La explosión turstica de Panam
El país puede estar sumido en problemas sindicales, tranques de vías y crónicas rojas; pero para los extranjeros, entre inversionistas y turistas, Panamá sigue volando.
Su economía, inmune a las tribulaciones inmobiliarias de Estados Unidos, Europa y Asia, registraba al mes de julio la tasa de crecimiento más alta del continente, cercana al 9%, aunque estimaciones serias e independientes la proyectan al 12%, considerando las ventas de fin de año y el consiguiente auge de los puertos y el tránsito por el Canal. Para colmos, su ampliación garantiza el impulso al menos por los próximos 15 años. Este es un país mágico.
No es de extrañar, entonces, que se empiece a hablar del milagro panameño, tras superar una larga y costosa lucha civil contra la dictadura militar y una sangrienta invasión acompañada de un saqueo total. Este país se reconstruyó y tomó mayor impulso sin contar con mayor ayuda externa. Y ni siquiera ha tenido el beneficio de políticas de Estado que le den continuidad a los programas de gobierno más allá del ejercicio de cada cinco años, a diferencia de Singapur e Irlanda. A veces pareciera que actuáramos en sentido inverso a lo que más nos conviene, pero aún así las cosas salen de maravilla.
Con el turismo es igual. En menos de una década pasó de 150 mil turistas al año a más de 1 millón 250 mil. Y muchos se han quedado viviendo aquí permanentemente o por temporadas. Allí está Boquete, transformado en un paraíso de residentes extranjeros, en nuestro "Aspen", como algunos le llaman, con sus horarios limitados a media noche para bares y discotecas, cosa que no pasa en ningún otro lugar de la República.
Pero también está la ciudad de Panamá, conocida en el exterior como el "Miami South" (Miami del Sur), erizada de rascacielos, con sus ventas frenéticas de apartamentos de lujo. Aquí, empresarios fletan aviones para traer compradores. Ahora van a construir dos o tres islas residenciales y harán la Cinta Costera en la Avenida Balboa, primer paso de la Ciudad Marina de Matalón y Henríquez. Eso sin contar el emporio playero y hotelero de Colón y el Pacífico, a dos horas de esta capital.
También nos viene el inminente estreno de Panamá como puerto de origen, con la Royal Caribbean y sus ciudades flotantes como pioneras; lo que permitirá embarcarse en el país para realizar giras de crucero, sin tener que volar a Miami o Nueva York, con la ventaja aquí de no necesitar visa. Tan sólo diez de esos grandes barcos nos traería al menos 30 mil turistas que se desparramarían por nuestros restaurantes, centros comerciales y sitios de diversión.