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La ética del médico veterinario


Luego de celebrar el Día del Médico Veterinario (4 de octubre) y el V Congreso Nacional de Medicina Veterinaria, debemos considerar las circunstancias actuales sobre el papel que debemos desarrollar para el bienestar y el progreso de este país.
En el mundo existen tres carreras vinculadas en un mismo sentido: La salud humana, la odontológica y la medicina veterinaria. Por consiguiente, somos parte de este conglomerado de panameños con una buen carga de obligaciones y responsabilidades. Uno de estos deberes es decirle a la comunidad la forma como se insertan nuestros servicios profesionales que van desde la cadena alimentaria en relación a la salud animal, con proyección a la salud pública humana, preservado la salud de todos.
La tarea del médico veterinario va más allá de vacunar perros o sangrar animales, ya de por sí importante. La realidad es más abarcadora y delicada. Nuestro rol se encuentra en la primera línea preventiva en la salud humana, debido a la gran cantidad de enfermedades emergentes o re-emergentes donde los animales son sus precursores (zoonosis), así como las provocadas por alimentos de este mismo origen y que tienen alta incidencia en la salud humana.
Debo resaltar el papel de los veterinarios en el mundo de hoy que llamamos globalizado. Es decir, dónde estamos parados para el mejor entendimiento de la gente que comúnmente ignora, no tiene una idea clara o subestima lo que significa la Salud Pública Veterinaria; inocuidad de los alimentos, las zoonosis, o lo que es una política preventiva de la salud humana. Se desconoce así el desempeño del dicho profesional en estas loable tarea. Valga mencionar el esfuerzo sostenido por mantener al país libre de numerosas enfermedades. La prevención de la de fiebre aftosa es un ejemplo hemisférico paradigmático.
Las delicadas funciones que realizamos los de esta rama médica por el bienestar de los animales con proyección a la salud humana, nos obliga a ser mucho más conscientes y actuar en todo momento con ética y profesionalismo suficientes al emitir nuestros diagnósticos y recomendaciones. Estos principios y valores éticos se extienden a una amplia gama de servicios. Son valederos, por ejemplo, al momento de aprobar la importación de alimentos para el consumo humano o animal, a través de las licencias de importación.
Me permito felicitar y, a la vez, hacer un llamado a todos los que abrigamos esta profesión, pero en especial a las autoridades vinculas al desempeño de nuestra labor: En primer lugar, sobre el significado y alcance del cometido dentro de la economía y la salud de la sociedad panameña, en la práctica diaria y en cualquier mesa de negociación. Y segundo, hacer conciencia que en la medida que entendamos esto, Panamá crecerá sólida y consistentemente.
¿Han tomado en cuenta esta posibilidad los "expertos" de la ACP, al formular sus proyecciones de tránsito, con las que se pretende justificar el multimillonario ensanche del Canal de Panamá, cuya construcción podría demorar entre diez y quince años?
¿Han cuantificado la posible desviación de un número importante de navíos provenientes de Europa y Asia hacia el Paso Norte, y su impacto financiero sobre el actual Canal o sobre el proyecto de ensanche del Canal?
Hasta el momento, la lamentable respuesta es no, no lo han hecho, y el artículo, arriba citado, del señor Bazán, apunta a un desconocimiento casi total del tema por parte de la ACP.
Insisto: es imperativo que la ACP realice dicha divulgación y sustentación detallada mucho antes de que el proyecto del ensanche del Canal de Panamá sea sometido a una consulta popular, como exige la Constitución.
Paralelamente, es imprescindible conocer de antemano cómo se pretende financiar dicho ensanche.
Parece obvio que, convocar a un referéndum sin divulgar estos datos y consideraciones con mucha antelación, constituiría un verdadero crimen económico y social contra las futuras generaciones de panameños y panameñas.
La ACP y el gobierno panameño tienen la palabra.

101 años de Panamá América

 
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