La falacia impositiva
CURIOSO que un gobernante llegue al Palacio con promesas de reducción de gobierno y piense que la manera de lograrlo es aumentando los impuestos, haciéndolos más complejos y extensos. Reconoce que el gobierno es demasiado grande; sin embargo, decide alimentar al monstruo con la excusa de que es para resolver la pobreza y la inequidad impositiva. Su convicción es tan grande que invirtió una considerable porción de su capital político en esta cruzada. ¡Qué raro que pocos lo vean de esa manera!
También han salido a decir que no intentan crear una división clasista, pero los hechos no van acordes con lo que dicen.
Dicen que no es un aumento de impuestos, sino una "reforma fiscal", que pretende más justicia; que no se está aumentando la carga sino transfiriéndola de los más necesitados a los más ricos. Desafortunadamente, los verdaderamente ricos -sin criticar el serlo- pasarán por encima de las aguas turbulentas en sus helicópteros mientras que los que reciben el embate impuesto será la clase media trabajadora, y el golpe final del tsunami será contra los mismos pobres que se pretenden auxiliar.
Una de las grandes dificultades de hacer cambios fiscales importantes es que se afecten los intereses de quienes pusieron el dinero de las elecciones, que nos son precisamente seguidores de la Madre Teresa. Cuando ya la gallinita de los huevos de oro mengua en sus posturas salen los políticos a reformar. El mandatario alega: "estoy firme en mi posición de lograr cambios", lo cual significa: "voy a aumentar los impuestos". Prometen no deteriorar los ahorros, base de la inversión, y simplificarlo todo sin afectar la clase media, tranquilizando a los ricos y evitando perjudicar a los pobres. Pretenden eliminar las malvadas deducciones y castigar los abusos, nada de lo cual ocurre.
Los impuestos hacen honor a su nombre. Mientras nos sacan el dinero del bolsillo a punta de pistola nos dicen que las reformas no deben asustarnos. Ciertamente tranquilizarán a los repartidores del dinero secuestrado y a sus clientes.
Es cierto que el sistema fiscal reinante es un desastre in-equitativo, que carga el peso sobre poquísimos y exonera a la mayoría, por lo cual alegan reemplazarlo con un impuesto "neutro" que no distorsione el mercado. Esta es una mentira, ya que los impuestos siempre castigan la productividad de formas visibles e invisibles. El dinero de los ciudadanos es más efectivo en el bolsillo de sus dueños, mientras que en manos del gobierno caen en un hoyo negro -entra y no sale. Un gran economista dijo que: "si nos van a robar, al menos que no traten de insultar nuestra inteligencia diciendo que es por nuestro bien".
Es sorprendente que exista desarrollo económico pese a todo el esfuerzo de las clases políticas para detenerlo y es un testamento a la capacidad empresarial de ciudadanos que logran sobrevivir en un mar de corrupción y "burrocracia".
Los grandes avances en medicina, transporte, informática y tantos otros, no nos vienen vía los impuestos y sus repartidores, sino a través de sus creadores. No nos vienen por medio de los parásitos, sino de quienes crean riqueza con su inteligencia y su esfuerzo, lo cual se traduce en menos pobreza y en desarrollo humano.
Según Hobbes, sin impuestos habría caos. Esta es una de esas medias verdades que distorsionan la verdad. No abogamos por la eliminación de los impuestos, sino de su abuso.
Los impuestos excesivos han sido la causa del colapso de muchas civilizaciones. El papel de Robin Hood es mítico. Es la excusa de toda reforma fiscal o impositiva. La verdad es que Robin Hood y sus secuaces, creyéndose "los pobres" se quedaban con todo el botín.
Aceptar los impuestos excesivos es renunciar a los derechos y obligaciones personales y encargárselas a la burocracia estatal, la cual en vez de repartirla entre los más necesitados se la reparte. Al fin y al cabo, la solución no la puede tener el gobierno; el gobierno es el problema.
La otra falacia es que evitar impuestos por medio de estructuras legales que lo permiten se califique de inmoral. Evadir la expoliación indebida es perfectamente moral. Menos mal que existen medios legales para aliviar las cargas ante necesidades reales. Otra cosa son las numerosas exenciones que no son más que fueros otorgados a los favoritos de los políticos. Lo que procede en estos casos es eliminarlos y no gravar más a los que sí pagan acabando con la seguridad jurídica.
Entonces, ¿debemos estar en contra de toda reforma? No. La única reforma que debemos avalar es la que baja y simplifica los impuestos a medida que reduce los gastos del gobierno. Imagínense el ahorro y la reducción de la pobreza que podría lograrse así.
P.A. ¿Cuál es su grado de escolaridad?.
A.N. Estudié hasta primer año y posteriormente me gradué de modistería y ejercí la profesión. También fuí empleada doméstica por 32 años en una casa de familia.
Pero a pesar de no tener estudios secundarios, esta señora luchadora cultivó el hábito de la lectura a tal punto que al conversar con ella parecía que estuvieramos con una profesional.
La señora Amalia indicó que la costumbre de la lectura se la debe a su abuela, que era analfabeta y como quería lo mejor para su nieta, la ponía a leer de todo.
Para esta dama, que nació en el populoso barrio de El Marañón, pero se crió en Río Hato, la lectura ha sido tan importante en su vida que inclusive, escribe poemas y hasta nos recitó uno de sus preferidos: El Canal de Panamá.
