La falacia de “Wall Street”
Un supuesto productor de cine llamado Webster Stone le informa a un panameño, en 1997, su intención de haber tratado de hacer una película sobre cómo un grupo de emprendedores de “Wall Street” crearon Panamá. El proyecto fílmico, cuyo libreto era trabajado para Robert Redford como protagonista principal, fracasó. Es así como nace la idea de la obra “How Wall Street Created a Nation”. Pero veamos los hechos reales. William H. Taft, quien había sido Secretario de Guerra durante la presidencia de Teodoro Roosevelt, se presenta como candidato continuista al solio presidencial de los Estados Unidos, luego de finalizado el segundo mandato de Roosevelt.
Con la intención de frustrar las aspiraciones republicanas de continuar en el poder, los demócratas desentierran el tema de la independencia de Panamá, con toda la virulencia, desenfreno y apasionamiento que caracteriza a los torneos electorales. Se acusa a William Nelson Cromwell y a Philippe Bunau Varilla de haberse apoderado de los 40 millones de dólares pagados supuestamente a los franceses por el traspaso de las concesiones del canal francés y por ende, del ferrocarril, a los norteamericanos. Aparentemente esto lo logran a través de la formación de un sindicato de especuladores, con la intención de comprar todas las acciones de la Compañía Nueva del Canal de Panamá.
Recordemos que la Compañía Nueva del Canal de Panamá era la sucesora de la Compañía Universal del Canal Interoceánico la cual, a su vez, era tenedora de 68,887 acciones de las 70,000 que constituían el capital social de la Compañía del Ferrocarril de Panamá.
Y es que para esta última y por ende, para la Compañía Nueva del Canal de Panamá, de la construcción del canal por este país dependía la venta y traspaso a los Estados Unidos de todos los derechos, privilegios, propiedades y concesiones que la Compañía Nueva del Canal de Panamá, como sucesora de la Compañía Universal del Canal Interoceánico, había adquirido.
En realidad, el verdadero objetivo de la organización de la Compañía Nueva del Canal de Panamá, constituida en 1894, era traspasar a los Estados Unidos la concesión del canal, que incluía, obviamente, la del ferrocarril. A pesar de todos los obstáculos en el Congreso norteamericano en virtud del favoritismo que existía por la ruta de Nicaragua, prevaleció la ruta de Panamá por el cabildeo y presión insistente de William Nelson Cromwell y de Philippe Bunau Varilla. Se expidió entonces la Ley Spooner el 28 de junio de 1902, la cual autoriza al Presidente de los Estados Unidos adquirir, por la suma de 40 millones de dólares, los derechos, privilegios, concesiones, franquicias, obras inconclusas y propiedades que la Compañía Nueva del Canal de Panamá poseía en el Istmo panameño.
Pero volviendo ahora a la acusación contra Cromwell y Bunau Varilla, nos encontramos que Douglas Robinson, cuñado de Roosevelt y Henry W. Taft, hermano del candidato Taft, son también acusados de formar parte de este sindicato de especuladores. A pesar de lo impactante de la denuncia, William H. Taft gana las elecciones convirtiéndose en el nuevo Presidente de los Estados Unidos. Paralelamente, Joseph Pulitzer, director de “The World” de Nueva York, dos de sus editores y dos periodistas del “Indianápolis News”, son demandados por calumnia por Teodoro Roosevelt, al hacer aquéllos publicaciones sobre el supuesto escándalo de la secesión de Panamá.
Pulitzer recrudece sus denuncias contra Roosevelt a través de una investigación exhaustiva y decidida a comprometerlo en el escándalo, y de una campaña de desprestigio titulada “¿Quién se cogió los 40 millones?”
Este tema mantuvo vigencia por meses y hasta años, al tiempo que recrudecía el debate acerca de la libertad de expresión, principio fundamental para la sociedad norteamericana.
Finalmente, un juez federal falla diciendo que “si la historia de la libertad algo significa, este negocio debe terminarse, con la declaración de inocencia de los acusados”.
En conclusión, nada tienen que ver los acontecimientos provocados por el sindicato de especuladores de “Wall Street”, las denuncias de Joseph Pulitzer y de otros periodistas contra Roosevelt, o el deseo sofocante de los demócratas en impedir que William H. Taft llegara al solio presidencial, con la significación histórica y legitimidad de nuestro movimiento separatista de 1903.
