La eutanasia
Eutanasia es una palabra abstracta, procedente del vocablo griego "euthanasía" (con "eu", bien y "thánatos", muerte), que significa morir sin dolor.
Cada vez más, se practica la eutanasia, que consiste en provocarle una muerte suave, sin sufrimiento físico, al paciente que padece de una enfermedad insoportable o que no se puede curar.
Recibe también con frecuencia el nombre de "muerte por compasión", por la sencilla razón de que en no pocos casos en que se aplica la eutanasia, este comportamiento es inspirado por los sentimientos de piedad.
Se dan asimismo otros casos, muy cuestionados, en donde los que han administrado la eutanasia a enfermos mentales, a impedidos y seres con deformaciones físicas, alegan que con ello, se trata de no sólo mejorar la especie humana, sino de ayudar al Estado a reducir sus gastos de mantenimiento.
Cabe discernir, con todo, entre una eutanasia lícita y una ilícita. Se la denomina lícita cuando suprime paulatinamente los cuidados al enfermo desahuciado, que requiere para continuar existiendo, ser tratado con medios extraordinarios, que no obligan ni al médico, ni a los parientes.
Igualmente nos parece bien la práctica de no disminuir los calmantes aplicados al moribundo, aunque ello implique la abreviación indirecta de su vida. Aquí se da, como en el caso anterior, una eutanasia negativa. Por eso ambas son lícitas, por cuanto que se administran a favor del derecho de la persona a morir humanamente.
No ocurre así con la eutanasia ilícita, que procura acortar de una manera directa la existencia del enfermo incurable, por razones de conmiseración o de una concepción utilitaria de la vida humana.
Contra esta eutanasia de índole positiva, la ética deísta aduce que despoja a Dios, del derecho que tiene sobre la vida del ser humano; y que aunque sea permitida por la ley civil, no dejará de ser, por tal motivo, una conducta inmoral.
Mas todavía, sus opositores sostienen que la eutanasia ilícita puede dar lugar a que los pacientes lleguen a desconfiar de su médico y de su familia; como también a que tanto las autoridades como los técnicos cometan actos abusivos y arbitrarios, perjudiciales para los enfermos.
Concluyendo, la eutanasia ilícita o positiva no constituye una acción buena; porque, como dice Schuster, "...está, pues, absolutamente prohibida por la ley moral natural que obliga a todo hombre, en igual medida que el asesinato o el suicidio".
Cada vez más, se practica la eutanasia, que consiste en provocarle una muerte suave, sin sufrimiento físico, al paciente que padece de una enfermedad insoportable o que no se puede curar.
Recibe también con frecuencia el nombre de "muerte por compasión", por la sencilla razón de que en no pocos casos en que se aplica la eutanasia, este comportamiento es inspirado por los sentimientos de piedad.
Se dan asimismo otros casos, muy cuestionados, en donde los que han administrado la eutanasia a enfermos mentales, a impedidos y seres con deformaciones físicas, alegan que con ello, se trata de no sólo mejorar la especie humana, sino de ayudar al Estado a reducir sus gastos de mantenimiento.
Cabe discernir, con todo, entre una eutanasia lícita y una ilícita. Se la denomina lícita cuando suprime paulatinamente los cuidados al enfermo desahuciado, que requiere para continuar existiendo, ser tratado con medios extraordinarios, que no obligan ni al médico, ni a los parientes.
Igualmente nos parece bien la práctica de no disminuir los calmantes aplicados al moribundo, aunque ello implique la abreviación indirecta de su vida. Aquí se da, como en el caso anterior, una eutanasia negativa. Por eso ambas son lícitas, por cuanto que se administran a favor del derecho de la persona a morir humanamente.
No ocurre así con la eutanasia ilícita, que procura acortar de una manera directa la existencia del enfermo incurable, por razones de conmiseración o de una concepción utilitaria de la vida humana.
Contra esta eutanasia de índole positiva, la ética deísta aduce que despoja a Dios, del derecho que tiene sobre la vida del ser humano; y que aunque sea permitida por la ley civil, no dejará de ser, por tal motivo, una conducta inmoral.
Mas todavía, sus opositores sostienen que la eutanasia ilícita puede dar lugar a que los pacientes lleguen a desconfiar de su médico y de su familia; como también a que tanto las autoridades como los técnicos cometan actos abusivos y arbitrarios, perjudiciales para los enfermos.
Concluyendo, la eutanasia ilícita o positiva no constituye una acción buena; porque, como dice Schuster, "...está, pues, absolutamente prohibida por la ley moral natural que obliga a todo hombre, en igual medida que el asesinato o el suicidio".