La ética en la política (I)
La ética en la política, contiene aquellos principios y valores de la ética como filosofía genérica, sólo aplicados, de manera específica, en todo su acontecer. El empleo de la ética le da objetividad y sentido equitativo a todas las acciones de tal similitud. Las metas de los partidos políticos deben ser más sustantivas, no sólo aspirar alcanzar el poder.
Es muy conveniente definir quienes son políticos; a mi juicio, políticos son los que forman un partido político, en sus niveles más elevados dentro de sus estructuras administrativas, aquellas personas que participan como candidatos a puestos de elección general, los asesores de los partidos políticos, los que ejercen cargos como ministros de Estado, directores de instituciones autónomas y semiautónomas. Hasta los magistrados de la Corte Suprema, los procuradores, los defensores del pueblo, que no deberían, actúan como políticos, la protección del partido es, a veces, lo primordial. ¿Instintivamente?
Es preciso entender que, incluso, no todos los que conforman un partido son políticos, ya que la mayoría de sus adherentes están allí por razones alejadas de la política, tal come ésta se define; naturalmente, los copartidarios son los primeros premiados si el partido alcanza el poder. Se trata, simplemente, del reconocimiento por el voto emitido.
Lógico es entender como los políticos profesionales emplean un enorme paragua bajo el cual consideran, por ejemplo: si yo escribo en un periódico, soy político; qué tontería.
La sencillez de definiciones, obedecen a que ningún partido político, actualmente, al igual que aquellos en formación, cuenta con una Visión y Misión ideológica que les defina. Ni siquiera los podemos catalogar como liberales o conservadores. Éstos emplean, con total abandono y persistencia, el populismo, la venta de prebendas e influencia, prometen proyectos que nunca terminan dentro de sus periodos, justifican la cobranza de mayores impuestos; en fin, como magos hábiles, utilizan el humo y los espejos para lograr sus metas y objetivos, no siempre en los mejores interés del país.
A contrario sensu, la sociedad civil, los clubes cívicos, la iglesia en sus múltiples denominaciones, los sindicatos y sus centrales, las organizaciones estudiantiles, los colegios diversos de profesionales, etc. no son políticos pues las metas de estas organizaciones no es alcanzar el poder para gobernar el país. Estas diversas organizaciones y otras de natural hegemonía, se preocupan de jugar su papel ciudadano dentro de un sistema democrático representativo.