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La envidia de América Central


Siempre hemos tenido un sentimiento de superioridad sobre Centroamérica. Quizá hasta tengamos razón, pero eso es cada vez menos, a juzgar por el progreso vertiginoso que vienen registrando nuestros vecinos. Hace poco, la Presidenta Moscoso, asistió como invitada de honor a la firma del Tratado de Libre Comercio (TLC) entre México y el llamado "triángulo del norte", formado por Guatemala, Honduras y El Salvador. Fue triste y hasta humillante asistir como testigos a lo que debimos ser parte. Costa Rica ya había firmado años antes, por separado, su propio TLC con México. En cambio nosotros, dilapidamos años, talento y dinero, para insertarnos en la cresta de la ola integracionista y, a la postre, nos quedamos sin nada.
Durante el gobierno de Pérez Balladares sugerimos muchas veces que a Panamá correspondía ser menos pretenciosa y más humilde, empezando sus primeros pasos integracionistas con Centroamérica, porque éramos, si se quiere "más coteja". Pero no. Preferimos entonces pensar en grande y pretender un TLC con Estados Unidos, como México y Canadá. Perdimos mucho tiempo soñando en lo imposible. Despertados a la dura realidad, enfilamos nuestros objetivos hacia Chile y México, sin éxito hasta ahora. Tenemos poco que exportar, mucho menos que ofrecer y, nuestro fuerte, los servicios financieros, son siempre objeto de reparo.
Durante la presente administración, retornamos a lo que somos, una pequeña nación pobre de América Central, quedada a la zaga de sus vecinos, con Costa Rica a la vanguardia, que por cierto, tiene otro TLC con Chile.
Con Centroamérica nos ligan lazos geográficos e históricos indisolubles. El liderazgo antes era nuestro. Francisco Morazán, el prócer de la independencia del área tuvo a David, Chiriquí, como centro de operaciones. Porras desembarcó en Punta Burica con su ejército invasor, integrado en parte por centroamericanos, entrenados y pertrechados en Nicaragua. Torrijos fue artífice del fin de la guerra civil en Nicaragua, con la colaboración decisiva de México. Antes de eso, la Guerra del Banano fue liderada por Panamá, también bajo Torrijos. En Washington, el escritorio que antes teníamos solos, fue eliminado e integrado al de Centroamérica. Estados Unidos ha dicho que no nos dará trato especial separado de nuestros vecinos del Istmo.
El viernes pasado, el ministro de Hacienda de Costa Rica, se jactó de que su país es "la envidia de la región" tras celebrar que la calificadora de riesgos Standard & Poor"s elevó la apreciación de su nación, de "estable" a "positiva", considerando su robusto y sostenido crecimiento que alcanzó el año pasado el 8.3%, cuando Panamá marcó apenas el 3.5%.
Lo logrado por Costa Rica es meritorio y se debió además al crecimiento de sus exportaciones que tocan los $9,000 millones de dólares, contra menos de $700 millones de nosotros, además de centrarlas en la industria, lo que les ha permitido un superávit comercial, que contrasta con el nuestro siempre deficitario, fuera de su vigoroso turismo que alcanza los 700 millones de visitantes al año, cuando aquí no llegamos a 200 millones.


101 años de Panamá América

 
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