La entrevista no podía culminar sin un mensaje de este ejemplo de lucha.
"El mensaje que le daría a las mujeres es que salgan a trabajar, pero en un oficio que sea honrado. Recuerden que no hay nada imposible para Dios. Si creemos en él, todas las cosas salen bien".
También han salido a decir que no intentan crear una división clasista, pero los hechos no van acordes con lo que dicen.
Dicen que no es un aumento de impuestos, sino una "reforma fiscal", que pretende más justicia; que no se está aumentando la carga sino transfiriéndola de los más necesitados a los más ricos. Desafortunadamente, los verdaderamente ricos -sin criticar el serlo- pasarán por encima de las aguas turbulentas en sus helicópteros mientras que los que reciben el embate impuesto será la clase media trabajadora, y el golpe final del tsunami será contra los mismos pobres que se pretenden auxiliar.
Una de las grandes dificultades de hacer cambios fiscales importantes es que se afecten los intereses de quienes pusieron el dinero de las elecciones, que nos son precisamente seguidores de la Madre Teresa. Cuando ya la gallinita de los huevos de oro mengua en sus posturas salen los políticos a reformar. El mandatario alega: "estoy firme en mi posición de lograr cambios", lo cual significa: "voy a aumentar los impuestos". Prometen no deteriorar los ahorros, base de la inversión, y simplificarlo todo sin afectar la clase media, tranquilizando a los ricos y evitando perjudicar a los pobres. Pretenden eliminar las malvadas deducciones y castigar los abusos, nada de lo cual ocurre.
Los impuestos hacen honor a su nombre. Mientras nos sacan el dinero del bolsillo a punta de pistola nos dicen que las reformas no deben asustarnos. Ciertamente tranquilizarán a los repartidores del dinero secuestrado y a sus clientes.
Es cierto que el sistema fiscal reinante es un desastre in-equitativo, que carga el peso sobre poquísimos y exonera a la mayoría, por lo cual alegan reemplazarlo con un impuesto "neutro" que no distorsione el mercado. Esta es una mentira, ya que los impuestos siempre castigan la productividad de formas visibles e invisibles. El dinero de los ciudadanos es más efectivo en el bolsillo de sus dueños, mientras que en manos del gobierno caen en un hoyo negro -entra y no sale. Un gran economista dijo que: "si nos van a robar, al menos que no traten de insultar nuestra inteligencia diciendo que es por nuestro bien".
Es sorprendente que exista desarrollo económico pese a todo el esfuerzo de las clases políticas para detenerlo y es un testamento a la capacidad empresarial de ciudadanos que logran sobrevivir en un mar de corrupción y "burrocracia".
Los grandes avances en medicina, transporte, informática y tantos otros, no nos vienen vía los impuestos y sus repartidores, sino a través de sus creadores. No nos vienen por medio de los parásitos, sino de quienes crean riqueza con su inteligencia y su esfuerzo, lo cual se traduce en menos pobreza y en desarrollo humano.
Según Hobbes, sin impuestos habría caos. Esta es una de esas medias verdades que distorsionan la verdad. No abogamos por la eliminación de los impuestos, sino de su abuso.
Los impuestos excesivos han sido la causa del colapso de muchas civilizaciones. El papel de Robin Hood es mítico. Es la excusa de toda reforma fiscal o impositiva. La verdad es que Robin Hood y sus secuaces, creyéndose "los pobres" se quedaban con todo el botín.
Aceptar los impuestos excesivos es renunciar a los derechos y obligaciones personales y encargárselas a la burocracia estatal, la cual en vez de repartirla entre los más necesitados se la reparte. Al fin y al cabo, la solución no la puede tener el gobierno; el gobierno es el problema.
La otra falacia es que evitar impuestos por medio de estructuras legales que lo permiten se califique de inmoral. Evadir la expoliación indebida es perfectamente moral. Menos mal que existen medios legales para aliviar las cargas ante necesidades reales. Otra cosa son las numerosas exenciones que no son más que fueros otorgados a los favoritos de los políticos. Lo que procede en estos casos es eliminarlos y no gravar más a los que sí pagan acabando con la seguridad jurídica.
Entonces, ¿debemos estar en contra de toda reforma? No. La única reforma que debemos avalar es la que baja y simplifica los impuestos a medida que reduce los gastos del gobierno. Imagínense el ahorro y la reducción de la pobreza que podría lograrse así.
P.A. ¿Cuál es su grado de escolaridad?.
A.N. Estudié hasta primer año y posteriormente me gradué de modistería y ejercí la profesión. También fuí empleada doméstica por 32 años en una casa de familia.
Pero a pesar de no tener estudios secundarios, esta señora luchadora cultivó el hábito de la lectura a tal punto que al conversar con ella parecía que estuvieramos con una profesional.
La señora Amalia indicó que la costumbre de la lectura se la debe a su abuela, que era analfabeta y como quería lo mejor para su nieta, la ponía a leer de todo.
Para esta dama, que nació en el populoso barrio de El Marañón, pero se crió en Río Hato, la lectura ha sido tan importante en su vida que inclusive, escribe poemas y hasta nos recitó uno de sus preferidos: El Canal de Panamá.
La entrevista no podía culminar sin un mensaje de este ejemplo de lucha.
"El mensaje que le daría a las mujeres es que salgan a trabajar, pero en un oficio que sea honrado. Recuerden que no hay nada imposible para Dios. Si creemos en él, todas las cosas salen bien".