La explosión de la crisis universitaria
EL AUMENTO progresivo de todos los elementos formantes de la Universidad de Panamá la ha colocado, desde hace varias décadas, en situación de crisis incontrolada e incontrolable. La modesta universidad que fundó el Maestro Octavio Méndez Pereira, con el apoyo del Gobierno del Dr. Harmodio Arias Madrid, a mediados de la década de los años treinta del siglo pasado, inició sus pasos hacia una crisis de crecimiento, cuando el Estado panameño garantizó los préstamos universitarios, para la fundación de los llamados Centros Universitarios provinciales o regionales. La Universidad nada grande del comienzo que en la década de los años cuarenta comenzó a funcionar como algo de lo que el Dr. Méndez anhelaba y llamaba "la conciencia crítica de la Nación", se fue convirtiendo en un gigante docente, sin que Panamá hubiera creado las fuerzas internas (buena preparación en la secundaria, profesorado muy competente en la propia Universidad, funcionamiento administrativo superado) que debían existir para que la Universidad de Panamá continuara su ascenso por la vía de la superación académica de profesores y estudiantes. Sin embargo, no se dieron esos requerimientos básicos, y poco a poco nuestra Universidad estatal se fue convirtiendo en una máquina de profesionales que venían no muy preparados de la escuela secundaria, y que integrarían con los años, una especie de "proletariado intelectual", de no muy buena base de conocimientos superiores que invadirían, principalmente, la cosa pública, y que cuando eran competentes ocupaban cargos aceptablemente remunerados en las empresas privadas.
La tentativa de crear algunas universidades estatales autónomas, desde luego que muy pocas en Chiriquí, no remedió los males universitarios, sino que, para hablar honestamente, los incrementó, o no pudo detener el deterioro universitario, en la vieja y en la nueva Alma Mater. La cantidad de alumnos que se matricularon en el campus universitario de la capital, así como en los Centros Regionales Universitarios, aseguraba las crisis de funcionamiento, en las universidades y centro estatales, que poco a poco se vino creando, siendo muy difícil corregir los males que ya abiertamente señoreaban en las aulas universitarias del país.
A tan presagiosa situación ha venido a añadirse la fundación de universidades privadas, que no pueden superar los condicionamientos de la universidad estatal, por más buenas intenciones que existan, ya que aquí es donde tiene vigencia el aforismo de que "de buenas intenciones están empedrados los infiernos". Como para obtener un cargo, ya en el Gobierno, ya en la empresa privada, es magnífica credencial un diploma de graduado universitario, y últimamente el título de "magíster" o "magistra" es como una especie de "sésamo ábrete", las cosas siguen por los caminos de los males acumulados ad infinitum.
En los días que transcurren, como diría algún purista, para evitar verbos acuñados hasta en sentencias panameñas como el de "decurrir", ese diploma "magisteria" es útil para ganar puntos en el concurso de cátedra, la concurrencia diplomada de "magistros" y "magistras" no se ha hecho esperar. Hace más o menos un par de años, acepté intervenir como profesor, en ese nivel, y me disuadieron más de un par de plagios en los trabajos presentados, lo que me llevó al propósito de "no probar suerte por una próxima vez".
Perdóneme el lector, porque había pensado referirme al "trepa que sube" que ha creado en la Honorable Corte Suprema de Justicia, una Demanda del Dr. Miguel Antonio Bernal, en la que impugnó la candidatura del Dr. García de Paredes. En la Corte se produjeron dos decisiones contradictorias (una en favor de la demanda y otra en contra). A causa de esta controversia interna, parece que el asunto queda igual que al principio: es decir, tablas hasta cualquier otra decisión de la misma Corte.
La tentativa de crear algunas universidades estatales autónomas, desde luego que muy pocas en Chiriquí, no remedió los males universitarios, sino que, para hablar honestamente, los incrementó, o no pudo detener el deterioro universitario, en la vieja y en la nueva Alma Mater. La cantidad de alumnos que se matricularon en el campus universitario de la capital, así como en los Centros Regionales Universitarios, aseguraba las crisis de funcionamiento, en las universidades y centro estatales, que poco a poco se vino creando, siendo muy difícil corregir los males que ya abiertamente señoreaban en las aulas universitarias del país.
A tan presagiosa situación ha venido a añadirse la fundación de universidades privadas, que no pueden superar los condicionamientos de la universidad estatal, por más buenas intenciones que existan, ya que aquí es donde tiene vigencia el aforismo de que "de buenas intenciones están empedrados los infiernos". Como para obtener un cargo, ya en el Gobierno, ya en la empresa privada, es magnífica credencial un diploma de graduado universitario, y últimamente el título de "magíster" o "magistra" es como una especie de "sésamo ábrete", las cosas siguen por los caminos de los males acumulados ad infinitum.
En los días que transcurren, como diría algún purista, para evitar verbos acuñados hasta en sentencias panameñas como el de "decurrir", ese diploma "magisteria" es útil para ganar puntos en el concurso de cátedra, la concurrencia diplomada de "magistros" y "magistras" no se ha hecho esperar. Hace más o menos un par de años, acepté intervenir como profesor, en ese nivel, y me disuadieron más de un par de plagios en los trabajos presentados, lo que me llevó al propósito de "no probar suerte por una próxima vez".
Perdóneme el lector, porque había pensado referirme al "trepa que sube" que ha creado en la Honorable Corte Suprema de Justicia, una Demanda del Dr. Miguel Antonio Bernal, en la que impugnó la candidatura del Dr. García de Paredes. En la Corte se produjeron dos decisiones contradictorias (una en favor de la demanda y otra en contra). A causa de esta controversia interna, parece que el asunto queda igual que al principio: es decir, tablas hasta cualquier otra decisión de la misma Corte.