La etiología de la crisis institucional del país
En reiteradas ocasiones hemos afirmado que la esencia del Estado de derecho radica en el concepto de la separación de los Organos del Estado, funcionando de manera independiente pero en armónica colaboración, los cuales, según el artículo dos de la Constitución Nacional deben actuar limitada y separadamente. Algunos cientistas políticos han sostenido que esta forma de organizarse el poder público lo que en esencia procura es evitar la concentración o si se quiere el exceso de poder en algunos de los Organos del Estado. Agregamos nosotros también, que se busca garantizar un pleno ejercicio de las libertades y derechos fundamentales como es el de la integridad y dignidad humana, la democracia y el derecho de los ciudadanos de fiscalizar y controlar ésta última. Dentro de este contexto es importante señalar de manera crítica que en nuestros países latinoamericanos la teoría arriba citada ha distado mucho de ser el "modus operandi" con que operan las democracias y su institucionalidad jurídica política. Nuestros Estados latinoamericanos históricamente han venido funcionando sobre la base de un equilibrio débil y frágil resaltándose el hecho de que hemos estado gobernados por reglas del juego político donde existe un acentuado presidencialismo, que en el caso de nuestro país, ha asumido ribetes peligrosos para un funcionamiento, aunque precario de nuestra institucionalidad jurídica, que objetivamente requiere de cambios integrales, nuevos contenidos y correlatos sociales políticos.
Ahora bien, las crisis institucionales como decía Antonio Gramschi, teórico del análisis superestructural, suelen explicarse también las debilidades de las fuerzas o sectores sociales orgánico de la sociedad que no son capaces de generar un proyecto nacional, social histórico que le de sentido y coherencia al Estado; dicho en otras palabras, cuando un Estado, por la naturaleza de los actores políticos que lo administran está ayuno de propósitos nacionales, sucumbe y da paso a lo que nosotros en otros ensayos de análisis jurídico político constitucional hemos denominado el Estado bastardo, dado que su importante base de sustentación no está dado sobre las fuerzas sociales orgánicas, sino en pequeños grupos que administran el Estado con una conciencia estatamentaria, precapitalista y obtusa que son las características de una superestructura que abre las compuertas para el fenómeno de la mediación prebendal que al final, como es el caso de nuestro país, dificulta el funcionamiento coherente y equilibrado de los órganos del poder del Estado, lastimándose la institucionalidad del país.
De allí que en varias ocasiones hemos venido sosteniendo que el país requiere de políticas profundas dirigidas a restaurar el Estado de derecho y construir verdaderos caminos democráticos.
El análisis científicamente sería incompleto sino mencionáramos que una de las causas centrales y fundamentales de la desorganización y atascamiento de nuestras clases sociales orgánicas ha sido obra de un modelo económico que ha colocado a la nación panameña como un eslabón más de los centros de reproducción y acumulación salvaje de capital. Nuestros estados dentro de este contexto, han languidecido en la rutina y la inercia igual que nuestros políticos que no han sido capaces de orillar mejores perspectivas para nuestro pueblo.
Vivimos tiempos como explica Eduardo Gamarra, director del Centro Latinoamericano y del Caribe de la Universidad Internacional de Florida, "en que las políticas de las calles está enfrentando a las políticas institucionales. No hay ninguna fuerza entre las calles y las instituciones que son ampliamente recibidas como débiles, corruptas y las culpables de haber vendido al país y empobrecido a las masas".
Para terminar, creo que la reacción que tuvo la población por esos planteamientos, deja claro que existe conciencia clara de lo que se vivió en época reciente, que nadie quiere correr el menor riesgo para otra larga noche tenebrosa, como fueron esos 21 años y que el panameño no olvida como se dice popularmente. Lo que sucede es que no está repitiendo esto todos los días, pero está consciente de lo que sucede o sucedió.
Cuando los hombres decentes no participan en política los indecentes se aprovechan de ella y entonces los decentes tendrán que callar. Gandhi.
(cdaa@sinfo.net)
Ahora bien, las crisis institucionales como decía Antonio Gramschi, teórico del análisis superestructural, suelen explicarse también las debilidades de las fuerzas o sectores sociales orgánico de la sociedad que no son capaces de generar un proyecto nacional, social histórico que le de sentido y coherencia al Estado; dicho en otras palabras, cuando un Estado, por la naturaleza de los actores políticos que lo administran está ayuno de propósitos nacionales, sucumbe y da paso a lo que nosotros en otros ensayos de análisis jurídico político constitucional hemos denominado el Estado bastardo, dado que su importante base de sustentación no está dado sobre las fuerzas sociales orgánicas, sino en pequeños grupos que administran el Estado con una conciencia estatamentaria, precapitalista y obtusa que son las características de una superestructura que abre las compuertas para el fenómeno de la mediación prebendal que al final, como es el caso de nuestro país, dificulta el funcionamiento coherente y equilibrado de los órganos del poder del Estado, lastimándose la institucionalidad del país.
De allí que en varias ocasiones hemos venido sosteniendo que el país requiere de políticas profundas dirigidas a restaurar el Estado de derecho y construir verdaderos caminos democráticos.
El análisis científicamente sería incompleto sino mencionáramos que una de las causas centrales y fundamentales de la desorganización y atascamiento de nuestras clases sociales orgánicas ha sido obra de un modelo económico que ha colocado a la nación panameña como un eslabón más de los centros de reproducción y acumulación salvaje de capital. Nuestros estados dentro de este contexto, han languidecido en la rutina y la inercia igual que nuestros políticos que no han sido capaces de orillar mejores perspectivas para nuestro pueblo.
Vivimos tiempos como explica Eduardo Gamarra, director del Centro Latinoamericano y del Caribe de la Universidad Internacional de Florida, "en que las políticas de las calles está enfrentando a las políticas institucionales. No hay ninguna fuerza entre las calles y las instituciones que son ampliamente recibidas como débiles, corruptas y las culpables de haber vendido al país y empobrecido a las masas".
Para terminar, creo que la reacción que tuvo la población por esos planteamientos, deja claro que existe conciencia clara de lo que se vivió en época reciente, que nadie quiere correr el menor riesgo para otra larga noche tenebrosa, como fueron esos 21 años y que el panameño no olvida como se dice popularmente. Lo que sucede es que no está repitiendo esto todos los días, pero está consciente de lo que sucede o sucedió.
Cuando los hombres decentes no participan en política los indecentes se aprovechan de ella y entonces los decentes tendrán que callar. Gandhi.
(cdaa@sinfo.net)