La expansión, setenta años de esfuerzo
LA discusión sobre la expansión del Canal de Panamá, que comenzó como un debate técnico, ha ido evolucionando hacia una serie de planteamientos que pretenden llevarlo a una tormenta política que concluya con el rechazo del proyecto cuando este sea sometido al referéndum que manda la Constitución. En este proceso se ha llegado a insinuar que el proyecto es una iniciativa autónoma de la Autoridad del Canal de Panamá, a la que se trata de descalificar planteando una controversia que sabemos dónde comienza, pero no dónde puede terminar. Se trata de instalar en la mente del colectivo una condena a la ACP por el trabajo que realiza. Sería doloroso que la discusión terminara haciéndole un daño al país si, como consecuencia de ella, se rechaza lo que posiblemente es la única y última oportunidad que tiene Panamá para ingresar al grupo exclusivo de los países desarrollados.
El tono de la discusión parece indicar que olvidamos que los hilos que llevan al inicio de este proyecto se extienden hasta la década de los años treinta del siglo pasado, cuando se diseñó el tercer juego de esclusas y comenzó su construcción. Suspendidos los trabajos como consecuencia de la segunda guerra mundial, el análisis del proyecto se reactivó al terminar la guerra, lo que llevó a los estudios de un canal a nivel por Darién que sería excavado con explosivos atómicos.
El impacto adverso de las explosiones nucleares y las consecuencias negativas para el ambiente que podrían resultar de conectar las aguas de los dos océanos, indujeron a desechar el proyecto. Sin embargo, el interés por el mismo no decayó. Así surgió el estudio realizado por la Comisión Tripartita formada por Panamá, Estados Unidos y Japón, que definió finalmente los parámetros para la posible expansión del Canal. La iniciativa que está llevando a cabo la ACP es el último eslabón de esa cadena de esfuerzos que tuvo y tiene como objetivo adecuar el Canal a las necesidades de un comercio marítimo en constante desarrollo.
Afirmar que los estudios son resultado de una decisión autónoma de la ACP es desconocer que esta simplemente ha seguido, responsablemente, el mandato de quienes la precedieron y que actúa por orden expresa de su Junta Directiva. Este organismo, presidido por un Ministro de Estado, cumple instrucciones y ejecuta las políticas que impulsa el Presidente de la República en base a los lineamientos de la Estrategia Marítima Nacional. El Canal es uno de los instrumentos usados por el Estado para la ejecución de su política relativa al mar. La expansión es un proyecto de Estado, no un capricho de la ACP. Nada de lo que se discute es producto de un arrebato improvisado, sino de políticas e iniciativas de larga data, que se inician en la primera mitad del siglo pasado.
Con la terminación del estudio, corresponderá al Gobierno, en representación del Estado, divulgar, en conjunto con la ACP, los detalles del proyecto y las ventajas que su aprobación debe traer para Panamá. Deberá explicar con total transparencia, cómo se han utilizado, se utilizan y se seguirán utilizando los fondos que el gobierno recibe anualmente del Canal. Deberá demostrar que, si bien las navieras se beneficiarán como consecuencia de la expansión, el beneficio para Panamá será infinitamente superior. Para esto tendrá que entrar en sintonía con la sociedad a la que tendrá que convencer de que para Panamá es clave que se concrete un proyecto que ha estado en el tapete como objetivo de interés nacional e internacional por más de 70 años. Que ahora - hoy, no mañana -, están dadas las condiciones para que Panamá tome ventaja de la acelerada transformación que experimenta la economía mundial, la cual empieza a mover su centro de gravedad hacia el Asia, y advertir sobre el peligro que entraña un rechazo del proyecto.
