la forja y consolidación de la nación panameña, su
interpretación y comprensión.
Estimula el sentido de valoración de los actos de las generaciones que nos han antecedido,
lo cual nutre de una mística de orgullo y superación a la sociedad del presente.
El conocimiento histórico sensibiliza al estudiante, frente a la colectividad a la que
pertenece. Induce un sentimiento de pertenencia y participación social transformadora, no sólo a escala regional,
sino nacional y universal.
El conocimiento histórico fomenta la capacidad de análisis de los problemas nacionales
vigentes.
Fortalece la identidad nacional, frente a las amenazas exógenas de diferentes naturalezas, en el contexto de un país como el nuestro, cargado de una historia de alcances extra-continentales.
Nunca resulta excesivo, el conocimiento de Historia Patria para todos los que habitamos el terruño panameño. Los intereses nacionales obligan a una actualización de tales conocimientos y la enseñanza de la Historia de Panamá a nivel universitario constituye en este sentido, un recurso eficiente.