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La enseñanza universitaria


Hemos presenciado una polémica alrededor de la baja del índice para ingresar a la Universidad, de 1 a 0.7. El rector defiende la medida y, al escucharlo, parece que lo hiciera con lo indefendible. Medio que le entendí que esos exámenes no son para ver la preparación de los muchachos, sino para la aptitud por tal o cual carrera (a lo mejor estoy equivocada). El problema que veo estriba en que no tomamos en cuenta la calidad sino la cantidad. Los últimos rectores hablan de los miles de alumnos que ingresan en su administración, como si fuera un concurso de quién ingresa más.
Hace muchos años, los títulos universitarios estaban reducidos a ciertas carreras académicas. Hoy se ha ampliado y lo comprendo. Resulta que todo mundo quiere ser universitario, pero no tiene la mística de lo que significa ostentar ese título.
Si nuestras universidades van a expedir diplomas para decir que en mi administración di tantos, estamos motivando la mediocridad y formando un cuerpo de profesionales sin competitividad en la participación de concursos a la hora de aspirar a una posición de trabajo. Esto desciende el índice de aprendizaje por parte de los estudiantes que se acostumbran a estudiar a medias para pasar la materia en un examen, aunque sea con la nota mínima; pero no para aprenderla profundamente como debe hacerse con una carrera que será para toda la vida.
Cuando yo era profesora en Medicina, me llamaba la atención las pocas "A" que ganaban mis alumnos. Llegué a la conclusión de que algunos sólo estudiaban para saber lo más fácil y responderlo en el examen para ganar la nota de pase. Por momentos sentía una frustración al ver que no motivaba a mis alumnos a ser los mejores. Estos lo eran aquellos que así lo deseaban.
Me preguntaba si mis clases eran tan mediocres que lograba la misma respuesta. Pero concluí que no era yo, sino ellos que no tenían un móvil, un fundamento serio para salir a la vida a convertirse en el mejor en su campo. Cuando me encuentro a algún alumno y me dice que fui su profesora, sólo sonrío y le digo que espero haberles enseñado lo correcto. Tal vez ese fue uno de los motivos que me llevó a renunciar a mi cátedra. Un día que no sabían responder a casi ninguna de mis preguntas les comenté que estaban soliviantados. Me miraron con ojos cuadrados y ninguno conocía esa palabra que yo aprendí desde niña. Les dejé la tarea de buscar para el día siguiente su significado.
Si continuamos con la competencia de cantidad de alumnos que ingresan o se gradúan, sin tomar en cuenta su verdadera profesión, tendremos un paternalismo. Enseguida se habla de los muchachos pobres. No es la pobreza la que afecta el aprendizaje, es la enseñanza mediocre que les damos en las escuelas básicas; es ese criterio que heredamos de la dictadura que hay que darles todo fácilmente.
Soy de la opinión que quien estudia una carrera universitaria debe quemarse el cerebro estudiando y debe comprender que en el conocimiento está parte del triunfo en la vida. La otra parte está en el interior de cada uno de sobresalir. "Tú eres el resultado de ti mismo". Los otros pueden coadyuvar en tu formación; pero serás lo que quieres ser. No puede culparse a nadie, pero si los que estamos alrededor actuamos negativamente, igual influimos en los demás. Los errores que cada uno comete sirven para abonar los triunfos futuros y debemos aprovecharlos.
Por eso digo que la Universidad de Panamá debe cambia su rumbo, debe modernizarse en varios aspectos para que vuelva a ser el orgullo de los panameños. Impulsar el concepto de la excelencia, de que en las aulas se les da la base de la enseñanza; pero que, de allí en adelante, depende de lo que esperen de la vida.
Hay que aprender de los que triunfan e imitarlos para lograr lo mejor, mirar al mañana como lo vieron los triunfadores, imprimiéndole la fuerza de la vida. Necesitamos que nuestras casas de estudios superiores caminen a formar los vencedores y no a una masa mediocre que no permite el desarrollo del país; esto sólo logra que los extranjeros los desplacen por falta de competitividad y de motivación... y luego nos quejamos.
marisin@movistar.com.pa

101 años de Panamá América

 
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