En resumen, el Gobierno tendrá que demostrarle al ciudadano que el Canal interoceánico no es sólo locomotora que impulsa el desarrollo nacional -concepto que corre el riesgo de inducir al ciudadano a colocarse en posición de pasajero pasivo, arrastrado por las circunstancias -, sino que también es pivote alrededor del cual giran oportunidades para todos y a todos los niveles. Que el Canal sólo tendrá sentido para nosotros en la medida en que pasemos de pasivos espectadores a activos emprendedores que sabemos aprovechar las oportunidades que se nos presentan. Que, en definitiva, será nuestro propio esfuerzo y arduo trabajo lo que decidirá si al final del camino los panameños - todos los panameños, no una élite - somos capaces de aprovechar el óptimo potencial que nos ofrece el Canal, convirtiéndolo en desarrollo económico y reducción de la pobreza.
El tono de la discusión parece indicar que olvidamos que los hilos que llevan al inicio de este proyecto se extienden hasta la década de los años treinta del siglo pasado, cuando se diseñó el tercer juego de esclusas y comenzó su construcción. Suspendidos los trabajos como consecuencia de la segunda guerra mundial, el análisis del proyecto se reactivó al terminar la guerra, lo que llevó a los estudios de un canal a nivel por Darién que sería excavado con explosivos atómicos.
El impacto adverso de las explosiones nucleares y las consecuencias negativas para el ambiente que podrían resultar de conectar las aguas de los dos océanos, indujeron a desechar el proyecto. Sin embargo, el interés por el mismo no decayó. Así surgió el estudio realizado por la Comisión Tripartita formada por Panamá, Estados Unidos y Japón, que definió finalmente los parámetros para la posible expansión del Canal. La iniciativa que está llevando a cabo la ACP es el último eslabón de esa cadena de esfuerzos que tuvo y tiene como objetivo adecuar el Canal a las necesidades de un comercio marítimo en constante desarrollo.
Afirmar que los estudios son resultado de una decisión autónoma de la ACP es desconocer que esta simplemente ha seguido, responsablemente, el mandato de quienes la precedieron y que actúa por orden expresa de su Junta Directiva. Este organismo, presidido por un Ministro de Estado, cumple instrucciones y ejecuta las políticas que impulsa el Presidente de la República en base a los lineamientos de la Estrategia Marítima Nacional. El Canal es uno de los instrumentos usados por el Estado para la ejecución de su política relativa al mar. La expansión es un proyecto de Estado, no un capricho de la ACP. Nada de lo que se discute es producto de un arrebato improvisado, sino de políticas e iniciativas de larga data, que se inician en la primera mitad del siglo pasado.
Con la terminación del estudio, corresponderá al Gobierno, en representación del Estado, divulgar, en conjunto con la ACP, los detalles del proyecto y las ventajas que su aprobación debe traer para Panamá. Deberá explicar con total transparencia, cómo se han utilizado, se utilizan y se seguirán utilizando los fondos que el gobierno recibe anualmente del Canal. Deberá demostrar que, si bien las navieras se beneficiarán como consecuencia de la expansión, el beneficio para Panamá será infinitamente superior. Para esto tendrá que entrar en sintonía con la sociedad a la que tendrá que convencer de que para Panamá es clave que se concrete un proyecto que ha estado en el tapete como objetivo de interés nacional e internacional por más de 70 años. Que ahora - hoy, no mañana -, están dadas las condiciones para que Panamá tome ventaja de la acelerada transformación que experimenta la economía mundial, la cual empieza a mover su centro de gravedad hacia el Asia, y advertir sobre el peligro que entraña un rechazo del proyecto.
En resumen, el Gobierno tendrá que demostrarle al ciudadano que el Canal interoceánico no es sólo locomotora que impulsa el desarrollo nacional -concepto que corre el riesgo de inducir al ciudadano a colocarse en posición de pasajero pasivo, arrastrado por las circunstancias -, sino que también es pivote alrededor del cual giran oportunidades para todos y a todos los niveles. Que el Canal sólo tendrá sentido para nosotros en la medida en que pasemos de pasivos espectadores a activos emprendedores que sabemos aprovechar las oportunidades que se nos presentan. Que, en definitiva, será nuestro propio esfuerzo y arduo trabajo lo que decidirá si al final del camino los panameños - todos los panameños, no una élite - somos capaces de aprovechar el óptimo potencial que nos ofrece el Canal, convirtiéndolo en desarrollo económico y reducción de la pobreza.