La estabilidad de los jueces
Un amigo me relataba una experiencia que había tenido en otro país. Estaba reunido con un grupo de personas cuando se presentó el tema de las nacionalidades. No era un asunto de importancia y uno de los tanto temas que se deslizan sin darse uno cuenta como asunto que debemos discutir o por lo menos conversar. A pesar de que mi amigo es panameño, uno de sus interlocutores hizo el comentario, después que alguien mencionó a Manuel Antonio Noriega, de que todos los panameños eran unos ladrones. Aparentemente, también había visitado Panamá y alguien habría querido sacarle un real de más en alguna transacción comercial. Pero la declaración "Todos los panameños son unos ladrones", era altamente ofensiva y así se lo dejó saber mi amigo, con bastante claridad, al que hacía estas necias declaraciones.
Hemos oído hasta el cansancio de que a TODOS los jueces panameños se les puede comprar. Que el Órgano Judicial está totalmente corrupto. TOTALMENTE. Yo he sido uno de los críticos más acerbos de la forma cómo se manejan las cosas en las altas esferas, donde lo judicial cede a lo político. Y he mencionado casos específicos que han visto la luz pública. Pero no podemos NUNCA asegurar que a todos los jueces se les puede comprar. La mayoría de ellos pasa su vida judicial sometidos a claras presiones de una parte y de otra cuando la sentencia o fallo es clara y evidente.
Y seamos honestos, aquellos jueces que algunas ocasiones son comprados lo hacen porque tenemos abogados y clientes que no buscan el imperio de la Ley sino el del bolsillo propio. Y algunos dirán que el problema es que, siendo los jueces judicialmente estables en sus cargos, éstos pueden hacer y deshacer sin temor a las contradicciones. ¡Nada más lejos de la verdad!
En estos momentos hay un anteproyecto de Ley presentado en la Asamblea Nacional que busca, como primer punto de importancia detrás de toda la palabrería, eliminar la estabilidad de los jueces aun cuando éstos se han ganado legítimamente el puesto después de complicados y prolongados concursos. Así se les podría remover fácilmente cuando sus fallos son contrarios a los intereses de los jefes políticos de ocasión. Esto es lo que en realidad se busca con la eliminación de la estabilidad. Nombrar jueces dóciles que obedezcan a los intereses creados y a determinados factores de poder. Como Hombre de Ley que soy, considero esto una aberración total e invito a mis colegas a adversar con todas sus fuerzas esta propuesta absurda, germen de mayor corrupción.