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La esperanza de una Asamblea distinta


Durante la campaña electoral, en las muchas reuniones comunitarias a las que asistí, siempre sostuve que la nueva Asamblea a elegirse el 2 de mayo pasado, debía tomar medidas concretas muy temprano, para ganar credibilidad ante la ciudadanía. Entre los cambios que, en mi opinión, debían y deben hacerse, está la aprobación del descuento por día no laborado y la eliminación del sistema vigente de partidas circuitales.
Pero, contrario a lo que muchos pensaban -y me incluyo-, en la que estaba supuesta a ser una "nueva" Asamblea, hay una gran cantidad de figuras que se repiten del período anterior, especialmente dentro de las filas gubernamentales de hoy (PRD y sus aliados). En consecuencia, la Asamblea Legislativa del período 1999-2004, no es tan nueva nada. Lo que, obviamente, lleva a preguntarnos si la misma estará en capacidad de renovarse a sí misma y realizar los cambios profundos que la institución requiere para su fortalecimiento como órgano fundamental de consulta, discusión y fiscalización ciudadana.
Que no se me malinterprete: no es que todos los que repiten, están de acuerdo con el statu quo, ni que todos los nuevos tengan un espíritu reformista. Pero la realidad es que muchos de los reelectos, sobre todo los del actual Gobierno, entienden -no sin razón- que su reelección se la deben al estado vigente de las cosas en la Asamblea, especialmente a la forma en que se distribuían y administraban las partidas circuitales durante la Presidencia de Ernesto Pérez Balladares.
Entonces, no sin razón, muchos de los que aspiran, desde ya, a reelegirse en el 2004, consideran que cambiar las cosas no les conviene, sobre todo en lo que respecta a las partidas circuitales y la posibilidad que éstas les brindan de proyectarse positivamente dentro de sus respectivas comunidades. El problema está, a mi juicio, en que debemos empinarnos por encima de los intereses personales y estar dispuestos a tomar medidas audaces, si lo que deseamos es cambiar las cosas de verdad y no a medias. Para que ello sea posible y podemos mantener la esperanza de una Asamblea distinta a la que hoy tenemos, la ciudadanía puede y debe jugar un papel importante, exigiendo que se hagan los correctivos necesarios.
De las primeras cosas que debemos hacer en septiembre de 1999, es reiterar la propuesta legislativa de Víctor Méndez Fábrega, si es que la misma no es aprobada bajo la actual legislatura (cosa que dudo mucho). En lo personal, es un compromiso que asumí con mis electores y que pienso cumplir el mismo 2 de septiembre, presentando el proyecto de ley correspondiente.
En lo que atañe a las partidas circuitales, quizá no sea posible ni práctica su eliminación de un solo tajo, pero sí puede hacerse en forma gradual y como parte de una visión más global de las funciones que debe cumplir cada instancia gubernamental dentro del contexto de un Estado menos centralista y más participativo. La democracia es un proceso complejo, en continua revisión y renovación. Para el perfeccionamiento de nuestra democracia, es indudable que debemos corregir los vicios que, innegablemente, se dieron en los pasados comicios, especialmente en materia de la elección de los legisladores.
Cuando hablo de vicios en las elecciones, por si no ha quedado claro, me refiero a la falta de equidad que se refleja en un candidato que corre a la reelección con el auxilio de millonarias partidas circuitales versus un candidato que aspira por primera vez y debe cubrir con fondos propios y donaciones todos los gastos de su campaña. Me refiero también al abultamiento indiscriminado y malicioso del padrón electoral de una circunscripción electoral. Estas son prácticas que, por el beneficio de todos, deben ser erradicadas. Ojalá los miembros de la Asamblea Legislativa que tomaremos posesión el próximo 1 de septiembre, ya sea de Gobierno u oposición, nuevos o reelectos, tomemos conciencia del papel que nos corresponde jugar en la actual coyuntura histórica y estemos a la altura de la confianza que fue depositada en nuestras personas por los electores. En lo que al suscrito respecta, es esa mi principal preocupación.

101 años de Panamá América

 
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