La estrategia del perejil
Una Constitución expresa un gran acuerdo entre fuerzas políticas diversas, con la pretensión de ofrecer una solución duradera a complejos problemas sociales e institucionales. Desde hace años gravita sobre el escenario político la discusión sobre el agotamiento del régimen constitucional actual y la necesidad de dotarnos de una nueva Constitución. No obstante, lo más difícil en este emprendimiento por lograr una nueva fundación para la república -que solo puede darnos una asamblea constituyente- es la de convocar a una amplia movilización en pos de este sublime proyecto que dignifica la condición de la persona haciéndola parte y partícipe de un orden democrático y justo. Hay, lamentablemente, los que se creen que tienen más derecho que la mayoría, y que, en su ciego afán por posicionarse como los oráculos a los que todos tienen la obligación de consultar, terminan por descalificar a quienes, siendo sus aliados en el magno proyecto, les adversan sobre esta o aquella cuestión. Descalificar a los adversarios en un debate conlleva el riesgo de quedarse solo, pues no es posible llegar a un entendimiento común si los distintos participantes no se legitiman como tales mediante intercambios de posiciones diferentes. Quien invierte mucho esfuerzo en desacreditar a los que portan razones distintas a la suya, acabará como el perejil, al que a veces se le usa de modo decorativo, pero que al final todos apartan. La operación constituyente consiste en sumar y multiplicar, la estrategia del perejil solo resta y divide.