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La esclavitud en el siglo XXI


Mientras que la mayor parte de la humanidad se halla embobada por la llamada "la boda del siglo", el Gobierno de Brasil libra una batalla frontal contra la esclavitud que aún persiste en las grandes haciendas brasileñas donde hombres armados obligan a sus víctimas a trabajar siete días a la semana, sin recibir salario, alimentación adecuada y sin acceso al agua corriente o al uso de sanitarios. ¡Son auténticos campos de concentración donde cualquier intento de fuga se paga con la vida!
Pero si en nuestra época la esclavitud resulta anacrónica y repudiable, mayor motivo de indignación causa a los espíritus libres saber que estos hechos antihumanos y bochornosos los cometen, por acción u omisión, las mismas personas que por mandato de la Constitución y la ley tienen que garantizar la libertad, la justicia y la igualdad de todos sus súbditos, de conformidad con los principios contenidos en las Cartas de la ONU, OEA y en otros instrumentos jurídicos internacionales que han sido adaptados a la legislación doméstica de los países de este continente.
Y estas consideraciones tienen lugar porque el último contingente de 32 esclavos liberados en Brasil por parte del Ministerio de Trabajo se hallaba en la hacienda del diputado Joáo Ribeiro, localizada en el norteño estado de Para, motivo por el cual este diputado esclavista, como siempre ocurre, quiere lavarse las manos sosteniendo que "jamás, en ningún momento o lugar, adopté la práctica de mantener trabajadores en una situación irregular o cualquier otra semejante a la esclavitud, práctica que siempre condené y condeno".
¡Ahora sólo falta que sujeto amoral argumente que los hoy liberados se metieron a su hacienda sin su consentimiento, se autoencadenaron y se autoviolaron sin que él pudiera evitarlo!
La lucha contra la esclavitud en Brasil -abolida legalmente en 1888- no ha sido tarea fácil. Pero el presidente Lula y las organizaciones de derechos humanos están dispuestos a erradicarla.
En la actualidad, el congreso brasileño debate un proyecto de ley que permitirá expropiar las fincas donde se detecte la presencia de esclavos. Si prospera esta iniciativa, las tierras expropiadas serán entregadas a algunas de las 180,000 familias que en todo el país viven en campamentos improvisados esperando una redistribución de la tierra (Henry George: ¿Cómo se puede decir a un hombre que tiene una patria cuando no tiene derecho a una pulgada de su suelo?).
No entiendo por qué nuestros pueblos tienen la proclividad de elegir como presidentes (as), legisladores (as) y afines a personas que jamás han luchado por causas como la defensa del ambiente, la justicia social y la libertad de los pueblos. Porque, por irónico que parezca, los mismos que con frecuencia lloran por la conculcación de sus derechos políticos, su supuesto derecho a gobernarnos, al llegar al poder, utilizan este poder para crear un estado de impunidad laboral en detrimento de la gente humilde, especialmente de nuestros indígenas, al extremo de que éstos desde hace años están viajando hacia Costa Rica porque allá existen y se aplican las normas de trabajo y de seguridad social que en este país solamente lo cumplen los que no están con los gobiernos de turno.
Durante la zafra del café, en casi todas las fincas, a nuestros indígenas se les aloja en barracas cerradas, sin luz eléctrica, sin agua potable y sin servicio. No se alfabetiza a los adultos ni a los niños. La mayoría no está amparada por la CSS. No se les ayuda para mejorar su alimentación. Son simples objetos. Seres confinados. Despreciados. Envilecidos por el alcohol. Entes destinados a producir dinero a los dueños de las fincas ganaderas y cafetaleras. Son, salvo honrosas excepciones, como los esclavos que constantemente se están liberando en Brasil. Sin embargo, allí no termina el calvario de estos desdichados compatriotas que sólo son "pueblo" cuando quienes los humillan y explotan necesitan disfrazar sus oscuras y desmedidas ambiciones.
Los opositores al camino llamado ecológico damos fe y denunciamos cómo el gobierno y los defensores de esta extravagancia caprichosa y delictiva utilizan a los indígenas, que ellos mismos mantienen en la ignorancia, para confrontarlos a los que en forma consciente y militante se oponen a esta pretensión absurda.
El Foro Público que se realizó en Boquete más bien parecía un congreso general de Gnöbé-Buglé que el decantado proyecto que la señora presidenta dice se construye para "beneficio del pueblo". Y por último, la novedad de los indígenas trocheros. ¡Esto es el colmo!
Pobres paisanos míos panameños: ojalá algún día haya en Panamá un presidente que, como Lula, los libere de esta esclavitud que en pleno siglo XXI los obliga a generar dinero para patrones/gobernantes ambiciosos y, de postre, dar la cara por las ambiciones de estos patrones/opresores.
Las pequeñas exportaciones que se han realizado no alcanzan los 100 quintales cada uno, de tal manera que se vaya abriendo un mercado internacional.
Hasta el momento ha resultado muy buena la calidad que se ha enviado y esperan que la otra parte de la producción se mantenga.
Explicó que gradualmente se requiere mejorar la infraestructura principalmente de beneficiado, secado y continuar con el manejo de parcelas.
Posiblemente se tenga que renovar algunas plantaciones y lograr ingresos adicionales, producto de las exportaciones, agregó.
Se conoce que la densidad de la planta de café es bastante baja y las condiciones atmosféricas la afectan en gran manera y, además, no se puede tener una producción sostenida.

101 años de Panamá América

 
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