La evaluación multilateral y las certificaciones
Desde que los Estados Unidos se atribuyeron, unilateralmente, el derecho de expedir, anualmente las famosas "certificaciones", todos los años se repite el ritual del suspenso que precede al anuncio sobre el desempeño de los países de nuestro hemisferio en la lucha contra las drogas. Hace varios años, en 1996, escribí un artículo en el que ponía de relieve los inconvenientes que se derivaban de que un sólo país se erigiera en juez para calificar la conducta de otros estados e insistía en que ese proceso de evaluación y calificación debía ser asumido por un organismo multilateral y, específicamente, proponía que fuera la Organización de los Estados Americanos (OEA).
La Comisión Interamericana para el Control del Abuso de Drogas, más conocida como la CICAD, instancia multilateral creada en el marco de la OEA, por la decisión de sus estados miembros, decidió establecer el Mecanismo de Evaluación Multilateral (MEM) como una instancia permanente, cuya naturaleza y proyecciones fue el producto de un consenso ampliamente negociado que aprobó sus primeros informes el pasado mes de diciembre. La CICAD produjo un informe general sobre todo el hemisferio e informes individuales sobre cada país.
Los informes para cada país fueron el producto de un proceso muy equilibrado en el que cada Estado tuvo la oportunidad de exponer sus comentarios y observaciones sobre las versiones preliminares. Las versiones finales, antes de ser divulgados públicamente, por reglas de consideración y cortesía, fueron comunicadas a cada nación.
Sobre los informes elaborados por la CICAD, hubo comentarios de diverso tono. En términos generales, fueron considerados como un significativo avance y como un primer paso hacia la sustitución de las anacrónicas e inconvenientes evaluaciones unilaterales. Sin embargo, también se han levantado voces, especialmente de algunos voceros conservadores dentro de los Estados Unidos que los calificaron de débiles o carentes de consecuencias prácticas por no llevar aparejadas la aplicación de sanciones.
Como es conocido, este año, al igual que en los anteriores, también se hicieron públicas las "certificaciones", positivas o negativas, del gobierno de los Estados Unidos sobre el desempeño de los países en la lucha para combatir la producción y tráfico de drogas que, como también es conocido, puede descalificar a los países reprobados para recibir asistencia o ayudas de la nación norteamericana.
Creo que los sectores responsables de manejar la política antidrogas de los Estados Unidos, eventualmente, reconocerán que a su país también le conviene que el proceso de evaluación multilateral sustituya a las criticadas certificaciones unilaterales. Estas, visiblemente pierden terreno como quedó demostrado este año, cuando los informes del MEM vieron la luz pública antes que las certificaciones norteamericanas y la favorable acogida que tuvieron disminuyó el impacto de éstas.
A todos los países, en general, incluidos los Estados Unidos, nos conviene que el problema de las drogas se le dé un tratamiento que contemple los dos aspectos esenciales del mismo: la demanda y la oferta. Ambas están indisolublemente conectadas y, por tanto, deben verse en forma integral. Y, en resumidas cuentas, reconocer que la demanda es la que estimula la oferta.
El establecimiento del MEM y sus primeros informes han sido un gran avance. Pero todavía se requiere vencer algunas resistencias para lograr su plena consolidación y la deseable sustitución de todas las evaluaciones unilaterales. Y para ello, como es básico, hay que comenzar por la adopción del principio de la responsabilidad compartida que proclama, como corresponde, una justa distribución de responsabilidades, entre los países consumidores y los productores o aquellos cuyos territorios son utilizados para el trasiego de estupefacientes o la comisión de delitos conexos.
Los esfuerzos que se reflejan en los informes y actividades de la CICAD, especialmente del Mecanismo de Evaluación Multilateral, están orientados a tomar en cuenta esa visión integral del problema contra las drogas. Esta, por ser una aproximación más justa y equitativa seguirá ganando terreno, mientras que las evaluaciones o certificaciones multilaterales, como es esperado, tenderán a perder importancia.
La Comisión Interamericana para el Control del Abuso de Drogas, más conocida como la CICAD, instancia multilateral creada en el marco de la OEA, por la decisión de sus estados miembros, decidió establecer el Mecanismo de Evaluación Multilateral (MEM) como una instancia permanente, cuya naturaleza y proyecciones fue el producto de un consenso ampliamente negociado que aprobó sus primeros informes el pasado mes de diciembre. La CICAD produjo un informe general sobre todo el hemisferio e informes individuales sobre cada país.
Los informes para cada país fueron el producto de un proceso muy equilibrado en el que cada Estado tuvo la oportunidad de exponer sus comentarios y observaciones sobre las versiones preliminares. Las versiones finales, antes de ser divulgados públicamente, por reglas de consideración y cortesía, fueron comunicadas a cada nación.
Sobre los informes elaborados por la CICAD, hubo comentarios de diverso tono. En términos generales, fueron considerados como un significativo avance y como un primer paso hacia la sustitución de las anacrónicas e inconvenientes evaluaciones unilaterales. Sin embargo, también se han levantado voces, especialmente de algunos voceros conservadores dentro de los Estados Unidos que los calificaron de débiles o carentes de consecuencias prácticas por no llevar aparejadas la aplicación de sanciones.
Como es conocido, este año, al igual que en los anteriores, también se hicieron públicas las "certificaciones", positivas o negativas, del gobierno de los Estados Unidos sobre el desempeño de los países en la lucha para combatir la producción y tráfico de drogas que, como también es conocido, puede descalificar a los países reprobados para recibir asistencia o ayudas de la nación norteamericana.
Creo que los sectores responsables de manejar la política antidrogas de los Estados Unidos, eventualmente, reconocerán que a su país también le conviene que el proceso de evaluación multilateral sustituya a las criticadas certificaciones unilaterales. Estas, visiblemente pierden terreno como quedó demostrado este año, cuando los informes del MEM vieron la luz pública antes que las certificaciones norteamericanas y la favorable acogida que tuvieron disminuyó el impacto de éstas.
A todos los países, en general, incluidos los Estados Unidos, nos conviene que el problema de las drogas se le dé un tratamiento que contemple los dos aspectos esenciales del mismo: la demanda y la oferta. Ambas están indisolublemente conectadas y, por tanto, deben verse en forma integral. Y, en resumidas cuentas, reconocer que la demanda es la que estimula la oferta.
El establecimiento del MEM y sus primeros informes han sido un gran avance. Pero todavía se requiere vencer algunas resistencias para lograr su plena consolidación y la deseable sustitución de todas las evaluaciones unilaterales. Y para ello, como es básico, hay que comenzar por la adopción del principio de la responsabilidad compartida que proclama, como corresponde, una justa distribución de responsabilidades, entre los países consumidores y los productores o aquellos cuyos territorios son utilizados para el trasiego de estupefacientes o la comisión de delitos conexos.
Los esfuerzos que se reflejan en los informes y actividades de la CICAD, especialmente del Mecanismo de Evaluación Multilateral, están orientados a tomar en cuenta esa visión integral del problema contra las drogas. Esta, por ser una aproximación más justa y equitativa seguirá ganando terreno, mientras que las evaluaciones o certificaciones multilaterales, como es esperado, tenderán a perder importancia.