La equidad: búsqueda de lo justo
En nuestros tiempos se discute con mucha insistencia entorno al significado del principio o el concepto del término "equidad", como consecuencia de lo injusto de la realidad social a la cual se enfrenta la sociedad panameña: la alimentación, vivienda, educación, salud, transporte y seguridad social. Los desafíos y retos que hay que enfrentar son grandes, dado el bajo poder adquisitivo y por supuesto, el empobrecimiento de la gente en las zonas rurales de nuestro país, especialmente.
Nuestra iglesia católica ha venido reflexionando de manera persistente a través de la Conferencia Episcopal y de la Pastoral Social sobre este importante tema que aflige a nuestra nación, presentando propuestas sustentadas en los valores del Evangelio, tendientes a mejorar las visibles condiciones de discriminación y manifiestas desigualdades, inspirados en los principios de la justicia, paz y solidaridad llamando la atención sobre la necesidad de realizar en este sentido, esfuerzos conjuntos mediante una constante y permanente participación ciudadana.
Estas propuestas nacionales de la iglesia para desarrollar y proyectar de una manera cristiana a los panameños en su realización personal dentro de compromisos de humanidad y justicia social, en estos últimos años con el espíritu democrático que vivimos, está tomando cada vez más fuerza vital a nivel de la sociedad en sus diferentes sectores: el gobierno, empresa privada, gremios, grupos cívicos y populares, y las ONG"s, porque se comprende a conciencia el por qué la sociedad panameña, sobre todo los grupos menos favorecidos de la riqueza nacional, reclaman, con razón, una mayor participación y acceso al trabajo mejor remunerado, eficientes servicios de salud, educación, vivienda y una mejor capacidad de compra para enfrentar con decoro y dignidad los gastos sociales generados por el bajo presupuesto familiar.
En nuestra sociedad es imperativo deponer intereses partidistas y de cualquier otra índole, de tal forma que la muy desigual distribución de la riqueza, desaparezca como fruto de la misión y del caminar de nuestra iglesia y como consecuencia también, de la feliz determinación de los otros sectores que conforman la sociedad panameña.
El servirse del Estado y de los gobiernos de turno a costa de las clases sociales, sobre todo de las menos favorecidas, es una de las consideraciones más apremiantes que consciente y consecuentemente tenemos que hacer frente al medio social de hoy, para en verdad hacer valer el servicio de equidad que debe prevalecer en nuestro medio.
Al observar que a estas alturas, ya entrando el tercer milenio, todavía el nivel de empobrecimiento es de alrededor del 37.1 % del total de nuestra población y que los niveles de desempleo están aún por el orden del 147 %, son signos inequívocos de la existencia de una degradante desigualdad estructural en la distribución del ingreso de nuestra sociedad, tal como lo plantea la Iglesia, lo que es preciso corregir con la mayor brevedad.
Es hora ya que los que más tienen aporten con los tributos de sus rentas, propiedades y patrimonios en beneficio de los menos favorecidos, para garantizar la democracia funcional, la fuerza ética y la equidad que consiste en la búsqueda constante de lo justo.
Nuestra iglesia católica ha venido reflexionando de manera persistente a través de la Conferencia Episcopal y de la Pastoral Social sobre este importante tema que aflige a nuestra nación, presentando propuestas sustentadas en los valores del Evangelio, tendientes a mejorar las visibles condiciones de discriminación y manifiestas desigualdades, inspirados en los principios de la justicia, paz y solidaridad llamando la atención sobre la necesidad de realizar en este sentido, esfuerzos conjuntos mediante una constante y permanente participación ciudadana.
Estas propuestas nacionales de la iglesia para desarrollar y proyectar de una manera cristiana a los panameños en su realización personal dentro de compromisos de humanidad y justicia social, en estos últimos años con el espíritu democrático que vivimos, está tomando cada vez más fuerza vital a nivel de la sociedad en sus diferentes sectores: el gobierno, empresa privada, gremios, grupos cívicos y populares, y las ONG"s, porque se comprende a conciencia el por qué la sociedad panameña, sobre todo los grupos menos favorecidos de la riqueza nacional, reclaman, con razón, una mayor participación y acceso al trabajo mejor remunerado, eficientes servicios de salud, educación, vivienda y una mejor capacidad de compra para enfrentar con decoro y dignidad los gastos sociales generados por el bajo presupuesto familiar.
En nuestra sociedad es imperativo deponer intereses partidistas y de cualquier otra índole, de tal forma que la muy desigual distribución de la riqueza, desaparezca como fruto de la misión y del caminar de nuestra iglesia y como consecuencia también, de la feliz determinación de los otros sectores que conforman la sociedad panameña.
El servirse del Estado y de los gobiernos de turno a costa de las clases sociales, sobre todo de las menos favorecidas, es una de las consideraciones más apremiantes que consciente y consecuentemente tenemos que hacer frente al medio social de hoy, para en verdad hacer valer el servicio de equidad que debe prevalecer en nuestro medio.
Al observar que a estas alturas, ya entrando el tercer milenio, todavía el nivel de empobrecimiento es de alrededor del 37.1 % del total de nuestra población y que los niveles de desempleo están aún por el orden del 147 %, son signos inequívocos de la existencia de una degradante desigualdad estructural en la distribución del ingreso de nuestra sociedad, tal como lo plantea la Iglesia, lo que es preciso corregir con la mayor brevedad.
Es hora ya que los que más tienen aporten con los tributos de sus rentas, propiedades y patrimonios en beneficio de los menos favorecidos, para garantizar la democracia funcional, la fuerza ética y la equidad que consiste en la búsqueda constante de lo justo.