default

La extradición de Marc Harris


Marc Harris es un joven contador que se dedicaba a administrar inversiones y patrimonios de clientes de todo el mundo con miras a obtener un buen rendimiento al menor costo impositivo y de manejo. Es naturalizado panameño, siendo norteamericano de nacimiento. Harris operó su negocio por varios años en Panamá, con mucho éxito, llegando a manejar una cartera de varios miles de millones de dólares para centenares de clientes que le confiaron sus dineros y a quienes, por lo que sabemos, no defraudó.
Parte esencial del trabajo de Harris era evitar impuestos a sus clientes, todos de altos ingresos, para lo cual movía capitales a través de diversas jurisdicciones de cero o bajos impuestos, a la vez que procuraba para los mismos los mayores dividendos. Muchas otras grandes compañías y bancos del mundo se dedican a la misma línea de negocios de Harris, pero éste tenía atributos suficientes para sobrevivir en ese ambiente entre mastodontes, haciéndolo en muchos aspectos mejor y más eficiente.
Hace pocos días, fue detenido en una calle de Managua, donde residía, para ser inmediatamente extraditado a Estados Unidos, en aparente violación de su derecho de defensa y garantías constitucionales fundamentales. Obviamente, la intempestiva medida requirió de la coordinación entre las autoridades de ambos países.
¿Cuál es el cargo? Lavado de dinero. Así dicho, suena espantoso y quizás lo sea, dependiendo de la jurisdicción del país de que se trate y de la definición del concepto. Lavado de dinero es ocultar y camuflar dinero ilícito y darle apariencia legítima. Esos dineros provienen normalmente de la comisión de delitos, muchos de los cuales son perseguibles universalmente tales como el narcotráfico, contrabando, trata de blancas, tráfico ilegal de armas, terrorismo, etc. Pero al lado de esos delitos de lavado de aceptación unánime hay otros como los “delitos fiscales” que no son de uniforme reconocimiento. De ese modo, lo que es evasión delictiva en un país, puede no serlo en otros. Este último es el caso de Harris.
Marc Harris no era perseguido por narcolavado sino por supuesta defraudación de impuestos. Panamá, por ejemplo, tiene un impuesto territorial que grava sólo la renta que se genera en su suelo. Sin embargo, no cobra gravámenes por ganancias generadas fuera de su territorio. Estados Unidos, en cambio, grava a sus nacionales con impuestos donde quiera ganen su dinero. Para nosotros eso no es delito, para Norteamérica sí. Y allí estamos enfrascados en una discusión eterna con el GAFI, la OCDE y otros organismos de los países desarrollados que quieren obligarnos a adoptar su sistema de impuestos. Y no nos da la gana. Somos un país soberano.
Harris, pues, navegaba por nuestras jurisdicciones llevando a cuestas miles de millones de dólares de su clientela. Su barco hoy zozobra víctima no de la lucha contra el narcotráfico sino del choque de esas dos concepciones del mundo. Una que quiere uniformar a las demás bajo un sistema único de altos impuestos y otra que desea conservar su derecho a ser distinta, a la heterogeneidad con bajos impuestos, para que los ciudadanos e inversionistas del mundo escojan la que más le conviene.En ese escenario de colisión de dos visiones contrapuestas de sistemas impositivos, los Marc Harris del mundo no están solos. Hay congresistas respetables y organizaciones extremo liberales como Heritage Foundation que coinciden en su posición general. Sólo un detalle escapó de las manos de Harris: no se percató que entre sus filas, era una cucaracha en baile de elefantes; y éstos, más que sus adversarios del equipo opuesto de altos impuestos terminarían aplastándolo.
¿Se hundieron con él sus clientes? Seguramente no. Harris era genial y probablemente tejió cuidadosamente una telaraña impenetrable. Tras su arresto y extradición se oculta el deseo de enviar un mensaje a quienes como él trabajan y hacen negocios en las jurisdicciones de bajos impuestos como la nuestra. Hay sin embargo demasiado dinero en juego para que nadie cante aún victoria. La guerra apenas empieza.

La ANAM sostiene que los indígenas no han aprovechado el sentido de lo que se buscaba con los permisos comunitarios porque solo han pensado” en el dinero”.
El Ing. Raúl Gutiérrez, lamentó que los aborígenes no hayan aprovechado el objetivo de esas autorizaciones, que era que ellos se inmiscuyerán en el aprovechamiento forestal de sus bosques.
"Pero estos indígenas qué es lo quieren.. quieren recibir dinero de manera cómoda y contratan una empresa para que extraigan la madera", lamentó Gutiérrez.
Otro problema es que los indígenas no son buenos en gestión comunitaria y no saben administrar el dinero, dijo.
Señaló que la ANAM ha planteado a los indígenas que vendan la madera con valor agregado, en bloques, tablas, aserradas para que ganen más, pero que sean ellos los que la trabajen.
"Ellos no quieren trabajar lamentablemente, quieren trabajar arriba del tractor", sostuvo Gutiérrez.

Por otro lado, el Ing. Forestal Dimas Arcia manifestó que es posible acercar los permisos comunitarios a la realidad, siempre y cuando la autoridad defina una política concreta y clara sobre un programa de bosques comunitarios en la región.
Denunció que los permisos comunitarios como están concebidos, tienen sus contradicciones porque aunque las comunidades se pueden adaptar a los bosques, no están preparadas forestalmente para manejarlos.
Manifestó que está situación complica la supervisión y control de la ANAM, permitiendo irregularidades durante el proceso porque no se logra ni la sostenibilidad del bosque ni el desarrollo de las comunidades.

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América