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La falta de censura es perjudicial


HACE TANTOS años, que ya lo hemos olvidado o no nos percatamos que aquello pasó, existía una comisión de censura que decidía cuáles espectáculos ver o no ver, exhibirse o no exhibirse. Nos quejábamos cuando esa agrupación fallaba porque no era perfecta y su opinión no coincidía con la de algunas personas. Un buen día eliminaron esa ley y, por presión de los medios de comunicación, dejó de existir la barrera que, en algo, nos daba una seguridad.
Cada día, y esto es internacional, proliferan las películas de violencia, de terror donde han perfeccionado las imágenes de grandes explosiones, crímenes horribles y falta de moral. Aunque la mayoría de las veces la policía gana y los culpables terminan en la reja, en Panamá las leyes son diferentes, los conocimientos para encontrar a los criminales no están tan adelantadas y cuando los cogen presos, los jueces corruptos los sueltan por falta de pruebas.
En los últimos tiempos, la delincuencia de menores se ha multiplicado y casi siempre hay un menor involucrado en asaltos, robos o crímenes. Por más que hagan, por más horrores que cometan esos menores, en seis meses están sueltos, volviendo a delinquir.
También recuerdo cuando quisieron equiparar o subir las penas a menores aduciendo que eran conscientes de sus actos y que no era necesario llegar a los 18 años para ser culpable de delitos. Enseguida salieron los Derechos Humanos a defender a los pobrecitos; salieron agrupaciones y también la Iglesia a decir que no eran justas esas nuevas leyes contra los menores. Resultado, aumentan los delitos cometidos por ellos. Los psicólogos y sociólogos también dieron sus razones, ninguna de las que me convencieron para nada. Pues, si no quieren encerrar a los menores, que lo hagan con sus padres, muy responsables de esos hechos.
Cada vez que un menor muere a manos de policías, sus padres los defienden y todos eran los mejores alumnos, los mejores hijos y hermanos. Pero si esos menores matan a un policía o a un ciudadano decente, los padres los apadrinan haciendo ver que el policía le pidió que lo matara.
Iba al hecho del aumento de la delincuencia. Las leyes son injustas. Mientras encierran a uno por robarse una gallina, dejan libre a quienes cometen delitos más graves. Si un ladrón se introduce en mi casa y lo hiero, qué lío me busco; y la gente sale a decir que el pobrecito tenía hambre y por eso robó. ¿Y si me hubiera matado a mí?
Otro problema serio son las propagandas en donde participan mujeres cuya desnudez da miedo y dolor. ¿Es que las publicitarias no tienen creatividad para presentarnos anuncios decentes y donde se respete y considere a la mujer? Yo no veo a hombres desnudos ni inmorales en los anuncios. ¿Será que las mujeres se prestan sin importarles o las obligan los jefes so pena de no emplearlas más y juegan con la dignidad de las mismas? Eso es violencia que muchos gozan en sus ineriroridades.
Acabo de leer un libro que no me agradó mucho por su tema central. La que no era prostituta, era lesbiana y la que no era ambas. Los hombres lo permitían a sabiendas que se acostaban con mujeres. ¿Es esa la lectura moderna? Realmente, es posible que tenga mentalidad de los años 30 ó 40 del siglo XX, pero no comulgo con tanta pornografía y la predominancia del sexo sobre todas las cosas cuando existen temas tan agradables a la lectura, a la vista o al oído. Las mentes se han distorsionado y los resultados de sus creaciones son contrarios a mi manera de ver las artes.
Existe cierta patología en las mentes y, lo peor, ellos creen ser los seres normales y nosotros los extraños. Cuando pienso en lo que les espera a mis nietas, tiemblo. En lo actual, el sexo y la violencia es lo primordial y no es cierto; ambos en exceso son perjudiciales.
Ojalá diéramos un giro a algo más equilibrado y no sigamos exhibiendo vicios para satisfacción de esas mentes enfermas.

101 años de Panamá América

 
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