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La estafa de la deuda externa


Los últimos días de septiembre han marcado un nuevo hito en la crisis capitalista internacional, cuando Ecuador se declaró parcialmente, incapaz de pagar su deuda externa refinanciada a través de los llamados bonos Brady. Hace un año le había sucedido algo parecido a Rusia. En el caso ecuatoriano no puede alegarse que la solvencia se debe a falta de reformas neoliberales, sino en la voluntad de su pueblo, expresada en dos huelgas generales este año, de no seguir pagando a costa del sacrificio popular.
El problema de la deuda externa no es sólo un mal ecuatoriano, sino que aqueja a todos los países subdesarrollados que están siendo saqueados a costa de la miseria y el desempleo generalizado. En Argentina, los empleados públicos de las provincias pasan meses sin recibir sus salarios, mientras su gobierno paga puntualmente miles de millones de dólares de una deuda moralmente cuestionable.
Panamá no se queda atrás. Recurriendo a material público de la Contraloría General de la República, y a matemáticas elementales, es posible calcular la magnitud del saqueo al que hemos sido sometidos a lo largo de esta década. Tenemos que, pese a los miles de millones que hemos pagado, la deuda panameña sigue creciendo imparable para ascender en estos momentos a (30 de junio de 1999) 5,582.3 millones de dólares.
Recurriendo al cuadro 343, de "Panamá en Cifras", referente al movimiento de la deuda del sector público, y sumado el monto de las amortizaciones a capital más intereses pagados año por año de la deuda externa (de 1990 a 1998, y parte de 1999) tenemos que el país ha desembolsado nada menos que 8,681.9 millones de dólares.
No hay que ser un maestro de la contabilidad como Campodónico, para llegar a la conclusión de que ya hemos pagado más de lo que nos fue prestado, pero la deuda no decrece, sino que sigue aumentando. Este aumento sostenido se debe en parte a la lógica infernal de los intereses, y a la política irresponsable de los gobernantes salidos de las juntas directivas de la banca panameña.
De manera que, sumando el renglón denominado "nuevas obligaciones", extraído de los mismos cuadros, tenemos que de 1990 a 1998 se acumuló nuevo endeudamiento por un monto que supera los siete mil millones de dólares (US$7,776.7 aproximadamente).
Si a esta última cifra le restamos ocho mil y tanto millones pagados en el mismo período, tenemos un saldo neto de descapitalización por el orden de los US$915,217,000 (o sea, poco más de 915 millones de dólares). Es decir, hemos transferido al exterior en pagos más de lo que hemos recibido en préstamos.
Si no hay plata para el Santo Tomás, o para la triple terapia de los enfermos de HIV, o para reparar las escuelas, se debe a que está en el bolsillo de algunos banqueros inmorales, y de sus amigos políticos. La deuda externa se ha convertido en un mecanismo de explotación utilizado por los capitales de los países imperialistas para saquear nuestras economías. Se ha convertido en una deuda "eterna", en un impuesto que el imperio norteamericano nos obliga a tributar para su beneficio.
La única salida no consiste en condonaciones parciales, como la que hoy discuten en Estados Unidos y Europa, sino en el desconocmiento total de una deuda adquirida en condiciones leoninas y de dudosa legalidad. Pero este derecho, como todos los demás, no nos lo van a regalar, debemos luchar por ello los pueblos del mundo que mal vivimos en la miseria.

101 años de Panamá América

 
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