Si para lograr sus propósitos tenían que enlodar la secesión de Panamá, fue por intereses políticos particulares, bien definidos, ajenos a los sucesos en Panamá, y a nuestro auténtico interés de ser un país libre, independiente y soberano.
Con la intención de frustrar las aspiraciones republicanas de continuar en el poder, los demócratas desentierran el tema de la independencia de Panamá, con toda la virulencia, desenfreno y apasionamiento que caracteriza a los torneos electorales. Se acusa a William Nelson Cromwell y a Philippe Bunau Varilla de haberse apoderado de los 40 millones de dólares pagados supuestamente a los franceses por el traspaso de las concesiones del canal francés y por ende, del ferrocarril, a los norteamericanos. Aparentemente esto lo logran a través de la formación de un sindicato de especuladores, con la intención de comprar todas las acciones de la Compañía Nueva del Canal de Panamá.
Recordemos que la Compañía Nueva del Canal de Panamá era la sucesora de la Compañía Universal del Canal Interoceánico la cual, a su vez, era tenedora de 68,887 acciones de las 70,000 que constituían el capital social de la Compañía del Ferrocarril de Panamá.
Y es que para esta última y por ende, para la Compañía Nueva del Canal de Panamá, de la construcción del canal por este país dependía la venta y traspaso a los Estados Unidos de todos los derechos, privilegios, propiedades y concesiones que la Compañía Nueva del Canal de Panamá, como sucesora de la Compañía Universal del Canal Interoceánico, había adquirido.
En realidad, el verdadero objetivo de la organización de la Compañía Nueva del Canal de Panamá, constituida en 1894, era traspasar a los Estados Unidos la concesión del canal, que incluía, obviamente, la del ferrocarril. A pesar de todos los obstáculos en el Congreso norteamericano en virtud del favoritismo que existía por la ruta de Nicaragua, prevaleció la ruta de Panamá por el cabildeo y presión insistente de William Nelson Cromwell y de Philippe Bunau Varilla. Se expidió entonces la Ley Spooner el 28 de junio de 1902, la cual autoriza al Presidente de los Estados Unidos adquirir, por la suma de 40 millones de dólares, los derechos, privilegios, concesiones, franquicias, obras inconclusas y propiedades que la Compañía Nueva del Canal de Panamá poseía en el Istmo panameño.
Pero volviendo ahora a la acusación contra Cromwell y Bunau Varilla, nos encontramos que Douglas Robinson, cuñado de Roosevelt y Henry W. Taft, hermano del candidato Taft, son también acusados de formar parte de este sindicato de especuladores. A pesar de lo impactante de la denuncia, William H. Taft gana las elecciones convirtiéndose en el nuevo Presidente de los Estados Unidos. Paralelamente, Joseph Pulitzer, director de “The World” de Nueva York, dos de sus editores y dos periodistas del “Indianápolis News”, son demandados por calumnia por Teodoro Roosevelt, al hacer aquéllos publicaciones sobre el supuesto escándalo de la secesión de Panamá.
Pulitzer recrudece sus denuncias contra Roosevelt a través de una investigación exhaustiva y decidida a comprometerlo en el escándalo, y de una campaña de desprestigio titulada “¿Quién se cogió los 40 millones?”
Este tema mantuvo vigencia por meses y hasta años, al tiempo que recrudecía el debate acerca de la libertad de expresión, principio fundamental para la sociedad norteamericana.
Finalmente, un juez federal falla diciendo que “si la historia de la libertad algo significa, este negocio debe terminarse, con la declaración de inocencia de los acusados”.
En conclusión, nada tienen que ver los acontecimientos provocados por el sindicato de especuladores de “Wall Street”, las denuncias de Joseph Pulitzer y de otros periodistas contra Roosevelt, o el deseo sofocante de los demócratas en impedir que William H. Taft llegara al solio presidencial, con la significación histórica y legitimidad de nuestro movimiento separatista de 1903.
Si para lograr sus propósitos tenían que enlodar la secesión de Panamá, fue por intereses políticos particulares, bien definidos, ajenos a los sucesos en Panamá, y a nuestro auténtico interés de ser un país libre, independiente y soberano.