La exportación y los exportadores
Las autoridades del gobierno hablan mucho de promover las exportaciones de Panamá hacia otros países pero hacen muy poco para atender las recomendaciones de los exportadores que tienen en sus manos la fórmula para lograrlo. Actualmente toda la legislación propuesta con el objetivo de convertir al país en una potencia exportadora carece de los mecanismos eficaces que garanticen una participación responsable del sector productivo y con ello se priva al país de la opinión autorizada de quienes saben cómo hacerlo.
Una muestra de lo anterior es la reciente negociación de nuevos productos para ser incluidos en los Tratados de Libre Comercio con Guatemala y Costa Rica. En ninguno de ambos casos se consultó a las empresas nacionales o a los organismos gremiales representativos de los sectores afectados para conocer su opinión al respecto, o se hicieron estudios apropiados sobre el impacto que estos acuerdos tendrían en la economía nacional.
De esta manera no sería extraño que el necesario balance entre importaciones y exportaciones, que debe existir para justificar una política económica sana, se incline en contra de nuestros intereses ya sea por desconocimiento de los negociadores del gobierno panameño o por presión de los extranjeros. En la reciente negociación con Guatemala y Costa Rica, nuestros funcionarios cambiaron volúmenes de importación provenientes de esos países que sumarán cerca de 45 millones de dólares anuales de productos por escuálidas exportaciones panameñas hacia esos mercados con valores inferiores al millón de dólares.
Es tan evidente la indiferencia mostrada por el gobierno hacia los criterios del sector productor que cuando acepta algún tipo de participación en los reglamentos correspondientes a las negociaciones internacionales se aclara que estos deben permanecer en el "cuarto de al lado" de manera que no puedan saber de modo directo qué está ocurriendo en la mesa de acuerdos.
Si queremos dinamizar la actividad exportadora hay que seguir los consejos de los exportadores. Ellos tienen la experiencia y el conocimiento sobre fortalezas y debilidades de nuestro sistema productivo así como de obstáculos y oportunidades. Tratar de improvisar o seguir exclusivamente intereses diplomáticos o políticos puede representar un alto costo para la Nación que busca aprovechar sus ventajas competitivas en el comercio internacional. Un sólo error en el momento de evaluar las propuestas puede provocar el cierre de empresas generadoras de empleo con las dramáticas consecuencias sociales que esto supone. Nuestras autoridades deben entender que la participación del sector privado en las negociaciones más que un deber impuesto por la ley es una necesidad que supone el sentido común.
Una muestra de lo anterior es la reciente negociación de nuevos productos para ser incluidos en los Tratados de Libre Comercio con Guatemala y Costa Rica. En ninguno de ambos casos se consultó a las empresas nacionales o a los organismos gremiales representativos de los sectores afectados para conocer su opinión al respecto, o se hicieron estudios apropiados sobre el impacto que estos acuerdos tendrían en la economía nacional.
De esta manera no sería extraño que el necesario balance entre importaciones y exportaciones, que debe existir para justificar una política económica sana, se incline en contra de nuestros intereses ya sea por desconocimiento de los negociadores del gobierno panameño o por presión de los extranjeros. En la reciente negociación con Guatemala y Costa Rica, nuestros funcionarios cambiaron volúmenes de importación provenientes de esos países que sumarán cerca de 45 millones de dólares anuales de productos por escuálidas exportaciones panameñas hacia esos mercados con valores inferiores al millón de dólares.
Es tan evidente la indiferencia mostrada por el gobierno hacia los criterios del sector productor que cuando acepta algún tipo de participación en los reglamentos correspondientes a las negociaciones internacionales se aclara que estos deben permanecer en el "cuarto de al lado" de manera que no puedan saber de modo directo qué está ocurriendo en la mesa de acuerdos.
Si queremos dinamizar la actividad exportadora hay que seguir los consejos de los exportadores. Ellos tienen la experiencia y el conocimiento sobre fortalezas y debilidades de nuestro sistema productivo así como de obstáculos y oportunidades. Tratar de improvisar o seguir exclusivamente intereses diplomáticos o políticos puede representar un alto costo para la Nación que busca aprovechar sus ventajas competitivas en el comercio internacional. Un sólo error en el momento de evaluar las propuestas puede provocar el cierre de empresas generadoras de empleo con las dramáticas consecuencias sociales que esto supone. Nuestras autoridades deben entender que la participación del sector privado en las negociaciones más que un deber impuesto por la ley es una necesidad que supone el sentido común.